Con tono caribeño, la buena onda se tira desde el Delta
Ya está en funcionamiento un nuevo hotel, Puerto Ayé, situado en el cruce del Paraná de las Palmas y el arroyo Cruz Colorada
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Acaba de inaugurarse con el nombre de Puerto Ayé (fonética de la voz portuguesa-brasileña que alude a las buenas ondas) justo donde se juntan el Paraná de las Palmas y el arroyo Cruz Colorada y en lo que fue el viejo recreo Crovetto de principios del siglo que comienza a irse.
Se trata de un hotel con el estilo y los servicios que aspira lograr un tono caribeño, construcción todo a nuevo en un predio silvestre de 6,5 hectáreas en el extremo de una península con doscientos metros de frente (y playa de arena), sobre el Paraná de las Palmas.
El arroyo, que tuerce y queda a espaldas del lugar (conecta con el Espera, el Carapachay y el Luján), hace de puerto calmo y seguro, con amarras para los navegantes urgidos por apetito marinero y afán de pasar un día de pileta.
También es posible hospedarse para descansar, divertirse, aprender a bailar merengue y salsa, por ejemplo con el moreno y cubanísimo Jackson o con su connacional Javier, un par tan sólo entre un plantel de casi 20 asistentes que comanda la joven directora Ivone Franco (de 28 años), que le imprime al lugar un ritmo de actividades y entretenimientos joviales y permanentes.
Puerto Ayé quedó inaugurado hace una semana y, gracias a las tarifas promocionales, también estuvo cubierto para fin de año.
Impagable ventanal
De las veintinueve pulcras habitaciones con buen confort, aire acondicionado, baños impecables, las que se privilegian en el piso superior son un oteadero ideal de la naturaleza que rodea el lugar, ventaja que se multiplica en dos amplias suites con ventanales panorámicos, desde donde se avista la amplitud del río, allí con 800 metros hasta la costa vecina, no lejos de El Tropezón, el viejo río-hotel donde se suicidó Leopoldo Lugones.
Hay salones para desayuno y bar, amplio comedor, además de sala de reuniones, y un gran salón de eventos.
El gimnasio cuenta con una pequeña pileta relax y sauna. Además de muchos senderos de hormigón a nivel del piso de la isla, existen unos caminos aéreos de malla metálica y en forma de pasarelas que incluso llevan a los amarres del arroyo Cruz Colorada -a un paso- en caso de crecidas.
Hay una cancha de tenis de piso de cemento, una de beach-voley y otra de basquet. Los hospedados tienen sin cargo una excursión de media hora, las clases de gym y de baile, caminatas y otras actividades.
La tarifa del hospedaje promedia los 90 pesos por día, por persona, con cena y desayuno tropical del día siguiente, y siempre que se combine con reserva adecuada, incluye también el traslado en lanchas propias, que acorta a la mitad el viaje en lancha colectivo (una hora y media en la línea Delta Argentino), pero también se puede usar el day-us , que habilita para el uso de la pileta e instalaciones, almorzar y tomar una habitación, aunque no se pase la noche en el lugar.
Las reservas se hacen en las oficinas de Tigre por el 731-6632 o directamente a la isla por el 728-1118/1257.
En un aparte de Puerto Ayé queda lo que fue el viejo recreo Crovetto, de una familia pionera, que a principios de siglo, y en sociedad, tuvo también el recreo Cruz Colorada.
Fue también este lugar el puerto elegido por Santiago de Liniers cuando navegaba con su sumaca desde las tierras jesuíticas que administró en nombre de la Junta de Temporalidades, aguas arriba.
También fue el sitio donde la esposa del héroe de la Reconquista tuvo a su última hija (murió pocos días después) y, seguramente, donde habrá hecho un alto con la flotilla que en agosto de 1806 trasladó a la tropa que batió a los invasores ingleses.






