
Más Balzac y ni una menos: charla con Gonzalo Garcés
En Por qué leer a los clásicos Italo Calvino propone, entre muchas de sus respuestas, una que me parece especialmente apropiada para empezar a leer -o releer- a Balzac.
Les recuerdo que hoy teníamos, para comentar entre todos y a sugerencia de Gauchito, el cuento La cúpula de los Inválidos que forma parte de los Cuentos humorísticos escritos por el francés, a quien se lo conoce por la creación de La comedia humana, una serie más de cien novelas interconectadas por sus personajes y escenarios, que se conoce como el retrato más detallado de la sociedad francesa.
"Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima. El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber) pero no sabíamos que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona con él de una manera especial). Y ésta es también una sorpresa que da mucha satisfacción, como la da siempre el descubrimiento de un origen, de una relación, de una pertenencia", escribe.
Concuerdo plenamente con esa interpretación y lo tengo comprobado. Tengo mi propio clásico de clásicos, el que siempre me viene a la mente, al que recurro para poner ejemplos, explicar mi visión del mundo o moralizar a mis hijos (admitámoslo, eso es lo que hacemos en definitiva, impregnar a nuestros gurrumines con nuestros propios valores). Es Les Misérables, de Victor Hugo. Lo leí completo hace años, sus dos tomos en francés –hazaña que no pude repetir con ningún otro autor aun cuando lo he intentado, lo que evidencia la conexión, se podría decir,visceral que tengo con esta obra-, canté con todas las desafinaciones posibles las canciones del musical de Andrew Lloyd Webber, al ver el espectáculo en Broadway, mientras cocino o en la ducha -salvo en subtes y colectivos, valga la aclaración- en mis clases de comedia musical, vi las distintas películas –sin dudas, la mejor versión fue la protagonizada Hugh Jackman y Anne Hathaway- y un grupo de lectura o de gente convocada por su afición a la obra fue el primero al que me sumé en Facebook.
La cuestión es que Víctor Hugo fue, pese a sus diferentes posturas políticas, muy amigo de Honoré de Balzac. Más defensor de las formas republicanas del gobierno y la democracia que su colega, quien seguía una postura legitimista en la Francia de la restauración monárquica, sin embargo, no dejó que las distintas ideologías disminuyeran la admiración que sentía por el autor de La comedia humana y fue el encargado de pronunciar un famoso panegírico en su honor durante su funeral en 1850.
¿Por qué es un clásico Balzac?
Se lo pregunto a Gonzalo Garcés, escritor, director editorial de Galerna Libros y mi referente de consulta permanente ante dudas literarias. Todo lo que sigue a continuación, aunque sin entrecomillar pertenece a su respuesta.
Muchos de sus temas son universales, en un libro como Papá Goriot tenés el tema de un padre dedicado en cuerpo y alma a sus hijas y del cual sus hijas se aprovechan groseramente. Al mismo tiempo en la misma novela aparece Rastignac, un joven que llega a la capital dispuesto a comerse el mundo y a pisar las cabezas que tenga que pisar para triunfar. Todos sus personajes, como vamos a encontrar en Shakespeare son arquetipos.
Pero Los arquetipos de Balzac se mueven en el contexto de una sociedad muy definida: época de Luis Felipe en Francia en la primera mitad del siglo XIX, después de la revolución francesa y de las guerras napoleónicas en Francia, de la restauración de la monarquía y de la segunda revolución de 1830 que limitó ese régimen a una monarquía parlamentaria, en cierto sentido, más democrática.
Desde la Revolución no sólo se había creado un nuevo modelo de sociedad y estado para Francia sino que había surgido un nuevo modo de pensar para Europa y el mundo. Fue una época de mucho crecimiento económico ligado al papel preponderante en la vida económica de la burguesía que desplazó del poder a la aristocracia y a la monarquía absoluta. Ese cambio social, el renovado de la iglesia y las aspiraciones revolucionarias realizadas a medias, a Balzac lo fascinaba.
Lo cierto es que para quien no se interesa por la historia este autor puede resultar muy aburrido. Aunque, quizá lo más interesante para quien le interese indagar en las actitudes humanas, son sus arquetipos. Balzac no sólo retrató a ambiciosos, a duquesas decadentes, a cortesanas, a padres babosos, a criminales, sino que es probablemente el primer novelista que retrata a un homosexual el personaje de Vautrin (que aparece en Papá Goriot y en otras novelas de La comedia humana), un mercenario y asesino, sincera y abiertamente homosexual pero que escapa al estereotipo del amanerado.
Si esto no alcanza para interesarte por Balzac te puedo mencionar a Serafita una novela que transcurre en Noruega y cuyo protagonista es Seraphita o Seraphitus. Son dos nombres porque el protagonista es un ángel y los ángeles no tienen sexo, por momento ses la bella Seraphita y si lo mira otro es Seraphitus, el poderoso ángel.
Otro dato, Balzac escribió 30 novelas antes de firmar un libro, porque creía que ser escritor es como ser carpintero, había que trabajar mucho para dominarlo.
Tuvo un gran amor a distancia y muchos dicen que una mujer de cuerpo presente hubiera sido demasiada distracción para él y también se le atribuye una frase que lo convierte en el santo patrono de los workaholics: después del sexo suspiraba ¡otra novela que no escribiré!
¿Estás de acuerdo con el mensaje de ni una menos?
Esta es una especie de entrevista a la inversa. La pregunta me la hizo Gonzalo a mí. En parte porque ayer se hacía la marcha #Niunamenos pero porque desde hace tiempo está participando de la conversación, especialmente a partir de la publicación de su último libro, Hacete hombre (Ed. Marea), del cual hablamos en el Club en La novela autobiográfica, sus verdades y sus inventos y que generó una nutrida cantidad de notas y debates sobre las cuestiones de género, con diversas interpretaciones, algunas más profundas que otras, sobre la mirada que propone acerca del final del patriarcado.
La respuesta es en primer lugar es claro, obvio, porque es importante que el tema se vuelva visible, que salga de los debates teóricos entre intelectuales y que empiece a ser apropiado por una gran parte de la sociedad que no tenía tiempo ni espacios para considerar estas cuestiones. En una segunda instancia, me parece que conviene analizarla en toda su complejidad, porque son muchos los frentes y también los actores sociales que estamos involucrados, así que les propongo continuar con el tema más adelante, con una mirada más analítica.
En relación a lo literario, les dejo un pdf de una novela de Balzac que justamente pone el foco sobre el sufrimiento inevitable de la mujer: Eugene Grandet, una rica heredera que para poder acceder a sus bienes tiene que casarse pese a sus deseos, ya que en la sociedad francesa del siglo XIX la mujer no podía ser dueña de su patrimonio.
Evidentemente recorrimos un largo camino desde entonces, pero todavía queda mucho terreno por explorar y muchos espacios por conquistar. Con Gonzalo finalmente coincidimos en que el #niunamenos, aunque sintético, como todo hashtag, es uno de ellos.
Cariños, espero sus comentarios y somo siempre, me pueden escribir a clubdelecturaohlala@gmail.com
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