
Consejos para no andar a los tumbos en el primer crucero
Como en el primer día de clase, los novatos en estos viajes tienen mucho que aprender
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NUEVA YORK (The New York Times).- El primer crucero es como el primer día de clase, o de campamento, o como el comienzo de un nuevo trabajo. Uno no sabe exactamente a qué atenerse -más allá de suponer cuáles son las reglas-, y está ansioso por temor a cometer algún error o parecer novato ante la misma gente con la que tendrá que verse durante un tiempo.
Si bien los expertos no siempre coinciden, hay una cosa en la que sí están de acuerdo: la persona que está decidida a hacer un crucero por primera vez debe ser asesorada para tomar el barco correcto; la frase que utilizan con mucha frecuencia los agentes de viajes es el cliente debe estar preparado . Es decir, por ejemplo, si el pasajero está acostumbrado a pasar horas frente al televisor, es probable que prefiera dedicarse a la lectura, tranquilo en su balcón, y evitar demasiadas reuniones sociales.
Desde luego, los agentes tienen sus motivos (comisión) para hacerse sentir indispensables, aunque en el caso de los cruceros en particular, sus opiniones tienen peso. Si un pasajero potencial no recibe recomendaciones de un amigo, un buen agente de viajes puede quitarle la angustia. Por ejemplo, si la consulta se realiza por teléfono, habrá que hacerle al interesado un par de preguntas que quizá resulten indiscretas como ser, la movilidad de dicha persona, al no poder verla.
Algunas precauciones
Alguien con problemas de rodillas no podrá subirse a los botes inflables, que algunos barcos utilizan para las excursiones en la costa; o los hombres que no están acostumbrados a usar corbata pueden sentirse incómodos sentados a una mesa con seis tenedores.
Sin embargo, no todos los expertos coinciden con el tiempo ideal para un primer crucero. Hay quienes aconsejan una prueba de tres o cuatro días; otros, una semana.
Con respecto al recorrido, algunos recomiendan comenzar por el Caribe saliendo de Florida, porque hay más puertos de escala, son más económicos y se baja del barco todos los días.
Los pasajeros deben hacerse a la idea de que el barco es su destino. Quienes toman un crucero por primera vez deben quitarse la idea de ver una isla. Aruba es un lugar fantástico, pero los pasajeros permanecen en tierra entre seis o diez horas. ¿Qué van a hacer? ¿Ir a la playa? Son los días a bordo los más placenteros.
Todos los agentes aconsejan respetar las comidas. Ahora los barcos están equipados con más comedores, con distintos niveles de formalidad. Pero la costumbre de la cena principal a las 18 y el horario más tarde de las 20 sigue vigente. Las personas mayores o las familias con chicos optan, generalmente, por el primer turno.
Se recomienda a los pasajeros novatos confirmar la mesa y el número de comensales. Se pueden pedir cambios, aun a última hora. Si el pasajero desea una mesa para dos, puede pedirla, aunque los agentes de viajes coinciden en que las buenas amistades se entablan en las mesas de ocho: cuando son cuatro pude resultar que a uno no le guste la otra pareja, y en el caso de seis, puede darse que los otros cuatro sean dos parejas que se lleven muy bien y dejarlos a ustedes fuera del grupo. Ante cualquier problema, se aconseja pedirle un cambio al ma”tre en forma inmediata.
Sin horarios rígidos
Los comedores alternativos son un descanso, tanto para evitar los horarios rígidos como para deshacerse de algunos compañeros de mesa. Los expertos recomiendan dar propina al mozo en estos comedores puesto que por lo general no está incluida en el precio. Cualquier dinerillo extra que se dé, especialmente en la mano, siempre es bien recibido. Un agente nos comentaba que él comenzaba sus cruceros dándole 20 dólares al camarero, para asegurarse una buena atención.
Desembarcar al final de un crucero es lo más desagradable del viaje, todos coinciden en esto. Los camarotes están por lo general divididos por números o colores y una familia no puede desembarcar hasta tanto no sea llamada. Los expertos recomiendan tomarse todo el tiempo necesario en el desayuno y evitar detenerse en los pasillos. Llevarse un libro, tomarse un café, relajarse. Aun si llaman a su color, no es necesario presentarse en forma inmediata.
A todo esto, un consejo personal: no sea tacaño cuando compre fotografías a bordo, nunca podrá resarcirse si pierde la oportunidad. Ah, sí, lleve su cámara en el simulacro de emergencia cuando suba al bote salvavidas. Alguien de la tripulación lo retratará con todo el equipo puesto.
Canilla libre de tragos
Al igual que el casino, que funciona cuando la embarcación está fuera de las tres millas de exclusión, beber con libertad puede sorprender a quienes navegan por primera vez. El whisky en el desayuno parece no atraerlas a muchos. Una pareja que disfruta de la piscina puede gastar hasta 50 dólares diarios en daiquiri de frutilla, a 6 el trago. Hay quienes prefieren llevar una botella a bordo y tenerla en el camarote para tomar un trago ocasional en su balcón.
Quienes toman vino para acompañar las comidas y no están seguros de pedir una botella por temor a no terminarla, pueden solicitar que se la guarden para la próxima cena; siempre es mejor que pedir vino suelto. En el caso de los chicos, algunas líneas ofrecen canilla libre de gaseosas por, quizá 3 dólares diarios.
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