
Cinco rincones imperdibles de Seúl
1 Faroles de Loto. Festival iluminado

Todos los años, en primavera, Seúl celebra el cumpleaños de Buda, en el octavo día del cuarto mes lunar. Cuando las azaleas florecen en los templos y palacios, es el momento en que las calles de la moderna capital surcoreana se preparan para recibir el bellísimo desfile de faroles hechos de papel, sencilla materia prima para auténticas obras de arte. El centro del evento es el templo Jogyesa, donde se dan cita coreanos y turistas ya desde los días previos, para participar en talleres donde se enseña la técnica de armado tradicional. El corazón de la fiesta, a lo largo de tres días, comienza a partir del encendido de un gran farol que simboliza a Buda, llamado Jangeumdang, en la Plaza Seúl. Es el momento ideal para recorrer el arroyo Chenggyecheon, un oasis en medio de la ciudad, en cuyas orillas se exhiben estas esculturas-farol de papel, que despliegan su magia a partir del atardecer. Luego será el momento del desfile central: se abren las calles, miles de personas se ubican sobre las veredas, y se observa el desfile temático del Lotus Lantern Festival, nombre internacional de la fiesta. Los extranjeros pueden sumarse a uno de los grupos expresamente creados para ellos, llevando también su farolito de buenos augurios.
2 Insa-dong cultura tradicional

Este barrio (dong) de Seúl es ideal para acercarse a lo más tradicional de la vida local, con un cierto toque turístico. Entre restaurantes de comida coreana (donde hay que probar el omnipresente kimchi, una fuerte preparación a base de repollo chino fermentado) y casas de té, la gente se da cita por la avenida principal, la Insa-dong-gil, para comprar abanicos, remeras con la estampa de Psy y su famoso Gangnam Style, souvenirs y objetos de papel hechos a mano. Entre lo antiguo y lo moderno, hay numerosas galerías de arte y es frecuente asistir a espectáculos de danza y demostraciones de caligrafía. La historia cuenta que Insa-dong se convirtió en uno de los principales lugares de comercialización de antigüedades en Corea porque era allí donde se vendían los objetos de la población que se veía obligada a huir en tiempos de la ocupación japonesa.
3 Bukchon. el Hanok Stay

Seúl no es una ciudad donde lo antiguo salta a la vista: en general, todo parece una celebración de la modernidad, bien ganada considerando el impresionante salto económico de la población coreana en las últimas décadas. Pero hay una hermosa excepción, además de los templos y palacios: el barrio de Bukchon, casi una aldea a la antigua en lo alto de una colina, donde se ven por doquier los hermosos techos curvos de las casas tradicionales. Es muy fácil llegar, porque está entre los palacios Gyengbok y Changdeok, y el Santuario Real de Jongmyo, que homenajea a los ancestros de la dinastía Joseon. En Bukchon hay numerosas casas antiguas, de madera y techo de tejas, llamadas hanok: muchas de ellas ofrecen el programa hanok stay, ya que fueron convertidas en hoteles y ofrecen alojamiento al estilo tradicional. Si no es posible dormir allí, al menos se puede participar en talleres de pintura o descubrir la ceremonia del té.
4 Gwangjang El gran mercado
La fachada no parece prometedora: pero basta cruzar la puerta para encontrarse en un mundo con reglas propias. Todo visitante occidental debería sí o sí reservarse unas horas para recorrer los mercados de Oriente: en Seúl, éste es uno de los más importantes desde su apertura, hace más de un siglo (cuando fue, además, el primer mercado establecido en forma permanente en Corea). Hay un piso entero dedicado a la seda y los trajes tradicionales, el hermoso y colorido hanbok que las mujeres coreanas siguen usando en las ocasiones especiales. Pero el descubrimiento más revelador es la gran planta baja de comidas: por muchos esfuerzos que se hagan, no siempre se logrará saber de qué se trata. Lo bueno es que el viajero curioso puede probar allí mismo toda clase de pescados y mariscos en las más variadas preparaciones, además de ingredientes nunca vistos. Sólo para paladares con coraje, pero es toda una experiencia.
5 DMZ La frontera con el Norte

La llaman zona desmilitarizada (conocida con la sigla DMZ), pero es una de las más militarizadas del mundo. Se llega fácilmente en excursiones de medio día desde Seúl, que permiten acercarse a las instalaciones de esta franja de tierra celosamente custodiada por soldados de ambas naciones. Vale la pena tomar en cuenta las precauciones de seguridad: lo que para los visitantes es un paseo turístico, para Asia es una de las fronteras más calientes del planeta. Y una auténtica rareza, que permite comprar algunos productos norcoreanos como souvenir; visitar un túnel excavado en dirección al sur y descubierto hace algunos años; y avizorar el territorio norcoreano desde poderosos catalejos, sin pasar ni un milímetro de las líneas estrictamente demarcadas en el piso. Lo curioso es que la limitación a la presencia humana finalmente convirtió a la región en un paraíso natural
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