
Una prima donna más allá del género
¡Qué peligrosas son las divas de la ópera! Un ejemplo de esa exclamación se tuvo el fin de semana pasado, cuando en el teatro Colón se ofreció Prima donna, del conocido compositor y cantautor Rufus Wainwright. El espectáculo fue un concierto sinfónico visual integrado por dos partes. En la primera, una "orquesta invitada", bajo la dirección de Bernardo Teruggi, interpretó fragmentos de Prima donna, la ópera compuesta por Wainwright. En la segunda, el compositor, de gira por América Latina, cantó una docena de sus canciones y, en algunos casos, se acompañó al piano.
Wainwright, según explicó, siempre se sintió atraído por el mundo de la ópera y, naturalmente, por la figura de Maria Callas. Prima donna tiene como protagonista a una diva, Régine Saint Laurent, que enfrenta el final de su carrera. Después de cinco años de retiro, Régine planea un comeback como Leonor de Aquitania, el último rol que cantó. En la versión abreviada que se dio en el Colón, detrás de la orquesta, sobre una pantalla, se proyectó un cortometraje, dirigido por Francesco Vezzoli, en el que la famosa fotógrafa Cindy Sherman interpreta a Régine Saint Laurent y se ven numerosos retratos de Callas. Es casi redundante decir que, antes de las selfies, Sherman no hizo sino fotografiarse a sí misma durante cuatro décadas, con conceptos, vestuario y maquillaje de distintas épocas; ésta es la primera vez que encarna a un personaje de un mundo creativo ajeno y que no se fotografía a sí misma.
Prima donna recibió críticas mediocres en todos los lugares donde se representó, ya sea en versión escénica de dos horas y media o en la de concierto sinfónico visual. En Buenos Aires, acaba de ocurrir lo mismo. Pero el público fue compensado en la segunda parte de la función.
El mero hecho de que la diva de Prima donna se llamase Régine Saint Laurent inspiraba temor. Régine es el nombre de la cantante francesa Régine Zylberberg, que se hizo famosa como empresaria de una red de night clubs (en Buenos Aires, hubo uno). Saint Laurent evoca inevitablemente a Yves Saint-Laurent. Sumar ese apellido al nombre Régine es un exceso sin gracia. Como señaló con justicia el crítico de La Nación, Alejandro Lingenti, lo que salvó la noche fue la segunda parte del espectáculo, dedicada a las canciones populares de Wainwright cantadas por él mismo. Si Rufus se hubiera limitado a eso, todo habría sido muy distinto. Muchas de sus letras, sobre todo las de la juventud, son muy hermosas. Se podría haber aprovechado el sistema de subtitulado del teatro también para esas canciones (no es fácil seguir el inglés cantado, aun en el caso de quienes saben bien inglés), por ejemplo, para "Cigarettes and Chocolate Milk", estupendo autorretrato de Wainwright, su humor y su estilo musical. La reacción del público del Colón se correspondió a la perfección con la opinión de los críticos. Prima donna recibió aplausos corteses. En cambio, las canciones despertaron numerosos bravos y aplausos de esos que dejan las manos dolientes.
Por supuesto, Wainwright es una prima donna, más allá de las cuestiones de género. Basta ver cómo agita la cabeza, melena incluida, y se bambolea para saber que se está ante un niño mimado, que ya no es niño, pero es más mimado que antes. Rufus se refirió a su tenacidad operística en una frase muy breve, como quien se refiere a una manía incurable y vana. Después anunció que se editarán las canciones que compuso sobre sonetos de Shakespeare para conmemorar los cuatrocientos años de la muerte del escritor. También hizo otro anuncio inquietante: está componiendo una nueva ópera? Esta vez sobre el emperador Adriano, lo que es una amenaza considerable: ¡tenores en minifaldas romanas! (¿Qué tenor, salvo Jonas Kaumann, soporta la minifalda imperial?). Antinoo, el favorito de Adriano, no podía faltar en la vida de Wainwright que, en su juventud, tenía el físico para el papel de efebo. Ahora ya es tarde.
Rufus parece haber dejado atrás el pasado de drogas y la promiscuidad. Está casado con el productor teatral alemán Jörn Weisbrodt. Quizá habría sido más interesante que compusiera una ópera pop sobre la base de su canción "Matinée Idol", inspirada por la muerte de River Phoenix: un tema en que el mundo de Wainwright parece cruzarse con el de Manuel Puig.






