
Ventanas de oportunidad
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Muchas veces se ha exagerado la importancia que tiene una "ventana de oportunidad" en la educación.
Si suponemos que existen "períodos críticos" para adquirir una habilidad, un concepto, una lengua, vamos a mantener una visión empobrecida del aprendizaje humano según el modelo de una simple escalera.
Dicho de otro modo, si en un momento nos faltara un escalón, nunca más podríamos seguir subiendo. Por el contrario, si entendemos el proceso de aprendizaje como una red de habilidades que se entrecruzan, entonces puede faltar un eslabón en un determinado recorrido del conocimiento sin que se afecte el proceso global, pues se abrirán otros caminos para arribar al mismo fin. Esto tiene consecuencias importantísimas en la educación. En particular, pone de relieve la necesidad de explorar caminos alternativos en el aprendizaje.
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Se dice, por ejemplo, que el mejor momento para aprender está relacionado con un incremento del metabolismo cerebral y de la densidad de contactos entre las neuronas, o sea, de sinapsis. Es sabido que en los primeros años de vida hay una gran cantidad de sinapsis que al no ser activadas a tiempo se destruyen. Pero esta realidad fisiológica no significa que haya determinados períodos críticos para aprender aritmética o lengua.
No es verdad que el sistema nervioso sea tan rígido. Todo indica que es sumamente plástico, como lo demuestra la recuperación de muchas lesiones neurológicas, la capacidad de aprender otras lenguas en la edad adulta y de recuperar la memoria en la vejez. Y tampoco existe un camino único para adquirir un determinado conocimiento. No todo se puede enseñar y aprender en cualquier momento, pero podemos confiar en la ejercitación sistemática fuera de los llamados períodos críticos.
Algunas experiencias exitosas, como RightStart en Canadá y en los EE. UU., han demostrado que niños de bajo nivel socioeconómico, que no tuvieron buenas oportunidades de aprendizaje en su vida, pueden llegar a superar el rendimiento escolar de otros niños más privilegiados si se los ejercita convenientemente en la adquisición de conceptos básicos de la aritmética, por ejemplo. El cerebro de esos niños no ha perdido en absoluto su capacidad intelectual. Lo mismo sucede con la adquisición de la lectura y de la escritura.
Hay variados caminos para llevar a todos ellos a buen puerto, haciendo caso omiso de las oportunidades perdidas. Si no los recorremos, será culpa de nosotros, no de su cerebro.





