
Hawai dice aloha al ritmo del hula-hula
Estas islas hacen olas con su bienvenida y ofrecen un mar de posibilidades para surfear como un príncipe polinésico
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HAWAI (El Tiempo, de Bogotá. Grupo de Diarios América).- Para quien sabe apreciar algo más allá de los espectaculares paisajes, las playas seductoras y la modernidad de los lujosos hoteles y resorts o de los grandes centros comerciales, sin duda el mayor encanto de las islas del archipiélago hawaiano es lo que llaman allá el espíritu aloha . (Aloha se traduce: bienvenido.) Y antes que una simple alegría de bienvenida y de buena onda hacia el visitante, es una simpatía innata y un interés por atenderlo y procurarle la mejor estada allí, que se acerca mucho a la hermandad.
El hawaiano es ante todo un ser humano bello, espiritualmente cercano y cálido. Esto es saber de hotelería y turismo: dar bienestar es algo que no se paga ni siquiera con propinas.
Además, los encantos geográficos de las islas, que conforman el Estado número 50 de los Estados Unidos y la infraestructura de comodidades que se ha desarrollado para el turista, son razones de bastante peso para querer ir hasta allí. Hay mucho para ver y disfrutar en Hawai.
Oahu es una de las cuatro islas mayores que conforman el Estado; junto con Kauai, Maui y Hawai, esta última, curiosamente, es la que le da nombre al archipiélago y la más grande, aunque no la más visitada.
Pese a su lejanía, quién no ha oído de esta suerte de Miami en el Pacífico, después de la serie televisiva Hawai 5-0 (que no se trataba de fútbol, sino de policías); de La Isla de Gilligan ; de Magnum , que protagonizó Tom Selleck: de Jurassic Park , de Steven Spielberg, y de Mundo Acuático , con Kevin Costner.
Quién no habrá escuchado hablar del hula-hula, que originalmente se llama hula, y lo bailan bellas y bronceadas asiáticas al ritmo de un pequeño instrumento de nombre dulce, como ellas: ukelele , una especie de cuatro llanero de juguete.
En sus playas se vieron los primeros biquinis en 1953 y desde ellas se difundió al mundo entero la práctica del surfing.
Así es Waikiki
Lo primero que sorprende al llegar a Honolulú es la belleza del Pacífico, de un azul cristalino que permite ver perfectamente desde el avión los arrecifes de coral en torno de la isla. Luego, el recibimiento con leis , estos collares de flores que son el distintivo de Hawai, y que representan el sentimiento de bienvenida al lugar.
La famosa playa de Waikiki es amplia, muy limpia y sin vendedores de piñas ni gafas para el sol. Podrá sacar provecho de ella rodeado de la mayor tranquilidad.
En invierno las olas, en ciertos lugares de la isla, alcanzan seis y más metros de altura, como para los aficionados al deporte.
Pero en Honolulú no todo es mar. La geografía es muy variada y en las afueras de la ciudad se pueden encontrar extensiones de selva tropical y zonas montañosas, como en Nuuanu Pali, el Mirador del Acantilado, en el norte de la isla, donde sopla un fuerte viento frío que pareciera querer tumbar los árboles del lugar. Desde allí, a unos pocos kilómetros, se puede observar también el Pacífico.
No se puede dejar Oahu sin visitar el Centro Cultural Polinésico donde, además de pasar un día increíblemente entretenido, es posible conocer en vivo aspectos de las islas de la Polinesia: Fiji, Hawai, Nueva Zelanda, Las Marquesas, Samoa, Tahití y Tonga.
Caderas bamboleantes
Es un gigantesco parque cultural donde, luego de ver una película que muestra el origen de estos pueblos, se realizan shows muy divertidos acerca de sus culturas, en una aldea que simboliza cada isla y, adicionalmente, se enseña a bailar los ritmos y danzas isleños.
Aprenderá que el hula no es sólo mover las caderas provocadoramente, sino que cada gesto de las manos y del cuerpo tiene significado dentro de una narración mímica.
En la tarde, incluido en el precio de la entrada, será invitado a un luau , es decir, una gran comida colectiva de platos típicos (la comida hawaiana comprende una variedad de platos de diferentes partes de Oriente, con mucho pollo, pescado, cerdo y salsa de piña), en la cual disfrutará de más música y más hula.
Y al caer la noche, podrá ver un espectáculo de música y danza polinesias todavía más sorprendente, en el auditorio para 5000 personas.
Conociendo Pearl Harbor
Una visita de carácter histórico que no puede faltar es Pearl Harbor, la famosa base militar estadounidense que fue atacada en 1941 por los japoneses.
Allí verá una película que lo dejará empapado del tema y luego podrá visitar el Museo Histórico, que tiene numerosos detalles sobre ese acontecimiento. Si lo desea, puede completar el recorrido con el ingreso en un submarino de la Segunda Guerra Mundial, para tener una idea de cómo vivían los hombres del mar.
Otro plan obligado es bajar al fondo del mar en el submarino Atlantis, que lo llevará en un recorrido en torno de un avión y un barco hundidos frente a la playa de Waikiki, en cuyo interior viven miles de peces de diferentes especies y colores, así como enormes tortugas.
Además de su inmejorable oferta de buenos servicios hoteleros, Honolulú tiene un fuerte comercio tanto del tipo shopping center (Ala Mohana no tiene nada que envidiarle a los mall de Miami) como de tiendas de las más famosas casas de diseño.
Si aún le quedan ganas y dinero, al regreso, luego de aprovechar los atractivos de Hawai, podrá pasar un día en Los Angeles y visitar Beverly Hills, Hollywood Avenue, la playa de Santa Mónica y hacer compras en las exclusivas tiendas de Rodeo Drive.
Hawai es un privilegio tan costoso como uno lo desee, pero vale la pena. Allá, las olas, según la época y la playa, serán del tamaño que usted lo requiera. De seguro, las bellas hawaianas y sus fornidas parejas danzarán el hula para usted al atardecer y se sentirá como un príncipe polinésico. Qué más se puede pedir.






