
Las laderas del Sinaí no se hacen rogar
En este célebre monte, el Monasterio de Santa Catalina tiene una historia tan apasionante como la de los faraones
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MONTE SINAI.- En la mañana del 26 de febrero último, el papa Juan Pablo II visitó el Monasterio de Santa Catalina, en las laderas del Monte Sinaí. Y, según sus palabras, fue uno de los momentos más emotivos de todo su papado, "pues fue en Oreb (una denominación bíblica del Monte Sinaí) donde Moisés tuvo la revelación del nombre de Dios: "Yo soy el que soy" (Exodo 3, 14)". Situado a 1570 metros de altura, entre montañas de granito, el monasterio visitado por Juan Pablo II pertenece a la Iglesia Ortodoxa Griega y se encuentra en funcionamiento desde el siglo VI. Debe su nombre a Santa Catalina, una mártir nacida en la ciudad de Alejandría que murió en el año 395 luego de ser torturada por no querer dejar sus creencias.
Sus murallas fueron levantadas entre 527 y 547 por orden del emperador Justiniano para proteger una pequeña capilla vecina a la Zarza (arbusto) Ardiente, donde Dios se dirigió a Moisés. Hoy, entrando al monasterio y caminando unos pasos a la izquierda puede verse la Zarza Ardiente. Lamentablemente, éste es uno de los pocos tesoros del monasterio que se encuentran al alcance de los viajeros.
De las más importantes
{Texto} Otro de los rincones más preciados es la Biblioteca, con 2000 manuscritos que la convierten en la segunda colección más importante del mundo, luego de la perteneciente al Vaticano. El ejemplar más valioso es el Codex Syriacus del siglo V, considerado la transcripción de cantos religiosos más antigua del mundo, que fue descubierta en 1892. El ingreso en la Biblioteca, la Galería de Iconos y al tesoro del monasterio sólo está permitido a estudiosos que hayan tramitado antes una autorización en el Patriarcado Egipcio de El Cairo (222 Sharia Ramsés, a pocos pasos de St. Mark).
Algunos iconos y manuscritos pueden verse en el interior de la iglesia. Levantada en el año 542, vale la pena detenerse a observar las puertas de madera originales de la época justiniana, que en su frente tienen talladas inscripciones de los salmos. Otra de las piezas imperdibles es el mosaico de "la transfiguración" una muestra única de arte bizantino que está en el centro de la nave. En las afueras del monasterio hay un jardín con cipreses, olivos, damascos y ciruelos, que crecen gracias al cuidado de los 23 monjes que viven allí y al agua de la lluvia, que aquí son más frecuentes que en otras áreas de la península del Sinaí. Fue en este jardín de olivos donde el Papa realizó una corta ceremonia.
La mejor forma de llegar al Monasterio es tomando un tour en un vehículo 4x4 desde Sharm el-Sheikh. A lo largo de los 240 km podrá ver el desierto del Sinaí y, muy posiblemente, visitar un campamento beduino. Otra posibilidad es comenzar la travesía de noche para llegar de madrugada a Santa Catalina. Ver el amanecer desde la cumbre del monte Moisés vale los tres mil escalones que hay que ascender.
A la hora de visitar el lugar recuerde que se trata de una iglesia en plena actividad y no de un museo. Por eso, el horario de visita es hasta pasado el mediodía y sólo algunas partes están abiertas al público. Cierra los viernes, domingos y fiestas religiosas ortodoxas.
Meses que son como un oasis
El desierto tiene calendario propio
EL CAIRO.- La mejor época para viajar a Egipto es entre octubre y abril. Cuando el calor disminuye y se pueden visitar los monumentos del desierto sin terminar extenuado.
El clima varía de acuerdo con las zonas geográficas, aunque en general es caluroso y seco y hay gran diferencia de temperatura entre el día y la noche. Sobre la costa mediterránea, como sucede en Alejandría, las temperaturas son menos extremas, con un clima más fresco y húmedo que en el resto del país. Mientras que en el Sur, en el Alto Egipto, el aire es seco y caluroso, con un cielo muy celeste y sin nubes casi todos los días del año. Por otra parte, las zonas de buceo y playa del Mar Rojo y la península del Sinaí tienen su temporada alta, de junio a septiembre, cuando los europeos toman sus vacaciones de verano.
Un párrafo aparte merece el Ramadán, la festividad más importante de la religión islámica. Se celebra durante un mes entero (este año comienza el 27 de noviembre), durante el cual los musulmanes se concentran en su fe por medio del ayuno y la abstinencia.
Desde el amanecer hasta el atardecer no tienen permitido beber, comer, fumar ni tener relaciones sexuales.
Muchos restaurantes y cafés están cerrados hasta la noche y, en general, las actividades y paseos terminan más temprano. Al final del día, el ayuno se interrumpe con una comida llamada iftar y luego es muy común visitar a amigos y familiares hasta la madrugada en medio de un clima festivo. Las noches de Ramadán en el mercado de Khan el-Khalili son uno de los momentos más mágicos de El Cairo.





