
Defendete pero no la devuelvas
1 minuto de lectura'
Defendete pero no la devuelvas.
Me pareció un buen título para el texto que estaba saboreando mientras volvía del jardín a casa, el jueves pasado.
Venía de presenciar una escena entre maestra o seño (¿qué tiene de feo llamar "seños" a las seños?) y mamá conocida.
Seño le pedía a madre que por favor "no le diera permiso a su hijo para pegar".
Madre se justificaba: "ya volvió varias veces a casa con arañazos. No me gusta que a mi hijo le hagan bullying... Si está en la selva, tengo que enseñarle a que se defienda."
Pude sentir la angustia de la madre. Pude perfectamente identificarme con su temor... y con su deseo de enseñarle a su hijo a ser fuerte, a protegerse de cualquier hostilidad del medio, del afuera, de otros seres.
Ninguna de nosotras quiere que nuestro hijo sufra por débil.
Y sabemos que la vida presenta un abanico de desafíos vitales... un abanico de hostilidades.
Es decir, muchas veces esos desafíos vienen en formato de piña, de empujón, de provocación, de burla, de soberbia... de otro que jode, que no comprende, que re-produce un daño que probablemente haya recibido por otro lado (pero no nos vayamos tan lejos...)
El punto, el caso, la cuestión, el quid de la cuestión... ¡Qué sé yo cuál será el quid de la cuestión! Les cuento cuál fue el quid de la cuestión que yo encontré. Que estoy encontrando.
(Ah, sí, todo lo que trabajo con mis hijas, todo lo que se manifiesta en sus vidas, espeja un ejercicio a realizar en la mía. O al menos se traduce, se puede traducir en un ejercicio. En un posible aprendizaje).
¿Cuál era el quid?
Bueno, sí, el titulo. ¿Era muy obvio? Defendete, sí. Devolver, no.
Hay una enorme diferencia entre una reacción protectora... y "un ojo por ojo, diente por diente".
Una cosa es improvisar una defensa (me imagino como símbolo una postura de karate básica, el antebrazo sobre la cabeza)... y otra cosa es pegar después de haber sido golpeado.
Entiendo que puede haber algunas situaciones que se presten a confusión: donde la única defensa posible sea a su vez, inevitablemente, una agresión.
Pero en muchas otras situaciones podemos poner, establecer, acordar un límite. Una frontera...
Entre 1) evitar el impacto de la agresión... y 2) entrar en el juego. Devolver con la misma moneda. Perder energía en una dinámica de conflicto, de irreconciliable diferencia.
Creo que si uno/a lleva el propósito de permanecer en la propia calma, en el propio clima, hasta sus últimas consecuencias, si uno es coherente con esa premisa, naturalmente no devuelve.
Eso no significa no ver lo que pasó. No juzgarlo. Callárselo. Negarlo.
No. El otro vino y me pegó.
El otro se despertó con un humor de perros y ni bien tuvo la oportunidad de descargarse con alguien, me bufó, me ladró.
Eso ocurre. Y no está bueno.
O sea, si pretendemos vivir con cierta armonía y hay que trazar una línea en el pizarrón entre lo que SÍ ESTÁ BIEN y LO QUE NO, LO QUE TODOS QUEREMOS Y LO QUE NO (estas reglas son fruto de un contrato colectivo) deberíamos poner de un lado RESPETO. Y del otro, DAÑO.
Entonces, si alguien acusa recibo de una agresión, si alguien se siente agredido, toma distancia, pone un brazo y se abre.
En el caso de los chicos, es importante recurrir inmediatamente a la docente. Para que restaure el orden desde un discurso, para que rete, para que calme los ánimos. ¡El chico que está agrediendo probablemente necesite más contención que el resto!
En el caso de los grandes, hay un orden de leyes... para situaciones que se van del diálogo.
Está la instancia del diálogo... que requiere lucidez, eje, calma. O sea, que probablemente no pueda darse en el mismo momento en el que la agresión sucede.
Y también, como tercera vía o como vía que se complementa con cualquiera de las 2 previas (y éste es el ejercicio que yo estoy practicando): hay un me-quedo-afuera...
...de-esta-película.
No me voy a sentir ni agredida ni víctima ni pobrecita.
El otro está mal, por lo que fuere, no me lo voy a tomar de un modo personal.
No voy siquiera a darte espacio en mi cabeza, en mi mente... para recrearte como un villano. O como un jodido.
Allá vos y tus papeles.
Me ocuparé de auto-proveerme todo lo que necesite para estar bien, para que los "míos" estén bien. Y a actos necios, ojos despiertos.
Es más, intuyo que si me instalo muy a mis anchas en este lugar, muy probablemente la vida me depare sorpresas.
Y aquel que ayer me amenazaba con un puño tal vez hoy me abrace. Y hasta me diga gracias.
...
Ah, sí. Entiendo que esta última vía sea compleja. Lo entiendo.
(Y que requiera ejercicio + tiempo + paciencia...)
De momento, sigamos pensando:
"Defendete pero no la devuelvas", ¿ustedes qué piensan?
PD: ¡Buen martes! Y como siempre, para escribirme por privado, me encuentran en FB






