Vinilos, espacio y tiempo
Hace una punta de años, cuando nos conocimos, Regina trabajaba de moza en un restaurante en la triple frontera entre Palermo, Chacarita y Villa Crespo, al que íbamos a almorzar con mis compañeros de Rolling Stone. Nos hicimos amigos: era maestra de música y era, también, colaboradora de los hermanos Quintana, directores de cine de terror, responsables de films como Making Off Sangriento, la película de culto protagonizada por el cantante punk Marcelo Pocavida. Desde entonces, quedamos en contacto. Hace unos meses me escribió porque su amiga Claudia había heredado los discos de su abuelo y quería dárselos a alguien que apreciara todos esos años de dedicación que le había legado su apreciado ancestro.
Una colección de discos es amor. Y es, también, una cuestión de espacio y tiempo. Cito a Wikipedia: “El espacio-tiempo es el modelo matemático que combina el espacio y el tiempo en un único continuo como dos conceptos inseparablemente relacionados. En este continuo espacio-temporal se representan todos los sucesos físicos del Universo, de acuerdo con la teoría de la relatividad y otras teorías físicas.”
Mi ecuación, en verdad, es más sencilla. Es cuestión de espacio porque, en este caso, resigné metros cuadrados de mi living. Y tiempo es el que necesito para poder escuchar y asimilar todas esas joyas que, durante toda su vida, consiguió y atesoró Don Carlos Gatti, el hacedor de esta colección.
En Melómanos Historias de una obsesión, el periodista colombiano Jacobo Celnik sostiene que “los relatos que componen este libro muestran las diversas facetas psicológicas y emocionales del melómano y su entorno, y cómo el gusto y el conocimiento de la música -la melomanía- y el coleccionismo se distancian en lo cuantitativo, pero se unen en lo cualitativo. (...) Cada melómano atesora datos e información que le permiten narrar, como los juglares, su evolución.”
De algún modo, esos 250 LPs (además de los 67 cms de discos de pasta de 78 RPM, y medio millar de casetes -algunos, como un augurio, dentro de una bolsa de Héctor Peres Pícaro, el trébol de la buena suerte-) son un modo de contar una parte de la vida de su anterior dueño. Son, en su mayoría, discos de tango. Predominan los artistas emblemáticos: Anibal Troilo, Juan D`Arienzo, Miguel Caló, Carlos Di Sarli, Héctor Varela, Carlos Gardel, Edmundo Rivero, Julio Sosa, Vargas y D`Agostino, Roberto Goyeneche y Horacio Salgán. De Caló es particularmente llamativo el experimental Sambas en tiempo de tango, grabado en Sao Paulo, con clásicos de Ary Barroso y Dorival Caymmi al ritmo del 2x4. Pero también aparecen algunas grabaciones tardías del gardeliano Oscar Alonso, junto a una orquesta dirigida por Carlos García, de los años 70. Este cantor, era hijo de un resero a quien Ricardo Güiraldes le dedicó Don Segundo Sombra. Se destaca una copia de Impresiones (1974) de Héctor Stamponi, dedicado a Don Gatti por los conductores de “Acompañenos”, un misterioso programa que emitía LR11 Radio Universidad de La Plata.
Pero el mayor hallazgo es Salud!... Ventaneros, un compilado de artistas emergentes de principios de los 60, producido por el programa Una ventana al éxito, de Don Antonio Barros, con el pianista Joe Ríspoli como director y arreglador. Se destaca allí una grabación de Los Espectros. Me apunta el periodista e historiador Víctor Tapia que anteriormente se llamaban Los Pólvoras, y que fue el primer grupo con el que Sandro grabó discos lanzados al mercado. Inspirados en el conjunto francés Los Fantasmas, salieron a tocar encapuchados y debutaron en un baile de Carnaval de Escala Musical. ¿Otro dato? Fueron los primeros en la Argentina en tener una guitarra eléctrica de doble mástil. Un pedazo de historia oculta, acaso olvidada, que revivió en el legado de una discoteca.










