
De cabeza a las olas de Porto Seguro
En esta ciudad, al sur de Salvador, los paisajes de palmeras y las aguas cálidas están cerca del centro y las buenas fiestas
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PORTO SEGURO.- En una primera aproximación se puede decir que Porto Seguro es para los que buscan un paisaje de palmeras y aguas claras y templadas sin estar alejados de las comodidades de la ciudad, con circuitos culturales durante el día y una buena dosis de ruido por las noches. Es decir, una especie de Edén, pero no muy rústico ni tan lejos del centro. La ciudad está abierta todo el día y las ofertas de paseos son numerosas.
Bien temprano -porque cerca del mediodía el calor es abrazador y el resplandor talla arrugas en la cara-, después de un generoso café da manhá, el centro histórico levanta la mano para ubicarnos en tiempo y espacio, y contarnos a la sombra de un inmenso gomero, entre iglesias y casonas de 300 años, el pasado de la ciudad.
Por el año 1500, en un desvío de su viaje a la India, Pedro Alvarez Cabral encontró un Porto Seguro para anclar sus naves gracias a la existencia de casi un kilómetro de arrecifes de coral que apaciguaban la furia del mar. A esta zona, por donde los colonizadores entraron en Brasil, se le llama Costa del Descubrimiento y se extiende desde Santa Cruz Cabralia hasta el monte Pascoal, cerca de Caraíva.
En un recorrido por el casco viejo, declarado Monumento Nacional en 1973, se ven tres de las iglesias más antiguas de Brasil -Nossa Senhora da Misericordia (1526), Sao Benedito (1549) y Nossa Senhora da Pena (1730)-, y cerca de 40 casas históricas, entre ellas la del médico formado en Portugal Antonio Ricaldi, primer nativo de Porto, y la del cantante Gilberto Gil.
El circuito es corto, pero la cantidad de puestos de artesanos, una repentina roda de capoeira o algún niño de la tribu de los pataxós vendiendo brazaletes de plumas o instrumentos de percusión le agregan un buen rato. Unas paradas más y... vamos a la playa: para ver cómo se procesa el fruto del cacao hasta convertirlo en polvo o para comprar el poderoso licor de jenipapo, según dicen, un afrodisíaco sin parangón.
En Porto las mejores playas están hacia el Norte, porque cerca del centro desemboca el río Buranhém y enturbia el verde del mar.
Itacimirim, Mundaí y la más extensa, Taperapuán, con tres kilómetros de aguas transparentes. En el recorrido por las playas vale una parada en Coroa Vermelha, para visitar el Museo do Indio y comprarles artesanías directamente a los pataxós.
La noche de Porto comienza temprano, con una capeta tras otra (batido con vodka, miel, canela, leche condensada y guaraná en polvo), en el Passarela do Alcool. Ese nombre, que ya puso las cartas sobre la mesa, es una mercado a cielo abierto de artesanías y tragos subidos de tono. Por aquí desfilan, religiosamente, los turistas desde el atardecer hasta la medianoche. De ahí en más, cada madrugada sorprende en una playa y una fiesta distinta. El final y la compañía lo escribe cada uno.
Arraial d´Ajuda
Los más curiosos, en busca de un reducto íntimo, pueden tomar a Porto como un puerto seguro desde donde partir hacia playas y pueblitos cada vez más alejados y solitarios.
Después de cruzar en balsa el río Buranheim se abren las puertas del Sur y hay que estar listo para acercarse a la naturaleza.
Hace menos de 10 años Arraial d´Ajuda era un pueblo con algunas posadas, un par de barracas (paradores) en la playa y pocos habitantes. No había cambiado mucho desde los años 70, cuando los hippies lo descubrieron haciendo la ruta de Arembepe. Pero desde hace un tiempo se transformó en el refugio de muchos brasileños -y cada vez más argentinos- que van en busca de una vida más tranquila, alternativa para el stress urbano.
Así, aunque es un lugar rústico las opciones de diversión y la infraestructura en general se fue sofisticando con los años. Hoy, el público más joven no duda en cambiar Porto por Arraial. Los bares de reggae y jazz, las luces bajas y el estilo menos masivo en los servicios son la clave.
Angosta y llena de barcitos
El pueblo está en lo alto de un acantilado, a 4 kilómetros de la balsa, y tiene un centro histórico en torno de la iglesia colonial de Nossa Senhora d´ Ajuda, el santuario mariano más antiguo de Brasil.
Unas cuadras más adelante, justo después de la plaza, la avenida Bróduei -igual que la Broadway de NY- es la arteria comercial de Arraial. Angosta y repleta de barcitos, cibercafés y tiendas de ropa y artesanías... es imposible no darse una vuelta cuando cae la tarde. ¡Hasta tiene un cruce con la 5ta. Avenida!
Muy cerca, la bajada de Mucugê creció tanto que hoy exhibe su shopping con coquetos negocios de decoración, bikinis coloridas y un escenario para bailar forró, la danza más popular desde hace algunos años. Bien abajo se llega a la playa Mucugê, con una barraca al lado de la otra y gran cantidad de servicios por su cercanía con el centro. Pero enseguida, sólo unos metros más allá los paradores aparecen cada tanto y la playa continúa por doce kilómetros, hasta Trancoso. Caminarlos es la mejor forma de conocerla y descubrir los acantilados rojizos que la enmarcan.
Datos útiles
Porto Seguro
Cómo llegar
Un pasaje de Buenos Aires a Porto Seguro, de ida y vuelta, cuesta 870 dólares, en temporada alta.
Paquete
Un programa de 7 noches para enero, con aéreos, alojamiento con desayuno, cuesta desde US$ 780; con base en Arraial, US$ 900.
Buggy
Es una buena forma de recorrer la zona e independizarse de los tours. El alquiler diario cuesta desde 20 dólares.
Noche
Cada día hay una fiesta con un ritmo propio en una playa diferente. Son recomendables las de Axé Moi, con danza axé en vivo y fógon en la playa, y la de Barramares, con un casamiento gitano y grupos de capoeira. La entrada cuesta 6 dólares.
En Internet
https://www.portoseguro.com
https://www.portonet.com.br
Arraial
Balsa desde Porto
Parte durante todo el día, cuesta 0,50 dólar el cruce. Durante la noche pasa cada hora.
Paradise Water Park
Este parque acuático es la llave para ganarse la adoración de los más chicos (al menos por un rato). Tiene varios toboganes, altos y enrulados y piscinas con olas. Abierto todos los días, de 10 a 17. La entrada cuesta US$ 13 para adultos y 7,50 para chicos que midan hasta 1,30 m.
Clásico
El restaurante Paulo Pescador, en la plaza São Brás, es uno de los más tradicionales. Los platos son abundantes y vienen con arroz, farinha y ensalada. Moqueca (guiso) de camarón con leche de coco US$ 7.
Playas y paradores
Mucugê: es el que eligen los que disfrutan de tener vecinos y shows en la playa. Igual que los de Porto Seguro, es muy concurrido y durante la temporada conviene hacer los pedidos para comer antes de tener hambre, porque entre el ritmo bahiano y la demanda, hay que esperar más de lo que uno quisiera.
Parracho: lleva el nombre de una de las barracas, famosa por las fiestas nocturnas, con capoeira y lambada. Durante enero, también hay campeonatos de fútbol, windsurf y kayak. En el parador Tem q´ da tienen una muqueca mixta, de camarón y pescado, que cuesta 8,50 y es para compartir entre tres personas. También hay self service, por US$ 3, el kilo.
Pitinga: está justo después de la punta, cuando termina la bahía, es la más solitaria, tiene 6 paradores, con axé y reggae. Se alquilan kayaks por 2,50 la hora.
Excursiones
Desde Porto, Arraial o Trancoso hay circuitos de dos días con alojamiento y paseos, desde US$ 60. Informes para ésta y otras excursiones: https://www.arraialplus.com
https://www.trancosoreceptivo.com
En Internet
https://www.arraialdajuda.com
https://www.guiasol.com.br






