
Fuerza bruta
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Sentada en la mesa de una cafetería palermitana, me dispongo a leer la novela, cuando vuelvo a escuchar que China me llama:
"Mamá, Lupe..."
Lupe se está peleando con una nena de su edad, que a simple vista, parece tener tanto o más carácter que la mía. El motivo de la disputa es un juguete, como siempre. Sí, mientras una se pide un café y/o una medialuna y osa distraerse, las tiranas juegan a pocos metros en un espacio especialmente acondicionado pa los nenes. Las mayoría de las veces hay una joven, Guada, que los cuida, pero todo indica que ahora la chica terminó su trabajo o subió al baño, o tal vez ande comiendo algo por otro lado... porque las criaturas están solas (a su suerte*).
Entonces me levanto, le digo "Lupe, vamos, comportate, mi amor... Nada de andar pellizcándose ni empujándose. Compartan el juguete, un rato ella, otro rato vos..."
A los segundos vuelvo a la mesa, me siento, me pongo de pie de nuevo, deambulo hasta la puerta, busco restos de algún diario en condiciones, y termino agarrándome una Revista Ohlalá vieja (no recuerdo ni el año). "No voy a poder concentrarme demasiado, así que mejor hojeo..."
Y de puro hábito, en lugar de empezar por el comienzo, empiezo por atrás. Y doy con una sección en donde se publican algunos secretos de comentaristas de la página, según entiendo. Una lectura apropiada, facilísima. "Uh, esta chica comentaba en mi blog, mirá... Y merrywidow, sí, ella también, la antropóloga... Ajá... Cada tanto vuelve". Me cuelgo.
Y en eso ya no es China sino un adulto el que me chista, sumado al ruido de un llanto de una nena (ajena). Levanto la cabeza y tardo unos segundos en entender qué pasa. Por suerte, nunca faltan esas niñas de 6, aplicadas y pelilacias que, con lujo de detalle, vienen y te cuentan: "la otra nena agarró la muñeca y ella (por Lupita) le pellizcó con la mano... así, en el labio." Y cuando miro de cerca a la víctima -corriendo en busca de su madre- le veo el labio con sangre... "¡Oh!"
"¡Pero no es nada, quedate tranquila!", me dice la mamá de la niña; "la mía es brava también", me consuela. Por un momento llego a pensar que quizás es una lectora del blog, por eso la buena onda... pero no, no creo, creo que es una mujer relajada o que por lo menos en público se toma el asunto con calma.
Finalmente vuelvo a mi mesa entre avergonzada y perpleja. Alzo a tirana, la siento en su coche y la miro fijo: "¡¿qué te está pasando, Lupita?!" Y por dentro, pienso: "Uh, cómo era esto, ya ni recuerdo, ¿cómo era esta etapa en la que los nenes todavía están amasando el habla y recurren a su fuerzas?" Y luego, al rato, todavía confundida, me pongo de pie, le estiro la mano a mi hija..."y dale, mi amor, vayamos a jugar y cerremos la revista".
¿Qué me cuentan ustedes de esta etapa? ¿Recuerdan algún mordisco o pellizcón papelonero que sus hijos dieran o recibieran? ¿Cómo fue la experiencia?
*una manera de decir.
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