Virginia Woolf tiene algo que decirte

A 75 años de su muerte, la obra de esta autora inglesa artífice de la novela moderna -y su escritura en dos planos: pública e íntima- se revitaliza en la Argentina con una nueva luz
Daniel Gigena
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14 de agosto de 2016  

Ilustración: Sebastián Dufour
Ilustración: Sebastián Dufour

Integrante destacada del grupo de Bloomsbury -lo que no es poco, en un grupo del que formaron parte Bertrand Russell, Lytton Strachey, Katherine Mansfield y Ludwig Wittgenstein, entre otros-, Virginia Woolf (1882-1941) fue una de las novelistas más importantes del siglo XX. Artífice de la novela moderna junto con James Joyce, Franz Kafka y William Faulkner, su estrategia narrativa consistió en disolver el yo en varias conciencias, en el entorno y en la historia social. Los personajes de sus novelas eran más bien modulaciones de voces en diversas instancias, reflejos de la visión de otros personajes, cámaras de ecos. En 2016 se cumplen 75 años del suicidio de la autora de Orlando en el río Ouse. ¿Cómo se lee en la actualidad la obra de Virginia Woolf en la Argentina?

"Si hoy seguimos disfrutando la obra de Virginia Woolf es por varios motivos -puntualiza Cristina Piña, crítica literaria y traductora-. Para las escritoras feministas es una especie de madre literaria: fue la primera en destacar la necesidad de que la mujer tuviera un cuarto propio para crear, se ganara sus 'guineas' para tener autonomía, se comprometiera con la realidad sociopolítica (recordemos su adhesión al laborismo y el sufragismo) pero, sobre todo, demostró que, si bien la literatura es 'andrógina', las mujeres tienen una capacidad especial para captar cómo la realidad incide en la conciencia." En ese sentido, Mrs. Dalloway es ejemplar, así como también Al faro. "Su escritura llevó a un nivel nunca antes alcanzado la novela lírica: Las olas es el ejemplo culminante. Consiguió penetrar en la conciencia de sus personajes a través del monólogo interior indirecto y confrontar el tiempo cronológico y subjetivo con una delicadeza y una maestría únicas."

Ese refinamiento del estilo, ese tempo narrativo que se acelera o se demora según las vibraciones de la sensibilidad, es el mayor desafío que enfrenta quien la traduce. "He tenido el privilegio de traducir La señora Dalloway, Orlando y Entre actos para la editorial Losada, privilegio que pagué caro porque, pese a haber traducido a Shakespeare, nunca nada me resultó más difícil que traer al castellano la velocidad, la ondulación y el efecto flotante de su prosa, ese ritmo acuático y casi inasible en los que reside la belleza de sus libros", cuenta Piña.

"Cuando leí Freshwater pensando que podía llegar a ser un proyecto de traducción, adaptación y puesta en escena, supe desde el comienzo que implicaba un desafío -indica María Emilia Franchignoni-. En su mayoría, las voces autorizadas de la crítica coinciden en definirla como una obra menor, un experimento casero, un divertimento. La misma Woolf concebía su única obra de teatro como una producción literaria sin trascendencia. Por eso, se negó en varios momentos a autorizar su publicación y representación." Es así como Freshwater fue publicada póstumamente, una vez que también había muerto Leonard Woolf, marido y albacea literario. "Ella escribió la pieza teatral para una ocasión específica y para ser representada por única vez: en el cumpleaños de su sobrina Angelica Bell, que se celebró en una de las tantas veladas teatrales que reunían al grupo Bloomsbury -cuenta Franchignoni-. Es una sátira, una farsa que se mofa con desparpajo de un grupo de artistas e intelectuales de la aristocracia victoriana, pertenecientes a una generación anterior y del que formaba parte su tía, la fotógrafa Julia Margaret Cameron. Fue un modelo de sociabilidad que tanto Virginia como su hermana, la pintora Vanessa Bell, cultivaron con entusiasmo durante sus vidas."

La única y desestimada obra de teatro de Woolf preserva varias de las tensiones, problemáticas e intereses que el resto de su obra: su compromiso con el feminismo, las críticas al realismo y a la escritura patriarcal, al Imperio y a la moral victoriana, al mismo tiempo que preserva el espíritu de su experimentación formal.

Anticipación y asimilación

Algo similar sucede con las narraciones más breves de Woolf. En 2015, Godot publicó Cuentos completos, cuya traducción estuvo a cargo de Carolina Orloff y Micaela Ortelli, investigadoras y editoras. "La experiencia de traducir a Virginia Woolf fue ardua, desgastante, apasionante -confiesa Orloff-. Fue un largo proceso de la más fina lectura, un aprendizaje por momentos frustrante y enloquecedor, pero a la vez muy enriquecedor y cautivante, sobre todo siendo gran lectora y admiradora de sus textos."

Cualquiera que haya leído a Virginia Woolf puede imaginarse lo difícil que pueda ser intentar captar las múltiples dimensiones de sus ideas, de sus intenciones y de sus significados, para así poder recién empezar el proceso de traducción. "A mí me tocó traducir un conjunto de cuentos muy variados en temática pero también en épocas, de 1906 a 1941. La traducción tenía que reflejar la evolución de un estilo y de toda una psicología -detalla Orloff-. En este sentido, la presencia del agua como símbolo es profundamente significativa y contundente, especialmente en cuentos como 'La marea' o 'El símbolo', escritos días antes de la muerte de Woolf; como si su suicido se hubiera ido permeando anticipadamente en la evolución de esos cuentos." La inhibición y la enajenación particular de las mujeres en cierto sector de la sociedad británica durante los primeros años del siglo XX son dos grandes temas que laten en esos textos, y les dan una contemporaneidad innegable. "Leer y acercarse a las mujeres de Woolf en su intento de desencadenarse para dar lugar a su voz en un contexto patriarcal opresor, y hacerlo desde la Argentina del Ni Una Menos, no sólo es una experiencia relevante sino también necesaria y vital", dice Orloff.

Micaela Ortelli, su compañera de trabajo en la traducción de los cuentos de Woolf, agrega: "La experiencia fue larga y difícil porque así son las oraciones de Virginia. En la Feria del Libro abrí por azar el libro en el cuento 'El vestido nuevo' y me impresionó lo larga que es la primera oración -dice. Tiene trece líneas, tres personajes, ocho acciones. Y como ésa había un montón: oraciones en espiral que había que leer una y otra vez, porque Virginia pensaba de un modo muy complejo." La protagonista es una mujer que se da cuenta de que está mal vestida para asistir una fiesta y eso hace brotar en ella una sensación de inferioridad que, desde niña, siempre había sentido. "No pueden no afectarte personajes así; o al menos son los que yo recuerdo: mujeres inseguras y metidas en sus ideas con las que, a pesar de todas las distancias, sentía mucha afinidad. Ahí creo que está el aporte de una lectura y traducción actual de Virginia: tratar de hacer asimilables e interesantes a una forma de sentir del siglo XXI sudamericano la neurosis y cotidianidad de sensibilidades tan lejanas en el tiempo y el espacio, porque en definitiva son las cosas de las que está compuesta una vida: amores, miedos, preocupaciones eternas."

"Aunque al principio no fue consciente, a la distancia me doy cuenta de que comencé a escribir la biografía de Virginia Woolf como si armara un puzle de miles de fichas que se encastran unas con otras para dar lugar a una figura compleja e impactante -quien grafica su trabajo es Irene Chikiar Bauer, autora de Virginia Woolf: La vida por escrito (Taurus)-. Después de leer varias biografías suyas y sus escritos autobiográficos, advertí que cada uno de esos libros me llevaba a otro; no me daban una imagen de totalidad y pensé que podría hacerse algo diferente si sumaba los seis tomos de su correspondencia, sus diarios personales, sus ensayos y la gran cantidad de escritos del grupo Bloomsbury." Muchos de esos materiales no están en castellano y Chikiar Bauer los dio a conocer en su libro. "Desde el momento en que ella y sus hermanos se independizan, dejan la casa de sus padres y forman el grupo Bloomsbury, Virginia, que tenía clarísima conciencia de que quería ser escritora, comienza a llevar regularmente diarios personales y a hablar del tema en sus cartas. Esas miles de páginas me dieron la idea de que Virginia Woolf había llevado su vida por escrito." Para Woolf, la biografía oficia como registro de los cambios más que de los hechos. "Aunque Virginia Woolf siempre se consideró una outsider, defendió la filosofía del anonimato, evitó lo estrictamente autobiográfico, trasladó a su literatura, mediadas por la ficción, temas personales y dio cuenta de la realidad social que la afectaba."

¿Por qué leer a Virginia Woolf hoy? "Su valor literario es innegable. No sólo revolucionó la literatura inglesa del siglo XX; todos los que desean escribir o vislumbrar cómo es el mundo íntimo del escritor pueden recurrir a sus diarios, a sus cartas, a sus ensayos, que poseen un rigor y una honestidad increíbles. Hay una Virginia Woolf para cada tipo de lector: el interesado en narrativa, en crítica literaria, en sus textos feministas", dice Chikiar Bauer.

La docente e investigadora María Andrea Donnini coincide con la biógrafa argentina de Virginia Woolf: "Escribió a lo largo de toda su vida, pero también escribió su vida. Su producción se vio repartida en una escritura pública (novelas, ensayos) y una escritura íntima: sus diarios, que van de 1915 a 1941, y sus cartas. Otro fenómeno interesante es el de los textos privados que cobran existencia a partir de la edición: Virginia Woolf escribió su diario. Leonard Woolf editó una versión despojada de intimidades (la relación con Vita Sackville-West, por ejemplo) para compilar A Writer's Diary." De sus cartas se pueden encontrar Selected Letters, recorte de los seis volúmenes del original, y Letters to Vita, o Cartas a mujeres (Lumen). Concluye Donnini: "Pública o privada, la riqueza de su escritura está presente en cada texto, en cada reflexión".

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