El lado B de las calles de San Francisco
Después de ver el Golden Gate y Alcatraz, vale asomarse por paisajes que no salen en las postales
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SAN FRANCISCO (El Mercurio, de Santiago).- Medianoche en Columbus Avenue. Sólo las licorerías y algunos bares siguen abiertos. En un viejo edificio verde de esta calle, el Sentinel, se pensó y editó buena parte de la saga El Padrino. En un restaurante cercano, el Vesubio, Jack Kerouac prefirió seguir emborrachándose y no conocer a Henry Miller. Al frente de ese local, en el Condor Club, una señorita llamada Carol Doda realizó el primer striptease del que se tiene registro. En la plaza que está más allá, la Washington Square, una cápsula que contiene un par de Levis, una botella de vino y un poema espera bajo tierra a que llegue el año 2079, momento en que será abierta. En la iglesia que da a esa plaza, un beisbolista de origen italiano se fotografió con su flamante esposa, una chica bipolar cuyo nombre artístico era Marilyn Monroe. En el suelo, a los pies del viejo edificio verde, una placa recuerda a los mineros chilenos que alguna vez vivieron aquí, en un barrio llamado Little Chile. Vida y milagros de apenas una calle en San Francisco.
Columbus marca el límite, un difuso límite, entre Chinatown y North Beach. Es decir, entre el Barrio Chino y el Barrio Italiano de San Francisco. El olor del pan con ajo se mezcla con los vapores del dim sum y los viejos bachichas que toman expresso se confunden con los venerables ancianos que juegan mahjong. Eso es de día. A medianoche, los habitantes de Columbus son otros: vagabundos sin casa esperando nada y mozalbetes en juerga esperándolo todo. En la esquina donde Columbus se cruza con Broadway. Fue allí donde ocurrió aquel primer striptease, aunque ahora el Condor Club, justo en la esquina, es un respetable bar con memorabilia deportiva y unos pocos locales de Broadway continúan con la tradición. Pero un peregrinaje, aunque frustrado, sigue siendo un peregrinaje. Los chicos ingresan en alguno de los clubes, miran a las bailarinas y se retiran satisfechos. Ya cumplieron con esa parte del rito. Lo más probable es que luego enfilen hacia SoMa, el barrio de las discotecas, y otra estación más en el agradable rito de conocer San Francisco.
Viejos conocidos
Hay estaciones obvias. Fisherman´s Wharf, el barrio de tiendas y restaurantes cazabobos con vista al ex presidio de Alcatraz, es una de ellas. Alcatraz mismo, a 16 dólares el tour, es otra. Lo mismo corre para los famosos cable cars en la estación de la calle Powell. Y para la foto de rigor en el puente Golden Gate, y la remera que hay que comprar en Haight, cuna de la revolución hippie. En una primera visita, todas esas actividades son completamente válidas y dejarán un sabor agradable incluso en un visitante exigente. Pero resulta evidente que San Francisco es mucho más que una postal. La idea es justamente dar vuelta esa postal y ver qué hay del otro lado.
Al otro lado, por ejemplo, uno se encuentra con Carol Doda, pionera del striptease y pionera también en lo de meterse bisturí. Hoy, la respetable señora Doda se sacó los implantes y es propietaria de una tienda de lencería en el 1850 de Union Street, uno de los distritos elegantes de la ciudad. La calle Union cruza casi todo San Francisco, pero el sector que vale la pena conocer es el que está al oeste de Van Ness, una de las avenidas grandes y buena referencia para ubicarse. En Union uno encuentra primorosa ropa para niños, jugos con ginseng de Siberia, pequeños y exclusivos talleres donde muestran su trabajo los mejores diseñadores locales y gente verdaderamente linda.
Señoras moldeadas en gimnasio que pasean guaguas de comercial de pañales. Atléticos sujetos esperando que llegue el productor de alguna película. Chicas auténticamente californianas. Perros más limpios que uno. Y así.
La hora apropiada para ir a Union es el mediodía. Es cuando hay más movimiento. Pero eso no significa aglomeraciones. Como se trata de un barrio sin atracciones de las grandes, la cola para comprar una botella de agua es sólo un mal recuerdo de los distritos verdaderamente turísticos. Mediodía también es un buen momento porque es la hora en que abre (el segundo y cuarto jueves de cada mes) la Casa Octogonal. En algún minuto del siglo XIX, ciertos arquitectos pensaron que una casa con ocho lados era lo más saludable para el hombre y se pusieron a construir curiosas viviendas de ocho caras, onda feng shui occidental.
En San Francisco quedan dos de ellas y solo ésta, en el 2645 de la calle Gough -cerca de la esquina con Union-, recibe visitas.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión US$ 1200
El pasaje de ida y vuelta, en avión, desde Buenos Aires hasta San Francisco, con tasas e impuestos.
Alojamiento
El Chateau Tivoli es un bed breakfast en una casa tipo castillo francés, de 1892. Lo consideran una de las casas más bellas de la ciudad. Desde US$ 100, 1057 Steitner; (1-415) 776 5462. El Golden Gate Hotel está en Nob Hill, una de las áreas más lindas y elegantes de la ciudad. Desde US$ 85 la noche, 775 Bush; (1-415) 392 3702.
Gastronomía
San Francisco tiene más de 4000 restaurantes. En los que están de moda se paga a partir de US$ 20 y US$ 30 por persona. Fleur de Lys es el mejor restaurante francés de la ciudad (777 Sutter). Para comer las mejores pastas, Basta Pasta (en 1268 Grant), desde US$ 10.






