
Vencer y convencer
Carlos Conrado Helbling Para LA NACION
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"Viva la muerte". Esto gritaba un enceguecido general de Francisco Franco, en 1936, en ocasión de la celebración en España del Día de la Raza. El rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, replicó: "Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque «convencer» significa ?persuadir´. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha".
El intelectual de mayor prestigio y el más representativo de la generación de 1898 expresó estas palabras en uno de los momentos más turbulentos de la historia de España.
Llevemos la mirada a nuestra querida Argentina, a la luz de estas expresiones. Nuestro país ha ido decayendo en las últimas décadas, aun tomando en cuenta las crisis sucesivas. El tema es en extremo serio y preocupante.
Por eso, insto a la juventud más talentosa y preparada de nuestra patria a comprometerse rápidamente con nuestro futuro público inmediato. Talentos no nos faltan, ni aquí ni en el exterior. Pero sobra una apatía visible, que no desea comprometerse en los temas públicos, por temor, indiferencia o desinterés. Así, iremos a una decadencia nacional más acelerada aún. Por eso tomamos en préstamo las palabras de Unamuno, en busca de alentar a la acción a los jóvenes talentosos que se comprometan a participar: "Venceréis y convenceréis".
La Argentina es uno de los muy pocos países del mundo que poseen riquezas potenciales que serán apreciadas y envidiadas por muchos en los próximos 20 - 30 años. Reservas de agua potable que, junto con las de Brasil, son las más extensas del globo; una tierra en extremo fértil, donde todo lo sembrado crece con rapidez; reservas de gas y petróleo aún no exploradas; reserva de minerales superior a la de Chile, la plataforma submarina más extensa del mundo, todavía no explotada. Podríamos extendernos mucho más en esta enumeración.
No nos olvidemos, por otra parte, del potencial humano extremadamente rico. Nuestros talentos descuellan en varias ramas de la ciencia, tecnología, literatura, cine, poesía, música, ballet y teatro. El periodista argentino también es muy valorado. Esto es una realidad de a puño, verificable y que nos llena de alborozo. Por otro lado, la Argentina es un país altamente despoblado. Poseemos una superficie territorial casi igual a la de la India, que cuenta con una población de 1200 millones de habitantes. La Argentina reúne escasos 42 millones. Es probable que en un lapso de 20 a 30 años grandes flujos inmigratorios busquen establecerse en nuestro territorio, tentados por el potencial mencionado.
¿De dónde provendrán estos inmigrantes? Probablemente, de países limítrofes, como Paraguay, Bolivia, Perú, y también, en gran cantidad, de China, otros países asiáticos y del Africa atlántica. Valga un ejemplo: hace 30 años, la circunscripción XIII de París estaba habitada por pequeños burgueses franceses. Hoy este distrito parisiense es el hogar de 250.000 chinos-indonesios, camboyanos, sin duda, trabajadores y en busca de mejores condiciones de vida que las que tenían en su país. El día de la celebración del año nuevo chino tiene lugar en el distrito un gran desfile, animado por las danzas de los leones y dragones. El barrio ha cambiado, y es dable suponer que un día el intendente de la ciudad será franco-chino. En los suburbios de París se alojan unos cinco millones de habitantes originarios del Magreb o descendientes de personas nacidas en esa parte de Africa del Norte. Son cifras estimativas, dado que por ley, en Francia, está prohibido hacer estadísticas sobre criterios étnicos o religiosos.
Por estas razones, convocamos con urgencia a la dirigencia joven y talentosa de la Argentina a comprometerse en la tarea pública. Al invitarla, busco su participación en la conducción del Estado y de la futura "sociedad de inteligencia digital" para encauzar por caminos más maduros esa Argentina futura de 150 a 200 millones de habitantes. El país aluvional y mestizado será distinto del actual. El proceso de inmigración a lo largo de los próximos 30 años es previsible y lógico. Buscarán en nuestras tierras acceso a sus reservas potenciales; encontrarán en nuestro territorio aquello de lo que están desprovistos en sus tierras. Es de desear que en las escuelas de esa Argentina futura continúe enseñándose el Martín Fierro y la historia de nuestros primeros próceres. Los jóvenes deberán encauzar con talento y prudencia el camino que nos conduzca a esa Argentina distinta, que ellos habitarán.
La Constitución nacional vigente, de 1994, en su artículo 25 invita al gobierno federal a "fomentar la inmigración europea", tarea no promovida en los últimos 15 años. Contados europeos se establecieron en estos años en nuestras tierras. En los años 1880 y subsiguientes, millones de europeos, en su mayoría pobres y ansiosos de encontrar aquí un futuro mejor, llegaron a nuestras costas. Hoy, los adinerados son ellos y observan en nuestro medio extensos bolsones de pobreza, ausencia de un Estado de Derecho y una falta de respeto a las instituciones que no los incita a radicarse aquí, a pesar de nuestras grandes reservas potenciales. El ciudadano europeo posee hoy un Estado de bienestar y de protección y una distribución más equilibrada de la riqueza que la que impera en nuestro país. La inmigración europea desde 1880 hasta los años previos a la Segunda Guerra Mundial, ha constituido una parte importante de nuestra historia nacional y pareciera ser hoy un capítulo concluido.
Hacemos una vez más este llamado a los jóvenes destacados de nuestra tierra, a comprometerse sin demora y participar en la faena pública, por dura e incierta que ésta sea. De hacerlo hoy, y con premura, podremos parafrasear con cierta esperanza el dicho del rector de la prestigiosa Universidad de Salamanca de entonces, el gran pensador vasco: "Venceréis y convenceréis".
No hay mucho tiempo para perder.





