
¡Venga ese abrazo!
No hay caso. Desde tiempo inmemorial, los políticos argentinos persisten en la práctica del canibalismo intelectual e ideológico respecto de sus semejantes de la vereda de enfrente. "Caramba -se apesadumbra Lisístrato Peribáñez, filósofo de la corriente brahmánica Surfistas del Ganges-; si todos comulgan en idéntico propósito, el de conseguir que el carro de la patria zafe de tanto frecuente pantano, ¿por qué manifiestan tanta fiereza entre sí? ¿Por qué se entrecruzan las peores blasfemias, habida cuenta de que, supuestamente, tiran de ese carro para el mismo lado? ¿Por qué estos sujetos no practican la terapia del abrazo, ya que tan sólo disputan diferentes maneras de empuñar las riendas del jamelgo, para que el país emprenda feliz trote? ¿Acaso ignoran que Juan Perón y Ricardo Balbín acabaron estrechados en fraternal abrazo?"
A su criterio, los dirigentes de pocas pulgas propagan resentimiento social y suelen degenerar en caudillos filofascistas, a veces zurdos de pacotilla, casi siempre inclinados al despotismo. La historia de la humanidad es elocuente en tal sentido, como bien lo demostraron la Revolución Francesa y cuanto ocurrió en la Rusia zarista no bien los marineros del acorazado Potemkin reclamaron una dieta más sustanciosa.
El resentimiento social propició el advenimiento de Mussolini en una Italia invertebrada, y el de Hitler, en una Alemania corroída por los rencores y las penurias económicas, tras la Primera Guerra Mundial.
"Ya lo hemos visto -balbucea Peribáñez, con lágrimas en los ojos-. Los zigzagueos de la politiquería y los consecuentes rabiosos antagonismos produjeron en la Argentina un grave efecto colateral, muy evidente en este año de actos comiciales a cada rato: acuerdos oportunistas, perpetrados por los acomodaticios pescadores de río revuelto, prestaron asidero al sentir apático, hasta indolente, con que gran parte de la ciudadanía concurrió a las urnas.
Días atrás, el insigne filósofo ofreció una conferencia en la churrasquería El Vacío Existencial y allí expuso su teoría de que los políticos argentinos deberían ensayar una estrategia que auspician australianos y japoneses. Según LA NACION del 25 de mayo, la terapia de los abrazos, que en las calles de Sydney y de Tokio se prodigan desconocidos de uno y otro sexo, parece estimular los beneficios de la solidaridad comunitaria, como quizás imaginó el uruguayo Eduardo Galeano mientras escribía su más cautivante obra poética, El libro de los abrazos . "Los grandes bonetes de nuestra partidocracia podrían adoptar ese método -sugiere Peribáñez-. Pero seamos prevenidos. Cuando se trate de ciertos políticos con fama de truhanes, ¡ojo con la billetera!"





