Vislumbres de un dictador

Sobre Su lucha, de Patricio Lenard
Emiliano Sued
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3 de abril de 2016  

En Su lucha, Patricio Lenard (1979) explota un tramo de la historia atractivo y disponible para la ficción. Luego de un intento de golpe de estado en 1923, Adolf Hitler y otros dirigentes del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán fueron recluidos en la fortaleza de Landsberg. Hitler aprovechó el aislamiento para escribir Mi lucha, la obra autobiográfica y doctrinaria que permitía vislumbrar lo que era capaz de hacer si llegaba al poder. Ese período brinda la ocasión de imaginar lo sucedido durante esos días de encierro. El punto de vista elegido es el de Rudolf Hess, el jerarca nazi que se convirtió en asistente de Hitler y escribiente del libro. El formato para esta ficción es el diario que Hess podría haber redactado para registrar esa escritura y el trato cotidiano entre ambos hombres.

Mientras se pasea por su cuarto, Hitler dicta como si se ejercitara para sus años de dictador. Hess, sentado frente a una Remington, escribe sin pausa. Al final de la jornada, el asistente sigue escribiendo en la intimidad de su diario. Su lucha relata el dictado de Mi lucha. En el pasaje del "mi" al "su" se construye la perspectiva de un narrador que se sirve de la cercanía para poner en escena al gran protagonista. Pero hay algo más: "A la luz de la lámpara, soy como un monje medieval en su celda. Se aprende mejor del libro que se copia". Hess transcribe fragmentos del libro de Hitler; pero no repite con exactitud, según advierte la voz de un editor: "Estudios comparativos han demostrado que varios de los pasajes de Mi lucha que Hess cita en su diario difieren de su versión definitiva". La mano de la ficción instala la diferencia, practica el juego (borgeano) de las verosimilitudes y conjetura un texto previo.

El diario también retrata al Hitler lector, el que subraya y anota las obras que colaboran con su doctrina. La incipiente plataforma nazi se convertía entonces en libro; en una ideología de razones débiles y principios indiscutibles que exigía un fanatismo de carácter religioso: "No podría soportar si alguna vez tuviera que perder la fe en este hombre. […] ¡Creo en Adolf Hitler!", escribe Hess, su evangelista.

Lenard construye convincentemente la perspectiva de Hess, pero desaprovecha la primera persona; el diarista parece no poder alejarse de la copia, exhibe poco de su interioridad, casi anulada por la cegadora presencia del líder. Esconderle a Hitler la existencia del diario es su única decisión conflictiva; la pequeña infidelidad (ficcional) que, de algún modo, prefigura la otra (real), cuando en 1941, en plena guerra, Hess voló en un avión de caza hasta Escocia con la secreta y personal intención de negociar la paz con los ingleses. La misión falló, fue capturado y Hitler lo declaró loco y traidor.

SU LUCHA

Por Patricio Lenard

Adriana Hidalgo

384 páginas

$ 280

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