
Vanunu, el que encontró las armas nucleares
Por Fredrik S. Heffermehl Para LA NACION
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OSLO (IPS)
Los recientes fracasos en la búsqueda de armas de destrucción masiva deberían hacernos recordar que hay un inspector que realmente halló tales armas en el Oriente Medio. Se llama Mordechai Vanunu.
El informó sobre una fábrica clandestina de armas nucleares, pero en lugar de recibir un reconocimiento oficial logró que lo condenaran a 18 años de prisión, de los que ya cumplió 17, casi 12 de ellos en confinamiento solitario.
La mala suerte de Vanunu fue que encontró las armas en el país equivocado: el suyo, Israel. Mientras que el gobierno esperaba que él guardara su hallazgo en secreto, Vanunu pensó que debía hacer lo contrario. Creyó que un pequeño grupo de funcionarios no tenía el derecho de producir armamentos que ponían en peligro la supervivencia de la nación, de la región y del mundo. ¿De qué sirve la democracia, pensó, si se puede esconder una información tan vital y excluir de la discusión pública las decisiones más peligrosas y cargadas de importantes consecuencias?
"Si yo no cuento la verdad, ¿quién lo hará?", escribió Vanunu en una carta a su hermano antes de dar el alerta público sobre las armas secretas de Israel mediante la entrega al diario londinense Sunday Times de fotografías tomadas en el interior de Dimona, la fábrica israelí de bombas atómicas. Allí trabajaba él, como técnico secundario. Incluso antes de que la información fuera publicada, el Mossad, la policía secreta israelí, le tendió una trampa y lo secuestró en Londres para llevarlo de regreso, vía Roma, a Israel. Ni Gran Bretaña ni Italia protestaron jamás por esta flagrante violación de su soberanía territorial.
Vanunu fue castigado por las acciones ilegales de Israel. La eliminación de todas las armas nucleares ha sido siempre una ambición política central de las Naciones Unidas. En 1996, la Corte Mundial de Justicia afirmó que el uso de las armas nucleares violaría las leyes de la guerra y que los Estados tienen la obligación legal de abolirlas. Los Estados poseedores de armas nucleares han confirmado con frecuencia su disposición para cumplir con los compromisos contraídos en 1968, con el tratado de no proliferación nuclear y de eliminación de tales armas, sólo que, también constantemente, han sido incapaces de actuar de conformidad con sus obligaciones. En marzo de este año, Estados Unidos recurrió al argumento de la supuesta existencia de arsenales de armas de destrucción masiva en Irak como principal justificación para ir a la guerra con ese país, mientras que en su propia casa proseguía un constante desarrollo de nuevas armas nucleares, en una carrera de armamentismo atómico contra ellos mismos.
Resulta difícil ver de qué modo la revelación de Vanunu podría haber dañado a Israel. El programa no era un secreto militar en 1986. Y, presumiblemente, las armas no tenían por objeto la realización de un ataque por sorpresa. Si esas armas debían funcionar como un disuasivo, entonces los países vecinos tenían que conocer su existencia. Más probablemente, la razón principal por la que tanto Israel como Estados Unidos pretenden que allí no hay armas nucleares es una ley que impide al gobierno estadounidense dar su apoyo a naciones que violan el régimen de no proliferación.
¿Cómo pudo entonces el tribunal israelí condenar a Vanunu como si fuera un espía y un traidor? El no se involucró en actividades subversivas con un enemigo, sino que se dirigió al público israelí, por medio de la prensa internacional, con el objetivo de que se discutiera pública y democráticamente la cuestión, dice Felice Cohen-Joppa, el líder de la campaña que se realiza en los Estados Unidos para lograr la liberación de Vanunu.
Los años pasados por Vanunu en confinamiento solitario provocaron indignación en el mundo. Ya en 1991, Amnistía Internacional señaló que Vanunu estaba sufriendo un tratamiento excesivamente cruel y degradante, en clara violación de las leyes internacionales que prohíben la tortura, y subrayó que su liberación debía haberse producido mucho tiempo antes. Las esperanzas de que Vanunu, de acuerdo con las prácticas comunes en Israel y en otros países, fuera liberado bajo palabra después de 12 años de buena conducta también fueron defraudadas.
Vanunu probablemente pagó un precio más alto que cualquier otra persona en la lucha mundial contra las armas nucleares, pero él jamás dudó de que había hecho lo correcto, dijeron las únicas personas a las que se les permitió visitarlo en la prisión. Increíblemente, después de tantos años en confinamiento solitario, Vanunu se encuentra mentalmente sano y firme. La fecha que Israel ha fijado para su liberación es el 22 de abril del 2004. A juzgar por el contenido de sus frecuentes cartas, Vanunu se encuentra con buen ánimo y con ganas de comenzar una nueva vida en el extranjero después de su liberación.
El autor es presidente de la Alianza Noruega para la Paz y miembro del International Peace Bureau.





