Isla del Jabalí: más allá de lo clásico, en el extremo sur bonaerense
Este lugar de Carmen de Patagones, a orillas del mar, se mantiene fiel a su tradición de gran pesquero, pero es ideal también como opción de campo
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SAN BLAS, Buenos Aires.– El viajero que viene a esta isla y comienza a recorrer cada uno de sus rincones, antes de extasiarse frente a la arrogancia del mar debe tener en cuenta que se encuentra en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, donde es casi una constante la sensación de estar en uno de los sitios más exóticos del país.
Situada en Bahía San Blas, en el Atlántico, la isla con otras de menor tamaño, al alcance de la vista desde la costa, forma un archipiélago. Se advierten la Flamenco, Gama del Sur y de los Césares, todas separadas entre sí por grandes sectores de mar.
En el último tramo del viaje hasta aquí desde la Capital Federal –960 km– se nota que la vegetación tiende a ser acharrapada. Por el suelo se arrastra por lo general la estepa. El paisaje no tiene el verdor de otras tierras del Sur, sino que está hecho de caminos de tierra y costas solitarias.
La isla, que debe su fama a los jabalíes, es una reserva faunística y la caza de este animal está prohibida, así como la depredación de cualquier especie vegetal, desde antes que el turismo amante de la pesca comenzara a asomar por estos lares.
Fama internacional
Destino único en sí mismo, el motivo por el que hoy muchos viajeros vienen es visitar San Blas, un centro pesquero de gran importancia que alcanzó fama nacional e internacional.
La población es una de las de menor crecimiento en la provincia de Buenos Aires.
Las calles laten a ritmo provinciano, en medio del aire marino. Varias cuadras corren paralelas al mar con una edificación rala que ha perdido uniformidad con el paso de los años.
Hay muchos pescadores que apuestan aquí a un descanso pleno, sin extravagancias ni lujo. No es para menos si se considera que pescan corvinas, gatuzos, chuchos, brótolas, lenguados, pejerreyes, panzones, cazones y hasta tiburones.
Cuando llega el verano
San Blas en invierno es algo hostil por su clima poco hospitalario, pero en verano recupera su emoción, con días plenos de sol y agradable temperatura, y la creciente afluencia de turistas. Los baños en el mar son un clásico; las aguas llegan cálidas a la costa gracias a la corriente de Brasil. Las cañas están alineadas en estrechas playas de la costa, en medio de gran cantidad de gaviotas que invaden la arena. Las grandes depresiones que se pueden observar son consecuencia del embarco de canto rodado que se efectuó a principios de siglo para construir el puerto de Ingeniero White, en Bahía Blanca.
Un cielo límpido suele acompañar los trayectos por esta zona del partido de Carmen de Patagones, que, antes del verano, espera con imágenes de planicies cultivadas.
También aguarda con comidas típicas, preferentemente cocinadas sobre la base de pescado.
La experiencia indica que la mejor manera de conocer esta isla –separada del continente apenas por un corto puente que casi pasa inadvertido – es a caballo o en vehículo 4x4, si es posible.
Una de las mayores emociones radica en salir a pescar o montar a caballo hasta el faro de la Armada, al sur de la isla.
El piso es arenoso, pero también hay que tratar de escapar del viento que sopla con frecuencia, sobre todo cerca de la playa.
No es de extrañar encontrarse en la playa con contingentes de pescadores.
Sin duda, una experiencia singular para el huésped se vive mucho más allá de la población, justamente en pleno campo, donde se puede distinguir cómo viven prácticamente aislados y en medio de inmensas soledades muchos de los pobladores de la isla.
Herencia cultural
Se puede descubrir lugares con paisajes similares que parecen salidos de otro planeta y que tienen un común denominador que son sus raíces profundas en el tiempo, como un cementerio indígena, por ejemplo.
San Blas ha sido poseedor de dos culturas prehistóricas. Una muy lejana, el jabaliense, con una antigüedad de 1500 años a.C., con elementos toscos de piedra, y otra más reciente, pero precolombina, de la cual suelen encontrarse restos más fáciles de reconocer como puntas de flechas o trozos de alfarería.
Viajar a la isla del Jabalí, si no fuera porque está algo alejada de la Capital Federal, es tan sencillo como ir a cualquier parte del país. Se puede acceder en automóvil por la ruta nacional N° 3 y tomar el desvío a San Blas antes de llegar a Carmen de Patagones y Viedma, Río Negro.
La historia de este lugar está emparentada con piratas y tesoros ocultos, aunque los europeos que estuvieron a principios del siglo XIX lo único que descubrieron fue una excelente pesca.
Una visita a los alrededores puede incluir Carmen de Patagones y Viedma, para apreciar la belleza del río Negro y conocer estas ciudades, fundadas por el colonizador español Francisco de Viedma y Narváez, en 1779.
Tierra de misterios
La isla del Jabalí cobró notoriedad por la caza de tiburones y su abundante pesca, pero en virtud también de que su historia tiene misteriosos capítulos. Entre éstos figura el que sostiene que estas desoladas regiones, a veces azotadas por el viento, fueron el lugar elegido por los jerarcas nazis para desembarcar después de la guerra. También se dice que por estos lares, alguna vez recalaron piratas y hasta se habla de tesoros ocultos. Pero en realidad nadie encontró nunca nada. No muy lejos de la población de San Blas despierta curiosidad un viejo cementerio que conserva lápidas en avanzado estado de deterioro, que recuerdan a marinos que murieron a bordo de barcos que navegaban por esta zona del Atlántico.






