
Violencia y videojuegos
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Recuerdo mi primer viaje a España. En aquel tiempo yo era un niño y una de las muchas cosas que me sorprendió, al conocer un nuevo sistema de vida, fue la tranquilidad e incluso el regocijo con que los niños presenciaban la muerte de lo típicos animales de granja.
Hasta ese entonces yo había visto los pollos, corderos, cerdos, etc, colgados en algún gancho de una carnicería o despiezados sobre un mostrador. Pero nunca había presenciado como se mataba un animal.
Recuerdo que la primera vez sentí pena, repulsa y creo que hasta odio hacia la persona que estaba matando al pobre bicho. Luego me fui acostumbrando y aunque me daba y me sigue dando pena, me hice a la idea de que en esta cadena de la vida, es necesario matar a ciertos animales para alimentarnos. Ya sé que se puede ser vegetariano, pero eso es otro tema. Aunque también creo que lo mismo que pasa con los animales, quien arranca una lechuga o corta una acelga está matando a un ser vivo. La diferencia es que no nos da pena, porque ese ser no puede quejarse, como puede suceder con un pobre cerdo.
Este acostumbramiento a la muerte violenta de los animales, es menos posible en un chico de ciudad, pero es algo natural para uno del campo, porque es algo cotidiano. Ellos ven normal matar a un pollo, al que le han hecho un tajo en la cabeza para que se desangre o a un conejo al que le han sacado un ojo, para que le salga la sangre hasta que muera. En fin, podría seguir contando las distintas formas que tienen, por aquí y por ahí, de matar a los seres que nos sirven de alimento. Pero es algo que no me gusta, como tampoco me gustó cuando vi hoy en televisión, una noticia sobre los nuevos videojuegos que llegan al mercado español.
Mientras comentaban el contenido, se veían imágenes de los juegos. En una de esas imágenes se mostraba como el jugador tenía que exterminar niños que intentaban escapar de una mansión. Otro videojuego transcurría en el mundo de la prostitución y la droga.
Cuando uno escucha las explicaciones de los que defienden y promueven estos juegos violentos, hay un instante que te compadeces de ellos. Incluso piensas que los pacifistas son demasiado severos con los autores y promotores. Pero cuando ves algunos de estos juegos, entonces recuerdas como en sus discursos, los dictadores, también justificaron y justifican, las fechorías que cometieron o cometen. Es ahí cuando te das cuenta que la defensa de estos videojuegos no es válida. Pues aunque es un comercio lícito (porque lo permiten las autoridades) hacer negocio con juegos cuya trama contenga agresiones a mujeres, asesinatos, violaciones, esclavitud, tortura, prostitución forzada, abuso de menores y otros tipos de violencia, yo creo que no debería estar permitido.
Ya sé que alguno dirá que eso son juegos y que aunque los niños y jóvenes jueguen con ellos no los va a convertir en asesinos. Quizás en una gran mayoría no pase nada, pero el problema no es ese, sino que poco a poco y a través del juego se va acostumbrando a los futuros adultos a ver la violencia como algo normal. Eso logrará que la gente se insensibilice como aquellos niños que yo encontré en España y que tenían diversiones como destrozar nidos, cortar la cola a las lagartijas o tirar piedras a gatos y perros. Los niños pensaban que eso era normal. Y eso pasaba porque el sufrimiento de aquellos animales no los conmovía.
A los que dicen que la violencia que se ve en videojuegos, en películas o en los dibujos animados, no produce efectos nocivos en niños, jóvenes o incluso en adultos. Yo les preguntaría: ¿Alguno pensó de qué viven las agencias de publicidad? Pues viven de convencer a la gente, para que consuma lo que ellos promocionan. La publicidad más efectiva es la de televisión, donde con pequeños cortos publicitarios, nos convencen para que compremos un perfume, comamos un producto o nos pongamos una prenda de vestir. Si el cine o las imágenes no influyesen en las personas. ¿Por qué los emplean en la publicidad?
Estoy seguro que más de uno compró algo que vio en un anuncio, aunque solo sea por probar o por curiosidad. Por tanto, creo que los videojuegos violentos sí influyen en los jóvenes, y aunque no todos los jóvenes se vuelvan violentos, si pueden volverse indiferentes ante la violencia que afecta a los demás. Quizás quienes intentan convencernos de lo contrario, es que les duele perder los millones que generan esos juegos o que intenten que haya más violencia, que también es un buen negocio.





