
Viktor Klima: del poder en Viena al planeta K
Canciller de Austria entre 1997 y 2000, compañero de generación de líderes como Clinton, Blair y Schröder, Viktor Klima llegó a la Argentina muy poco antes del colapso económico para ponerse al frente de la automotriz Volkswagen
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El hombre habla, con acento alemán, un castellano fluido. Es robusto, cortés, de trato agradable, pero no porta un rostro famoso en estas latitudes ni lleva, desde luego, un currículum en la solapa: quien se lo cruce en forma ocasional en un restaurante familiar alejado del circuito fashion -son los que prefiere- o andando en bicicleta por un parque porteño difícilmente imagine que este vecino fue uno de los líderes mundiales de finales de los noventa y que negoció mano a mano con Bill Clinton, Tony Blair, José María Aznar, Jacques Chirac, Boris Yeltsin, con su amigo Gherard Schröder y con muchos otros el futuro de Europa, instauración del euro, crisis de los Balcanes y rediseño de la OTAN incluidos. Viktor Klima, socialdemócrata con fama de conciliador templado, gobernó Austria desde 1997 hasta 2000, fue vicepresidente de la Internacional Socialista y durante un tiempo ocupó la presidencia de la Unión Europea. Su caída fue precipitada en 1999 por el ascenso electoral del neonazi Jörg Haider, sorpresa, es fácil recordarlo, que motivó un estremecimiento internacional (varios países retiraron entonces a sus embajadores en Viena).
En el gremio de los estadistas, si lo hay, donde el menú habitual de opciones para el retiro suele incluir la redacción de las propias memorias, ciclos de conferencias bien remuneradas, lobby de alto nivel en el sector privado doméstico o una senaduría de veterano y donde la jubilación no siempre está exenta de llagas psicológicas causadas por la abstinencia de poder, quizás el caso de Klima sea impar. Luego de manejar el gobierno de uno de los países más ricos de Europa, dejó un día la política y aceptó dirigir una empresa alemana en otro país, en otro continente, con otra cultura. Ahora, feliz con su virtual anonimato, devenido simpatizante de River e hincha fervoroso de la Selección Argentina de fútbol, el ex canciller federal (primer ministro) austríaco va a trabajar todos los días a General Pacheco, 30 kilómetros al norte de Buenos Aires: lleva cinco años como presidente de Volkswagen Argentina y está visto que a Austria no vuelve. No sólo porque trajo a su madre, se casó con una argentina y aquí tuvo dos hijos. La casa matriz del consorcio con sede en Wolfsburg acaba de renovarle el contrato por cinco años más, quizás en atención a que, durante su primer lustro de gestión, la empresa se convirtió en principal empleadora de la industria automotriz argentina y se posicionó como líder del mercado local.
Con el auxilio de fuentes europeas y argentinas, vale la pena, entonces, reconstruir la historia de este singular vienés de 58 años a quien se describe por la mitad cuando se lo nombra como empresario.
Hijo único de un director de escuelas y una maestra, Viktor Klima se crió en Schwechat, algo así como el Vicente López de Viena. Su abuelo había estado preso por luchar contra los nazis. Su padre, que falleció en 1991 sin llegar a enterarse -por muy poco- de que su único hijo abrazaría la política, sembró en el hogar las ideas socialdemócratas que él haría propias como miembro de la juventud partidaria cuando estudiaba administración de empresas y análisis económico en la Universidad Técnica de Viena. En esa época, cuentan allegados, se compró su primer auto, casualmente un viejo Escarabajo al que arreglaba con frecuencia, sin imaginar cuán útil le resultaría tres décadas más tarde en un lejano país sudamericano del que apenas había oído hablar el haber aprendido lo que era un cigüeñal o un pistón (no levantó ningún capot, claro, mientras como canciller circuló por Viena a bordo de un BMW blindado).
Después de doctorarse, ingresó en la Administración Austríaca de Petróleo (OMV), la mayor petroquímica del país (estatal), donde hizo una carrera que coronaría como miembro del directorio. Esa carrera marcó sus dos destinos. Hábil organizador, con perfiles técnico y teórico combinados, llegó a manejar distintas áreas, desde recursos humanos hasta la auditoría contable, pero al parecer fue su destreza para introducir mejoras en la producción y para mantener buenas relaciones con los sindicatos lo que motivó al canciller federal Franz Vranitzky a ofrecerle el Ministerio de Industria y Transporte. En un principio, Klima rechazó el cargo. Luego lo convencieron. Eso sucedió en 1992, lo que indica que la trayectoria política de Klima resultaría tan importante como breve. En síntesis: su participación en la creación de condiciones para que Austria se convirtiera en 1995 en el décimoquinto miembro de la UE determinó que Vranitzky lo nombrara ministro de Finanzas al renovar la coalición con los conservadores tras las elecciones de 1996. Al año siguiente, Vranitzky renunció y Klima fue impulsado como sucesor por la socialdemocracia (SPO), que lo encumbró primero en la presidencia del partido y luego en la cancillería federal. Tenía 49 años.
Como máxima autoridad gubernamental (en Austria, como en Alemania, el presidente electivo designa al canciller pero no gobierna), Klima negoció con los aliados conservadores reajustes presupuestarios (llevó el déficit por debajo del 3% del PBI y la desocupación al 3,5%), la privatización de empresas públicas y la reforma de seguridad social en un marco en el que la cuestión europea prevalecía. De todos modos no pudo evitar un desgaste originado en causas múltiples.
Al cambiar el siglo la socialdemocracia perdió el gobierno danés en manos de la derecha, en Italia Silvio Berlusconi reemplazó a Massimo D´Alema y Giuliano Amato y poco después Lionel Jospin, que desde 1997 gobernaba Francia a la par de Klima, quedó tercero detrás de Chirac y del ultraderechista Le Pen, algo similar a lo que sucedería en Holanda en 2002. Austria abrió esa corriente de derechización dentro del electorado europeo en 1999. Haider, un populista de derecha que hizo recordar los orígenes en Alemania del también austríaco Adolf Hitler pese a los esfuerzos de aquél por mitigar algunas de sus alabanzas a las políticas laborales nazis y peinar su xenofobia de campaña, encendió una alarma mundial cuando, con un 27,2%, desplazó del segundo lugar a los conservadores.
El Partido Socialdemócrata, que había gobernado Austria durante 30 años, los últimos 12 en alianza con los conservadores, hizo la peor votación de su historia. Terminaría en el llano el mismo día que Klima se fue a su casa. Un final complejo y áspero. Klima hacía esfuerzos por calmar al mundo ante el avance de Haider -declaró en esos días, por ejemplo, que el millón de austríacos que había votado al Partido de la Libertad no era pronazi- y a la vez se alineó a rajatabla con quienes exigían que la nueva segunda fuerza de ninguna manera entrase al gobierno. Así se lo prometió él, en persona, a los líderes de las principales potencias (a algunos los encontró durante una cumbre en Finlandia; otros, como Aznar, lo llamaron por teléfono). Chirac, se sabe, estuvo entre los más duros. Ehud Barak dijo que Israel podría romper relaciones. Al final, la histórica coalición socialdemócrata-conservadora se quebró. El vicecanciller y ministro de Relaciones Exteriores, Wolfang Schuessel, líder de los conservadores, que había participado en las promesas tranquilizadoras, formó una coalición con el partido de Haider -eso sí, sin que el propio ultraderechista integrase el gabinete- y el presidente Thomas Klestil la aceptó, lo que le valió a Austria un considerable aislamiento y severas sanciones de la Unión Europea.
De Menem a Kirchner
Una de las últimas misiones internacionales de Klima como canciller fue en Río de Janeiro, donde se entrevistó con quien en ese momento gobernaba la Argentina: Carlos Menem. Klima sólo había conocido Buenos Aires en misión oficial en 1995. Cinco años más tarde el chairman del directorio a nivel mundial, Ferdinand Piëch, nieto del constructor de automóviles Ferdinand Porsche, le estaba ofreciendo el puesto de presidente de Volkswagen Argentina, una filial en crisis. Piëch, también austríaco, había sido miembro de un grupo consultor internacional que asistía al gobierno de Klima. Algunas fuentes dijeron a LA NACION que era posible que Schröder hubiera incidido en la designación empresaria. Antes de ser canciller de Alemania, Schröder fue gobernador de Baja Sajonia, donde está la casa matriz de Volkswagen, un grupo privado-estatal.
Klima desembarcó en Buenos Aires en octubre de 2000 acompañado de su segunda esposa, Sonja, 18 años menor que él, de la que se divorció poco después. Sus hijos mayores, Ian Viktor, economista, de 33 años, que vive en Alemania, y Julia, de 26, maestra, que vive en Austria, son del primer matrimonio. A Claudia, su actual mujer, de 35, la conoció en Volkswagen. Hace un año tuvieron a "Tina" (Catarina) y hace dos años y medio, a "Tino" (Constantino). Su familia, cuenta alguien del entorno, suele acompañarlo a navegar y cabalgar. El tenis ahora lo practica con más frecuencia que el esquí, alternado entre los Andes y los Alpes. Cuando vuela -por razones obvias- a Alemania no tiene tiempo para deportes. A veces viaja a Europa por el día, algo que según sus colaboradores considera una comodidad: dice que la urgencia le disuelve los trastornos de la diferencia horaria.
No sólo es buen estado físico lo suyo. Su mayor fortaleza, al parecer, reside en el temple que lo habilita para desplegar su probada dote negociadora. Algunas veces se utiliza el ejemplo árabe-israelí, quintaesencia del conflicto eterno, para decir que una persona tiene, o no tiene, habilidades conciliatorias. Pero en el caso de Klima no lo cuentan como chiste: fue el primer jefe de gobierno que en un mismo viaje consiguió dialogar en forma consecutiva con el ex líder palestino Yasser Arafat y con el primer ministro israelí, por entonces Benjamin Netanyahu.
No hay por qué pensar que Klima abandonó sus cualidades el día que colgó la toalla de la política y que ya no las ejercita como empresario, por ejemplo, frente al gobierno de su patria adoptiva. Además de integrar la Asociación Empresaria Argentina (AEA), poderosa entidad presidida por Luis Pagani, Klima es presidente del Grupo Unión Europea, donde desde hace poco más de un año se nuclean las principales empresas del viejo continente radicadas aquí. El Grupo, a cuya presentación vino el ex primer ministro italiano D´Alema, se declara abocado a potenciar al Mercosur con miras a Europa y a estimular en Europa las inversiones en la Argentina.
El año pasado, durante la visita presidencial a Alemania, Klima acompañó al matrimonio Kirchner a la monumental fábrica de Wolfsburg, la planta más grande del mundo. Fue evidente para la prensa la buena relación que el otrora líder de la Internacional Socialista mantiene con el Presidente y la primera dama. Ahora bien, ¿debe suponerse que la posiblidad de Klima de levantar el teléfono en General Pacheco y hablar con presidentes y jefes de estado no tiene ningún aprovechamiento político, diplomático o cuanto menos en orden a relaciones económicas internacionales por parte del Gobierno ? Consultadas sobre esto las fuentes cercanas al ex canciller, la respuesta fue el enigma: "nada para comentar".
Quién es
Ascenso político
Victor Klima nació el 4 de junio de 1947 en Schwechat, Viena. Su carrera política comenzó en 1992 como ministro de Industria y Transporte. Cinco años más tarde fue impulsado como canciller federal y presidente del partido socialdemócrata. En 1995 había conocido la Argentina en misión oficial.
En Buenos Aires
Es presidente de la filial local de Volkswagen desde 2000; allí conoció a su actual y tercer esposa, Claudia, de 35 años y madre de sus hijos más pequeños. La casa central de la automotriz acaba de renovarle el contrato por cinco años más.






