Jujuy: donde la sal condimenta el paisaje
Salinas Grandes, camino a la Puna, un sitio con aspecto surrealista y horizonte infinito
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PURMAMARCA (Jujuy).- Podría ser la superficie de la Luna si no fuera por unas vicuñas que corretean a lo lejos. Podría ser una gran extensión nevada si el termómetro al mediodía no superara diariamente los 20 grados. Podría ser un set cinematográfico, listo para una película de ciencia ficción, pero el paisaje de las Salinas Grandes es tan irreal como real: se sienten rápidamente en el cuerpo los 3500 metros de altura sobre el nivel del mar y el reflejo hace imposible mirar sin anteojos de sol.
Sal y más sal blanca y radiante -de eso se trata- esparcida en un terreno que a la vista parece infinito, en la puerta de la Puna jujeña, camino al paso de Jama, que conecta con Chile y a tres horas de San Salvador de Jujuy.
Salinas Grandes es un llano de aproximadamente 2000 kilómetros cuadrados, compartidos con Salta, de donde se obtiene buena parte de la sal que se consume en las mesas argentinas. A este inmenso salar se lo recorre, sin rumbo ni objetivo, en auto o caminando, por el simple placer de sentirse en un lugar poco terrícola, y a paso lento, para que las pulsaciones no suban más de la cuenta.
No hay demasiado para ver. A lo lejos se delinean las siluetas de unos cerros, donde se destaca el Chañi, de 6200 metros. La misma imagen de los hexágonos que forma la sal en el suelo se multiplica hasta el infinito, pero dan ganas de quedarse. De saber cómo hay tanta sal sin un mar cerca o cómo es el proceso hasta que esta sustancia llega al salero.
Las salinas son una cuenca endorreica (que no tiene salida al mar) en la que desembocan cuencas fluviales que bajan de la Cordillera. El agua lava la serranía rica en minerales hasta estancarse en esta depresión y formar el inmenso valle de sal. A lo lejos se ven hombres trabajando, pala en mano, cubiertos con gorros y máscaras, porque el reflejo deja surcos impiadosos en la piel.
Cavan rectángulos que se inundan con el agua que hay bajo la superficie y esperan que la sal limpia suba para extraerla.
Para hacer aún un poco más surrealista el lugar se está construyendo un restaurante al costado de la ruta íntegramente con bloques de sal, como el famoso hotel de Uyuni, en Bolivia, que ya no está en pie.
Paredes, mesas, sillas: todo blanco y salado. Todavía no está habilitado, pero es punto de visita para los que se acercan. Desparramados en diferentes sitios del inmenso salar, algunos lugareños vendes sus artesanías hechas con sal: ceniceros, arbolitos o piedritas para coleccionar.
Viaje en ascenso
Llegar es una experiencia aparte, hasta mucho más desafiante que la visita al salar. Desde Purmamarca, en el corazón de la Quebrada de Humahuaca, se tarda en auto alrededor de una hora y media. Se sube por la cuesta de Lipán hasta alcanzar los 4170 metros, tan alto como el aeropuerto de La Paz. El camino se parece mucho a una escalera recostada en la montaña, una pendiente que asciende en forma de caracol de los 2300 metros de Purmamarca a casi 4200, donde hay un monolito que indica la altura; después, hasta el salar desciende un poco.
Antes de la partida, un acullico es el mejor compañero. Unas cuantas hojas de coca reposando en un costado de la boca hacen que los efectos de la altura se atenúen. También es útil cuando se regresa, porque el apunamiento se padece tanto cuando se sube como cuando se baja. La ruta por transitar es la 52, pavimentada y en buen estado, pero hay que ir con precaución, por las curvas.
Por la ventanilla se ven tierras áridas y desoladas y de vez en cuando algún caserío con construcciones de adobe y plantaciones de vegetales. Algún pastor anda detrás de sus cabritos, alejado de la civilización, pero muy cerca de la Madre Tierra.
Purmamarca, con los Siete Colores
PURMAMARCA.- A este pueblo se lo puede visitar por unas horas, recorrer la plaza principal donde se arma diariamente una gran feria de artesanías indígenas y entrar en la iglesia, construida en 1648. Eso es lo que habitualmente hacen los turistas, camino a Humahuaca, las Salinas Grandes o de regreso del Tren a las Nubes. Pero la mejor opción es detener la marcha y disfrutar del cerro de los Siete Colores en cámara lenta. Poder caminar tranquilamente por Los Colorados, un sendero entre cerros, sintiendo el aire fresco de la mañana. Salir en busca de historias que los lugareños cuentan en la plaza o en los puestos de artesanías.
A la hora de la comida, en el restaurante Los Morteros preparan un guiso de cordero con papines y timbal de quinoa para chuparse los dedos. Después sí, seguir viaje para recorrer el resto de la Quebrada de Humahuaca.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión $ 630
Hasta Jujuy, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.
Excursión
De Jujuy a las Salinas Grandes, pasando por Purmamarca, cuesta alrededor de $ 120 por persona y dura todo el día.
Gastronomía
En Purmamarca, Los Morteros. El plato de guiso de cordero, $ 12. Tabla de quesos, 20 pesos.
En Internet
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