
Javier Daulte: “Me da miedo el nido vacío pero más miedo me daría que tenga 30 y siga adentro de casa”
1 minuto de lectura'
"¿Cómo es ser padre de un adolescente?", con esta pregunta guía fue que me propuse entrevistarlo. A él. A Javier Daulte, quien, además de ser un reconocido dramaturgo, director teatral, escritor, guionista... es padre de Agustín, de 20 años.
Tardé en hacerle la propuesta de entrevista porque... ¿accederá él a una entrevista acerca de su paternidad para una revista de mujeres?
Un prejuicio del prejuicio, de un posible prejuicio, que pude desoír para seguir mi deseo y sorprenderme.
Y no sólo encontrarme con un "sí, por supuesto" de respuesta a mi primer email, sino, ante todo, con un Javier que da de sí sin escatimar en lucidez, ahorrándose maquillaje. Como lo hace en cada clase, en cada texto, en cada obra, en cada puesta... Como todo un padre.

-¿Siempre tuviste el deseo de ser padre?
-Sí.
-¿Agustín, tu hijo, llegó a ser buscado?
-Fue deseado, no buscado. Vino antes de ser buscado.
-¿Te acordás del momento en el que te enteraste?
-Primero yo me di cuenta. Yo le dije a Kate (madre de su hijo): "para mí estás embarazada". Y ella "no, nada que ver, imposible...". Ella tenía puesto un DIU. Después empezó a tener un atraso y ante la sospecha, se fue a hacer un estudio para ver que estuviera todo bien.
-¿Y recordás cómo te sentiste?
-Ah, feliz de la vida... Fue una felicidad enorme. De hecho, cuando me llamó Kate para decirme "está todo bien", salí buscando una florería para comprar flores.
-Muchos padres tienen una selección de escenas de la infancia de sus hijos que recuerdan y recrean una y mil veces... ¿Tenés nostalgia de esa época?
-Uno se acuerda mucho menos de lo que cree que se va a acordar. Me acuerdo obviamente del parto, del nacimiento con lujo de detalle, me acuerdo de la primera vez que lo bañamos. Me acuerdo, sí, en general, pero no con nostalgia. ¿Viste que hay gente que te dice: "hasta los 2 años es la mejor edad"? Yo creía en esos dichos y me decía: "bueno, ya está, pasó, lo mejor ya pasó". Y no. Nunca me disgustó el paso del tiempo.
-¿Y nostalgia del niño, de su inocencia?
-Bueno, Agustín tiene 20 y tiene la edad de un adulto, pero todavía le faltan algunos atributos culturales del adulto (auto-sustentarse, vivir por su cuenta). Desde el punto de vista cultural, sigue siendo un niño. Me acuerdo que filmó una serie web para estudiantes de la UBA en Mar de las Pampas, yo estaba ahí... y un día grabaron como 14 horas, él se tenía que volver a Buenos Aires porque tenía que rendir un examen y le dijeron que por favor se quede, porque había llovido y les faltaba algo. Entonces yo le dije: "de ningún modo, ya te hicieron trabajar 14 horas, vos ya arreglaste, vos tenés que rendir un examen, que se arreglen con lo que tienen o que vuelvan a filmar, pero vos tenés que volver". Y bueno, me entendió, pero en un momento me dice: "¿pero qué hago? ¿Les digo que vos te enojaste y me dijiste que no? (Risas).
Pero yo lo pienso en mí como hijo: mi mamá se murió hace un año y pico y hasta el último momento seguí siendo hijo. Yo seguía teniendo atributos del niño estando con ella, incluso acompañándola mientras ella se moría. Hay cosas que no van a desaparecer nunca porque es una fórmula de vínculo, y no porque él sea infantil o yo sea sobreprotector. Hicimos un viaje muy lindo ahora de un mes por África y me doy cuenta de que la nuestra es una conexión mucho menos encimada. Cuando un hijo es chico la relación inevitablemente es más pegote. Estás pendiente de que coma, de que se lave los dientes, de que se bañe... Cuando el hijo crece, lo correcto es no estar encima. Entonces empieza a haber otro tipo de pegote que es menos físico, menos concreto. Es un pegote afectivo y espiritual.

-¿Cuál reconocés como el momento más difícil de tu paternidad?
-El clásico. En su adolescencia, a los 17 años, cuando se fue de viaje de egresados que un poco descontroló. Con la madre vimos que nos mintió y yo no lo podía concebir. Después me di cuenta de que yo le había mentido a mi papá, que todos les hemos mentido a nuestros padres. Fue un momento de decepción. Realmente la pregunta era: "¿hay retorno de acá?" Y por supuesto que lo hay. (...) Y también cuando él era chiquito, yo viajaba mucho a España por trabajo y me daba mucha culpa. Había momentos en los que la culpa me mataba. Cuando un chico es chico, un mes es muchísimo tiempo. Muchísimo tiempo. (Se toma una pausa). Igual, cuando es muy chiquito es más terrible que no esté la madre... Y en la adolescencia es mucho más terrible que no esté el padre. Para un varón. El varón necesita al padre en la adolescencia.
-¿Y la mujer?
-No sé. No tengo hija ni soy mujer, pero supongo que es diferente. Yo creo que la mujer siempre necesita a la madre, toda su vida. Yo lo vi con mi hermana y mi mamá. Generalizar es medio boludo pero yo creo que es muy estrecha la relación de la mujer con la madre. Hay una cosa muy cultural, donde también se manifiesta lo biológico del ser humano, y es que cuando una mujer va a parir, la madre de esa mujer tiene que estar. Es casi más importante que esté la madre de la parturienta que el padre del bebé.¿Quién mejor que la persona dentro de la cual estuviste para entender algo de lo que pasa ahí?
-Así como muchas mujeres dicen haber podido entender mejor a su madre recién cuando ellas fueron madres, ¿te pasó lo mismo con tu padre? ¿Pudiste identificarte con él?
-Mirá, el otro día leí una frase que decía: "en el momento que empecé a darme cuenta de que mi padre tenía razón, mi hijo empezó a criticarme". Creo que es un poco así. Por otro lado, creo que demasiada identificación tampoco es buena. Me acuerdo un día que mi papá estaba mirando a Agustín -de chiquito- jugar y yo le pregunté: "¿te hace acordar a cuando yo era chico?" Y me miró y me dijo: "no". Y fue una buena respuesta de parte de mi viejo, que no era un tipo con saberes psicoanalíticos. Yo lo que entendí es: "es tu hijo, no es el mío". Ojo con la identificación, porque si vos creés que ese "regalo" que nos hicieron nuestros padres, se lo tenés que devolver a ellos, te equivocás. La única manera de pagar la deuda de la vida es hacia adelante (con tus hijos), no hacia atrás.

-¿Cuál sentís que fue tu error más recurrente como padre?
-Como todo, son dos caras de una misma moneda. Yo con Agustín fui muy parecido a cómo fueron mis viejos conmigo. Mis viejos me daban mucha confianza y por lo tanto, me daban demasiada responsabilidad para lo chico que era. En el primario yo decía: "no quiero ir al colegio" y ellos decían: "bueno". Yo sabía que si no quería, no iba. Entonces... iba. Y yo hice lo mismo sin querer, no pude evitarlo. Y lo llené de responsabilidades. Y la madre es igual. Me acuerdo que un día yo estaba en Europa y me llama y me dice: "a partir del lunes Agustín va solo al colegio". Quinto grado.
-¿Donde vivía?
-Bueno, ahora se mudó. En ese entonces en Once, tenía que cruzar la plaza de Once.
-...
-Bueno, lugares super poblados a veces son mejores que una cuadra tranquila. Y de hecho, a partir de entonces, con todas las instrucciones, empezó a ir solo al colegio. Me acuerdo que a mí me dio un poco de temor, pero me dije: "bueno, sí, en algún momento hay que tomar la decisión". Y en un varón la cosa está por ahí. Yo lo mimo y lo mimé desde otros lugares, pero sobreprotegerlo, de eso estoy demasiado lejos.
-Pero no lo vivís como un error...
-A veces me lo cuestiono, pero por otro lado, me parece que está bien. ¿Será que vi muchos chicos sufrir por estar sobreprotegidos? A veces dulcemente, a veces dictatorialmente, pero sobreprotegidos.
-¿Sos de llorar frente a tu hijo?
-Sí. Yo soy muy de llorar en el cine. Me acuerdo cuando fuimos a ver Buscando a Nemo, él era chiquitito, y cuando vino la parte de llorar, giró la cabeza y se me quedó mirando. Quería ver cómo lloraba. El llora mucho también, se deja emocionar. (...) Que te vea un hijo llorar... depende de la edad y depende qué llanto.
-Me refiero a un llanto angustiado.
-Si el chico puede entender el motivo de esas lágrimas, está todo bien. También sería muy raro que un chico vea a su papá pasando por una situación muy triste y no llore... Tan raro como verlo llorar y no entender por qué. Los chicos necesitan ver la causa. Me acuerdo que antes de separarnos con la madre, lo cuidábamos mucho y nunca nos peleábamos delante de él y bla, bla... ¡Pobrecito! El chico nunca entendió nada, no entendía por qué nos separábamos. Hasta que un día, ya separados, no nos importó nada, nos peleamos, nos re puteamos... y yo después me quedé afligido: "ay, pobre...". Pero la madre, que se quedó hablando con él, más tarde me llamó y me dijo: "Le hizo bien. Porque ahora entendió por qué nos separamos. Porque nos peleamos". Le vino bien ver una escena. Porque si los chicos ven los efectos y no las causas...
-Claro.
-¿Viste que los chicos están todo el tiempo buscando las causas? ¿Y por qué esto? ¿Y por qué aquello? ¿Y por qué la empanada, el caracol...? (Pausa). Sí, sí, yo sí soy llorón... y también soy de divertirme. Me acuerdo cuando Agustín era chico de llevarlo mucho conmigo a cenar a casa de amigos o a comer afuera. Que se durmiera arriba de una silla o a upa. Me gustaba hacer eso. Mis mejores recuerdos de la infancia tienen que ver con mis padres divirtiéndose con sus amigos y yo tirado, durmiéndome... Dormirme en una silla con las risas de mis padres de fondo es de los recuerdos más lindos que yo tengo.
-Qué lindo...
-Y hoy con mi hermana somos de juntarnos con los chicos a comer o quizás hay un estreno mío, que suele ser los lunes... y mi hermana dice: "tienen 16 años, no pasa nada si un día duermen 5 horas en vez de 8. Esta es la edad en que pueden dormir 5 horas y el cuerpo aguanta".
-¿Y cómo te afectó la adolescencia de tu hijo?
-Estuvimos muy atentos con la madre frente a su debut sexual. Que lo pudiera contar.
-¿Lo contó?
-Sí. Un día yo estaba en España y me llama por teléfono: "Hola, qué tal, qué sé yo". Ya que me llamara era raro. Y me dice: "no, te quería decir que se va a quedar a dormir... (la que era la novia)". Yo me di cuenta de lo que me estaba anunciando. Justo en ese momento estaba un amigo en casa, así que lo llamé y le dije: "fijate, enseñale todo".
-¿Y te da miedo al famoso nido vacío? ¿Te asusta la idea de tu hijo fuera de tu casa?
-Sí. Pero me asusta más que tenga treinta y que siga adentro de mi casa (Risas). Lo que sí, cuando veo a padres con hijos que se fueron a vivir a otros países, esa idea sí me asusta. De hecho, cuando estuvimos ahora en Estambul, que a él le encantó, me dijo: "me veo acá haciendo una experiencia"... Y yo cambié de tema (Risas).
-¿Amenaza con eso?
-No, no. Pero obviamente él se crió viéndome viajar y no le parece algo vedado.
-¿Cuál es tu consejo más recurrente?
-En momentos de dificultades, mi consejo es: "Mirá en perspectiva. No podés rendir Historia, no te podés concentrar, bueno, perfecto, pero a vos te gusta saber de cosas. No pienses en este ahora. A mí también me da fiaca a veces sentarme a escribir el guión, pero la satisfacción que te da ese trabajo realizado es mucha. Es importante ver el beneficio a mediano y largo plazo de las cosas".
Y siempre mi gran, gran consejo fue: "seguí tus deseos. Primero sabé bien cuáles son y después sé fiel a ellos". Hacer lo que querés no es hacer cualquier cosa, es muchísimo más complicado. Eso es lo que más me importa... Por supuesto, si su deseo es ser policía me va a costar asimilarlo, pero ése sería un problema mío.
-¿Qué está estudiando?
-Está en la UNA (ex IUNA), para actor.
-¿Y te gustaría ver a tu hijo siendo padre?
-Sí. A mí me gustaría ver a mi hijo siendo feliz. Uno les dio la vida y es increíble cuando te das cuenta: ¡ah, le gusta! ¡Le gusta la vida! Le gusta todo lo que la vida implica. Y sí, me encantaría que sea padre, cuando sea, que él lo desee. Pero ante todo quiero que él esté contento. Lo peor que le puede pasar a un padre es ver a un hijo triste.
-¿Y te gustaría dirigirlo?
-Sí, seguro.
-¿Ya fantaseás?
-Sí, claro. Empecé el año pasado a pensarlo. A él también le gustaría.





