La oveja negra de Copenhague
Con aires anarquistas y espíritu zen, el barrio marginal de Christiania es una suerte de microciudad con reglas propias
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COPENHAGUE.- Todo comenzó hace 40 años, cuando un grupo de vecinos del distinguido barrio Christianshavn derribó las defensas de un terreno militar abandonado y lo usó como una zona de juegos para sus hijos. El parque se convirtió rápidamente en un experimento social que ocupó estas tierras y desarrolló un estilo de vida, en pleno auge del lema paz y amor . Así nació Christiania.
Desde su comienzo, la usurpación generó enfrentamientos con la policía y esta zona ganó fama de peligrosa tanto por sus pandillas como por la venta de drogas. Hoy, pasadas las décadas, esta sociedad se convirtió en una zona con ciertas leyes propias y en una curiosa atracción turística de la capital danesa.
Entrar a este barrio es como introducirse imaginariamente en una burbuja... anarquista. Sus leyes más importantes son tres, y para recordarlas están escritas en las paredes de sus calles: No a las armas. No a las drogas duras. No a la violencia .
A pesar de ser reglas pacifistas, con cierta frecuencia Christiania sale en las noticias por los incidentes que allí ocurren pero, a decir verdad, para un argentino su grado de peligrosidad no es tan serio. Resulta un lugar para recorrer sin problemas, sin miedo a perderse en áreas peligrosas, aunque siempre se recomienda pasear a la luz del día.
Tour alternativo
En la entrada, el nombre de Christiania aparece tallado en un poste de madera y, una vez inmersos en esta ciudad amurallada, carteles y pintadas advierten a los visitantes que las fotos están prohibidas. Así entramos por Pusher Street, su calle principal, donde mesas alineadas, como en la feria hippie de Belgrano o los puestos de Plaza Francia, se vende libremente marihuana y hachís junto a una serie de accesorios, mientras algunos hacen una parada para fumar mezclas de hierbas que dan al aire un aroma distintivo de esta zona.
Cada tanto es común cruzarse con una bandera roja de tres círculos amarillos que identifica el lugar; aunque todo parezca desorganizado, esta sociedad autónoma tiene su propia insignia. Cada círculo responde a las i que contiene la palabra Christiania y los colores, elegidos sin opción, se deben a que esos fueron los tarros de pintura que encontraron quienes ocuparon esta ex base militar.
Las miradas de vigilancia nos llegan de parte de sus habitantes y van directo a las manos de todo aquel que entra. Nada de cámaras fotográficas ni video, ésta es la zona de conflicto del barrio y es el punto donde la gente vende, compra y fuma libremente lo que su gusto le dicte.
Las cabinas y mesas se despliegan a lo largo de la calle principal, donde se mezclan bares, restaurantes y el famoso Spiseloppen, lugar para compartir una rica comida y visitar las exposiciones de artistas locales. Hay una gran variedad de lugares para sentarse a tomar un café caliente o una fresca cerveza, mientras algunas callecitas angostas nos dan la opción de que caminemos entre árboles frondosos. Ellas terminan en un lago donde la senda marca un paseo por sus alrededores, en un ambiente de relajación para caminar y desconectar pensamientos, ejercicios que son los más practicados por la zona junto a la meditación y el yoga.
Hippie chic
En el mismo barrio de Christianshavn se encuentran otros puntos turísticos importantes, que son recomendados a todos lo que visitan Copenhague. Entre ellos, los edificios de la nueva Opera; el Centro Danés de Arquitectura; la iglesia Vor Frelsers Kirke, con una torre negra y dorada que nos eleva a un mirador espectacular, y el recientemente elegido mejor restaurante en el mundo, Noma.
Si en todo rebaño existe la famosa oveja negra, no resulta imposible que en una Dinamarca organizada y con leyes estrictas haya también la excepción a la regla. Con un poco de barrio marginal y un toque de zona roja , la Ciudad Libre de Christiania es una especie de favela escandinava, hecha de polvo y madera. Sus calles de tierra, por donde los autos no circulan, irrumpen en medio de una ciudad de ensueño y allí se conserva aislada, cercada por un muro donde los grafitis colorean el límite que la envuelve y la protege.
Las leyes cambian, el aire es otro y el pavimento se desintegra camino adentro para conducirnos por calles donde los protagonistas son los triciclos con su caja de madera en la parte delantera, una ingeniosa invención de sus habitantes, famosos en el país y un clásico de esta zona.
A diferencia de la arquitectura típica escandinava, de casas antiguas, coloridas, y en contraposición a las construcciones vanguardistas que hacen ver la ciudad de Copenhague como un museo de diseño y arquitectura a cielo abierto, las casas y los edificios de Christiania responden al lema de Arquitectura sin arquitectos .
Está a la vista que en estas construcciones no existe planificación ni diseño. De vidrio y madera, con formas cuadradas y simples, coloridas por pequeños mosaicos, las viviendas denotan ser artesanales y de bajos recursos, o en otros casos pueden verse viejas estructuras militares que fueron refaccionadas y ocupadas por familias.
Esta ciudad autogobernada por sus 850 habitantes contiene todo lo necesario para que nadie tenga la necesidad de alejarse de la zona. Una variedad de negocios vende desde ropa usada hasta alimentos, y las infaltables tiendas de suvenires ponen en las perchas la remera con los colores de esta sociedad liberal e independiente, a sólo 100 pesos argentinos.
El paisaje es solitario, aunque algo movido de a ratos, con una atmósfera de retiro zen que se completa con un hombre vestido de payaso andando en bicicleta y niños libres que juegan alrededor de una casa donde la madre realiza artesanías sentada en el tronco de un árbol caído, mientras un joven desprolijo y con barba de varios días pide con gestos exagerados que guardemos las cámaras, temeroso de que no hayamos visto las pintadas que dicen: No photos . Porque lo que hayamos conocido puede contarse, pero no se puede documentar.
Al salir, después de haber recorrido las 34 hectáreas de esta aldea, la misma señal de madera tallada nos despide con su reverso, donde la leyenda You are now entering the EU ( Usted está ingresando ahora en la Unión Europea ) nos advierte que estamos dejando este territorio contradictorio, libre, desordenado, en un cierto abandono, pero también recuperado. Un espacio donde el paseo de cualquier turista se convierte en un momento de intromisión y curiosidad por conocer esta forma diferente de vida que nos da la prueba de que existe el lugar en el mundo donde las utopías siguen vivas.
DATOS ÚTILES
Cómo llegar:
Se llega en subterráneo, hasta la estación Christianshavn, o en los autobuses 2 A (hacia Christianshavn) o Torv 66 (hacia Prinsessegade). El acceso es: Prinsessegade, Copenhague, 2300
MÁS INFORMACIÓN
- Visitas guiadas de dos horas y tours para caminar por la zona y escuchar la historia del lugar: www.rundvisergruppen.dk . Cuestan desde 40 coronas por persona (unos 30 pesos argentinos).
- Desde www.krak.dk/ruteplan/ o www.rejseplanen.dk se puede acceder a mapas
- La entrada a Christiania es gratuita
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