
Conserje del amor
En Los Cabos, México, Esmeralda Silva se especializa en producir momentos románticos
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En la carrera por ofrecer el servicio más personalizado y novedoso, los hoteles de lujo alrededor del mundo han incorporado en los últimos tiempos personal especializado en asistir al huésped hasta en sus más específicas demandas.
Así fueron apareciendo los mayordomos de dedicación exclusiva, los personal shoppers (que ayudan con las compras) y los conserjes de mascotas (para resolver cuestiones de perros y gatos, por ejemplo), entre otras innovaciones.
Uno de los más curiosos títulos entre estos nuevos oficios en la industria hotelera es el de director de romance, que no es otra cosa que un asesor siempre listo para ser consultado en cuestiones románticas, cuyas actividades pueden variar desde la producción de una velada intimista hasta la puesta en escena de una propuesta matrimonial de película.
La de director de romance es una posición frecuente, sobre todo en resorts u hoteles de destinos clásicos para luna de miel. Ese es el puesto de, por ejemplo, Esmeralda Silva en Las Ventanas al Paraíso, famoso y exclusivo resort de Los Cabos, en la costa oeste de México.
"Me encargo de crear experiencias únicas para nuestros huéspedes, tratando siempre de ir más allá, de superar sus expectativas", explica a LA NACION esta mexicana que llegó a esta instancia después de varios años como wedding planner ; es decir, organizadora de casamientos.
Esmeralda se toma muy en serio su tarea. En una ocasión, por ejemplo, invitó a una pareja de huéspedes a dar un paseo en helicóptero y a sobrevolar un sector de la playa donde, con la complicidad del novio, la directora de romance había dejado escrito en la arena con letras gigantes hechas con flores la pregunta del millón: ¿Te quieres casar conmigo? En el helicóptero había una botella de champagne.
Otra vez, a otros enamorados les preparó todo para una comida a solas en la playa. Después del postre, un jinete montado en un caballo blanco se acercó al galope hasta la mesa. Este hombre se bajó, se inclinó ante la dama y le ofreció un anillo de parte del romántico comensal, que aprovechó el momento vulnerable para pedirle su mano.
"Hasta ahora nunca he tenido un no", asegura Silva, invicta y segura de la eficacia de sus planes a la hora de concretar compromiso.
Hombres con dudas
La organización puede llevar meses. Al recibir la reserva, el resort consulta al huésped si los visitará para celebrar algo especial y si precisará asistencia especial para hacerlo. Esmeralda comienza entonces a indagar sobre el perfil de la pareja para diseñar una estrategia que incluirá un tipo de flor, cierta música, determinado perfume y otras variables.
Siempre hay un cómplice, que demanda el servicio para sorprender a su pareja, sin cargo extra (salvo por los gastos de producción) en el caso de Las Ventanas. La mayoría de las veces es el hombre, aunque algunas mujeres también toman la iniciativa. "La mujer tiende más a la proactividad y tiene más claro lo que quiere. Los hombres, en cambio, llegan como atemorizados, con bastantes dudas; todo esto les resulta más complicado y necesitan mayor orientación", describe Esmeralda, que generalmente presta sus servicios para pedidos de mano y en festejos de aniversarios. Toda solicitud, incluso la más extravagante, es atendida. "Aquí no existe la palabra no. Nuestra filosofía es impactar..."
Ahora, el problema lo tiene el novio de Esmeralda, que también vive en Los Cabos. "Todavía no estoy comprometida, así que vamos a ver qué hace para sorprenderme -confiesa a LA NACION-. Lo bueno de mi trabajo es que me enseñó que siempre hay un pequeño detalle que uno no imagina y que puede emocionar..."
CINE EN LA PLAYA Y COMIDAS A LA LUZ DE LA LUNA
"Una de las situaciones más originales que montamos en el hotel fue invitar a una pareja a ver una película en un plasma que pusimos en la playa, de noche, ante un camastro -recuerda Esmeralda Silva-. Pero en vez de una película era una producción nuestra con fotos de la pareja, que terminaba con una propuesta de casamiento de él a ella." El efecto es similar al de las cámaras ocultas televisivas.
Otra de las opciones que la romántica especialista repite es la llamada hombres de blanco. "Nos llevamos a la mujer con alguna excusa inventada y luego la conducimos, sin saber qué le espera, hasta nuestro Jardín de Hierbas -relata-, un lugar realmente bellísimo y ambientado con suave música. Allí está su pareja vestido de chef, junto con nuestro cocinero, que aquí actúa como su asistente. Entonces cenan a la luz de la luna lo que el caballero haya preparado para ella."
En ocasiones, los huéspedes no sólo piden colaboración al hotel para preparar una comida o prever una ambientación especial, sino que solicitan ayuda incluso para redactar el mensaje de amor más efectivo. "Algunos huéspedes saben qué quieren decir, pero no cómo decirlo -explica Esmeralda-. Entonces los orientamos. Tenemos la literatura correcta para hacerlo..."
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