
Valores éticos en el manejo económico
Por Bernardo Kliksberg Para LA NACION
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WASHINGTON
ENRON, WorldCom, Global Crossings, Arthur Andersen, la lista sigue. Multitud de pequeños inversores engañados, trabajadores que perdieron sus ahorros, una erosión muy fuerte en la confianza (según encuesta de NBC y The Wall Street Journal, seis de cada diez norteamericanos ya no creen que las corporaciones y los corredores de bolsa les den información honesta sobre sus inversiones). ¿Qué sucedió? ¿Por qué ejecutivos máximos con altísimos ingresos, graduados en las escuelas de administración más afamadas de los Estados Unidos, estafaron a todos? Un prominente pensador norteamericano, Amitai Etzioni, lanza un llamado de alarma en un impactante artículo: “Cuando se habla de ética, las escuelas de gerencia tienen reprobado” (The Washington Post, 4/8/02).
Durante años profesor en algunas de las mejores escuelas de administración estadounidenses, Etzioni resalta los vacíos éticos de sus planes de estudio. Menciona una reciente investigación del Aspen Institute sobre 2000 graduados de las mejores trece escuelas de gerencia de Estados Unidos. Según ella, las escuelas no solamente fallan en mejorar el carácter moral de sus estudiantes sino que lo debilitan. Las actitudes de responsabilidad ética hacia la comunidad eran menores al egresar que cuando ingresaron. En otro estudio se preguntó a los estudiantes qué harían si pudieran realizar una acción ilegal que les diera a ellos o a su empresa una ganancia de más de 100.000 dólares, y hubiera un uno por ciento de probabilidades de que los descubrieran y enviaran a prisión por un año. Más del 33 por ciento dijo que lo haría.
Etzioni recomienda que las escuelas de negocios fortalezcan la educación en valores éticos. Los cursos de ética, dice, no deberían ser vistos como una vía para evitar problemas con organizaciones externas (como las que protegen a los consumidores o a los pobres) sino como una obligación moral. Sugiere que el Congreso debería citar a los decanos de esas escuelas y pedirles que explicasen al público cómo están enseñando ética y qué piensan hacer. Señala que, si bien estos cambios no garantizan evitar los escándalos, “los harán, al menos, menos probables”.
La ética esta en el centro del escenario. “Es imprescindible, como lo demuestran estos casos, tener en cuenta los valores éticos en la economía”, afirma el Premio Nobel de Economía Amartya Sen. Quienes piensan que hablar de ética es un tema marginal deberían examinar el impacto fenomenal que el nivel ético de una sociedad tiene sobre las políticas públicas, la gerencia de las empresas y muchísimos otros aspectos.
Comienza a tomar cada vez más fuerza un movimiento internacional por más ética. Prominentes personalidades mundiales han creado el Diálogo de la Tierra “para poner la ética y los valores en el corazón de la lucha por la armonización de la globalización con un desarrollo sostenible”. Proponen un marco ético para “las decisiones de las personas, las empresas, y los Estados”. El papa Juan Pablo II ha llamado repetidamente a forjar un código ético para la globalización, fundamental para un planeta que hoy tiene las capacidaes para alimentar al doble de su población actual, pero donde 36 millones de personas murieron por hambre o sus consecuencias inmediatas en el año 2000.
¿Exigir ética es ingenuidad o buenos pero ilusos deseos? No parece ser así si se observan algunos desarrollos recientes como los siguientes:
- La población pobre del mundo sufre enfermedades sobre las que se puede hacer mucho más pero no se hace porque no son “mercado” para los grandes laboratorios. El llamado ético de la Organización Mundial de la Salud, las Naciones Unidas y economistas como Jeffrey Sachs tuvo efectos y se acaba de crear un Fondo Mundial Público de Salud para actuar contra la tuberculosis, la malaria y el sida, que está ya financiando proyectos de excelencia.
- El sida se estaba propagando en el Brasil. Hay medicamentos que permiten prolongar la vida de los enfermos pero son muy caros. Brasil decidió importar genéricos o producirlos. Los laboratorios internacionales amenazaron con fuertes sanciones. Hubo una gran protesta ética y como consecuencia la Organización Mundial del Comercio aprobó que países como Brasil, Sudáfrica y otros afectados puedan dejar de lado las normas en situaciones de emergencia. Brasil entrega hoy gratis los medicamentes a los afectados. Logró hacer retroceder a la mitad el número de enfermos en poco tiempo. Sus logros han sido analizados como ejemplo en la reciente cumbre mundial sobre este mal.
- Frente a protestas éticas de numerosos sectores de la opinión pública, la Unión Europea resolvió reducir las barreras proteccionistas y abrir sus mercados a diversos productos de países muy pobres.
Reflexión necesaria
En la América Latina actual, con tanta miseria y falta de equidad, es vital recuperar una reflexión ética como marco de la economía. Será una guía sabia para las políticas públicas, para elegir prioridades en situaciones de recursos escasos y presionar a los principales actores sociales para que asuman sus responsabilidades comunitarias. Uno de los efectos más importantes será evitar que caigamos en la insensibilidad. En sociedades como las latinoamericanas –y en especial la argentina, hoy con más de la mitad de la población pobre–, corremos el riesgo de que las personas empiecen a acostumbrarse a la pobreza de los demás. Que se vea a los niños durmiendo en las calles, a los ancianos desamparados, a las familias quebradas por la pobreza como si fuera un hecho natural, como si lloviera. La reflexión ética nos pemitirá evitar esto, recuperar la visión bíblica, en la que la pobreza es considerada una injusticia, una ofensa a la dignidad del ser humano, criatura de la divinidad. Nos posibilitará no perder la capacidad de indignación ante la pobreza y las grandes desigualdadades, que surge de la Biblia y que se halla en la naturaleza del ser humano.
Una aguda observación periodística sobre la crisis de valores de altos ejecutivos en Estados Unidos señaló que parecen transmitir que los Diez Mandamientos, uno de los cuales ordena no robar y que nos exigen amar a nuestros semejantes, son “diez sugerencias” en lugar de mandamientos. Para impedir que lo mismo suceda en América Latina es necesario activar la educación en valores desde la primera infancia, en todos los tramos del sistema educativo, impulsar el debate público sobre ética y economía, movilizar la acción solidaria concreta. Hay un creciente clamor en la región en esta dirección, que debe ser escuchado.






