
¿Cuánto está dispuesto a pagar por esto?
La pregunta más escuchada en los zocos o mercados, donde todo es negociable
1 minuto de lectura'
MARRAKECH.- Internarse en los zocos (mercados) que flanquean la plaza Djem´a el-Fna, en la ciudad amurallada, es uno de los paseos imperdibles que, lamentablemente, no podrá concluir en una mezquita dado que está prohibido el acceso a los no musulmanes. La que se ve desde todo ángulo es la Koutoubia, del siglo XII, que sirvió de modelo para la Giralda de Sevilla y que es un punto de referencia.
Los zocos siguen siendo un mundo de gente, pero distribuidos en calles y pasillos bajo techo dónde es fácil perderse. La ropa cuelga de todos lados, hasta sobre la cabeza, lo mismo que las alfombras, y cada vez que se cambia de sector se percibe algo parecido a un déjà vu.
Allí se puede comprar de todo, regateo mediante. Hay sectores dedicados a las babuchas (zapatos artesanales bordados), a las túnicas y otras prendas que hoy son tendencia mundial. No por nada la firma Cheeky hizo su campaña gráfica por estas calles. Además se venden alfombras, especias, artículos de cuero de cabra y oveja, además de zocos de los tintoreros y del cobre.
Seguir la corriente
Para llegar a todos estos lugares seguramente se necesitarán muchas indicaciones, varios días de visita, o mejor, ir con guía acreditado. Por ese motivo, cuando algo gusta hay que comprarlo en el momento. Nunca se sabe si se va a volver a dar con lo mismo.
A la hora de las compras también hay que tener en cuenta que no hay otra opción que el regateo. Como las cosas no tienen marcado el precio, al preguntar el costo, los vendedores suelen dar cifras astronómicas. Casi un 100% más, y en euros. Es como un juego: y uno, que ante esa cifra abultada ofrece mucho menos (lo que en verdad cuesta) y termina mostrando desinterés, es retenido por la pregunta más escuchada: ¿Cuánto estaría usted dispuesto a pagar por esto? Y así corren los minutos hasta que el vendedor cerrará trato dando un apretón de manos por el precio que uno había propuesto media hora antes.
Así, sin rumbo, se va entrando de una galería a otra, como arrastrado por la corriente, entre el tumulto de la mercadería y de las motos que siempre hay que esquivar. Y poco a poco uno empieza a darse cuenta de que el caos no es para tanto, de que regatear es entretenido, que el jugo de naranja es cada vez más rico, que uno se adaptó un poco y que la fecha del pasaje de vuelta es al día siguiente.
1
2Irán atacó barcos comerciales en el estrecho de Ormuz y apuntó al aeropuerto de Dubai: “Prepárense para el petróleo a US$200”
3Negocio: un empresario se asoció con un fabricante chino y arma equipos a la mitad del precio del mercado
4La inesperada respuesta de Guillermo Francella, tras los rumores de romance con Elba Marcovecchio



