
La playa que se hace fuerte
La pequeña Praia do Forte, cerca de Salvador, se puso de moda gracias a la belleza de sus playas, al castillo que le dio nombre y a sus tortugas marinas
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PRAIA DO FORTE.– ¿Es posible imaginarse una propiedad de 800.000 kilómetros cuadrados? La superficie equivale a países como Paquistán o Mozambique, y es lo que podía revindicar el latifundista Garcia de Sousa d’Avila, a quien la historia recuerda como el mayor terrateniente que haya existido jamás.
Llegó a Brasil en 1549 y a lo largo de su vida incorporó dominios que cubrían la mayor parte del norte del actual país. El castillo cuya construcción inició y que sus herederos siguieron agrandando es la única fortaleza renacentista de las Américas. Garcia de Sousa d’Avila jamás sospechó que siglos más tarde hasta allí viajaría gente de todo el mundo para disfrutar de una de las playas más de moda en toda la región de Salvador: Praia do Forte, la Playa del Fuerte.
Un castillo en la arena
Garcia d’Avila vivió entre 1528 y 1609. En aquellos años Salvador de Bahía era la capital de la extensa colonia portuguesa en las Américas. La ciudad había sido fundada por Tomé de Sousa, su padre, y durante mucho tiempo fue la más importante de Brasil. Los Garcia d’Avila y su importancia, sin embargo, se diluyeron en el curso de la historia y su castillo cayó en ruinas.
De todos modos hoy se puede visitar y está protegido como Monumento Histórico: es un laberinto de salas, escaleras y paredes, sin techos, que se levantan sobre un promontorio que domina la costa. Allí quedaron los rumores de la historia: como cuando los holandeses se apoderaron de la colonia, o durante las luchas por la independencia.
Hoy, bajo un sol implacable que hace arder las viejas piedras de las paredes –para felicidad de todo un abanico de especies de lagartos que vienen a calentarse con proverbial placidez– el castillo se convirtió en un paseo para los turistas dispuestos a cambiar medio día de playa por una visita cultural. No son legión, por lo que se puede recorrer las ruinas y refrescarse en la vieja capilla –la única parte del castillo que conservó su techo– sin temor a las multitudes.
En la entrada del predio, un pequeño centro interpretativo recuerda la historia de Garcia d’Avila y muestra una maqueta a escala del castillo tal como era durante su máximo esplendor, en el siglo XVII.
¡Santos cocos!
Pero si bien hay que reconocer que el castillo es único en su género en toda América, a Praia do Forte se va por sus playas más que por la historia. Como en varios otros balnearios de moda, el pueblo es muy chico y concentra toda la actividad en un par de cuadras. Artesanos, negocios de ropa, guías de excursiones y locales de comida forman el grueso de la oferta, hasta llegar a la placita de arena bordeada de un lado por la capilla del pueblo y del otro por la playa. Aquí está todo Praia, un concentrado de bohemia chic y eco-friendly en medio de la llamada Costa dos Coqueiros, al norte de la Bahía de Todos los Santos.
Los cocos, en todo caso, son los principales protagonistas del paisaje, sea en las playas o al borde de la ruta que lleva desde Salvador hasta los hoteles de Praia, al final de un trayecto de unos 70 kilómetros. Lo que fue un pueblo de pescadores vio cambiar sus costumbres con la llegada de los turistas y la instalación del proyecto Tamar, el otro gran lugar de visita del pueblo junto con el castillo.
Una visita a las tartarugas
Tamar es una fundación que estudia y preserva las tortugas marinas que vienen a desovar sobre la costa de la región. Es el lugar ideal para dedicar unas horas a conocer más a estos animales y todo lo que se hace para ofrecerles un futuro menos comprometido que el que tienen ahora muchas de estas especies.
El nombre de la institución es una contracción de las palabras portuguesas tartaruga y marinha. Fue impulsado por el Pbctm (Programa Brasileño de Preservación de las Tortugas Marinas) y una fundación privada, el Centro Tamar-Ibama. El centro de Praia do Forte es solo una de la veintena de bases instaladas a lo largo de toda la fachada atlántica brasileña, y resulta a la vez un parque de diversión y una clase de biología.
Aquí se brinda formación y entretenimiento; se pueden ver muchas tortugas en los acuarios y las piletas, además de otras especies de peces y mariscos. Hay actividades para grandes y chicos y muchos motivos y rincones para sacarse hermosas fotos. El centro Tamar es realmente un lugar para conocer en Praia do Forte, a pasos de la capilla y al final de la calle principal donde están los negocios. No muy lejos se levanta el Instituto Baleia Jubarte, dedicado a la ballena jorobada, que se puede avistar en el mar en ciertas épocas del año.
Noche y aventura
El pequeño centro vive también por la noche, en un puñado de bares con música y tragos. Una movida modesta pero que tiene repercusión internacional gracias a su combinación de hoteles boutique y grandes resorts, sus playas y el ambiente todavía muy pueblerino de la villa.
Además, para los más atrevidos, que quieren playa y algo más, hay muchas opciones de turismo aventura, por tierra o por agua. El río Timeantube pasa entre el pueblo y la ruta, y sirve de vía de excursión en canoa hasta un embalse donde se pueden avistar aves y observar manglares. Hay otra opción de expedición lacustre, más movida, sobre el río Pojuca, que tiene algunos rápidos entre afloramientos de rocas.
El mar también es protagonista con opciones para bucear, hacer surf o pescar. Y tiene un regalo más para quienes tengan paciencia (y viajen en la temporada justa). Hay que estar dispuesto a trasnochar sobre la arena, bajo la sola luz de la luna y con el interminable rugido de las olas, pero la recompensa es grande, porque tal vez acceda así al lugar preciso donde algunas tortugas vienen a cumplir su ciclo de vida y esconder sus huevos.
Ecoresort con todo incluido
Entre las propuestas de alojamiento en la villa se destaca el Tivoli Ecoresort, de la cadena portuguesa del mismo nombre. Se trata de un hotel con una gran variedad de niveles, ideal tanto para quien busca exclusividad a orillas del mar, como para familias en pos de un complejo con todo incluido. El hotel cuenta con tres restaurantes y dos bares con una marcada orientación a la cocina de Salvador. Los chicos se interesarán más bien en las varias piletas (una de ellas, sin embargo, es exclusiva para adultos), la cancha de fútbol y el club infantil. En camino desde la parte central del hotel, donde están las boutiques, hasta las habitaciones, es posible cruzarse con algunos lugareños: iguanas en busca de un sitio soleado. También se puede ver temprano por la mañana una colonia de monos que viene a buscar su desayuno en las afueras del restaurante. Son los encantos que no figuran en la larga lista de servicios e instalaciones que el hotel promueve para sus clientes. Y que incluye entre otros un spa, canchas de tenis, un fitness center, clases de capoeira, espectáculos por la noche y mucho más…
Datos útiles
COMO LLEGAR
TAM vuela de Ezeiza a Salvador de Bahía con una tarifa desde 400 US$ más impuestos.
DONDE DORMIR
El Tivoli Ecoresort Praia do Forte está pegado al pueblo. Se llega por la playa en un par de minutos. Las habitaciones, por noche para dos adultos y dos menores, tienen una tarifa que arranca en 1435 reales.
EN INTERNET
www.praiadoforte.com.es
www.tamar.org.br





