Música y sensualidad en las noches del Lido
El tradicional teatro-cabaret de los Champs-Elysées cumple sesenta años y lofesteja en otoño, como siempre con plumas, lentejuelas y las Bluebell Girls
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PARIS.- Lentejuelas, espejos, reflectores, todo lo que tiene París de Ciudad Luz parece reflejarse mejor en el emblemático Lido, el teatro-cabaret de los Champs-Elysées que inventó el concepto de cena-show y que hoy está de aniversario. Sesenta, nada menos. Quién lo diría, joven como se lo ve, gracias a la lozanía que le prestan sus célebres Bluebell Girls, las chicas que vestidas con plumas y paillettes renuevan cada año, junto a las burbujeantes botellas de champagne, el mito de la vie en rose de París.
No hay excursión de Paris by night -que recorre la Torre Eiffel iluminada y los árboles encendidos de la avenue Montaigne- que no proponga terminar la noche deslumbrados por el strass, las pelucas vistosas, los accesorios de plumas y la música del Lido, que en seis décadas se ganó un lugar bien merecido en el panteón de los mitos turísticos franceses.
El aniversario se cumplió en junio, ya que en junio de 1946 -cuando Francia apenas salía de una guerra devastadora y las ansias de renacer se volcaban también en las frivolidades de la revista- abrió el legendario teatro. Pero los festejos, que se anuncian en París con una fastuosa producción fotográfica realizada en la Place de la Concorde, se realizarán oficialmente en otoño.
La madre Bluebell
Mientras tanto, las grandes tiendas Printemps se anticipan con su propio homenaje: sus elegantes vidrieras se suman al brillo del cabaret, decoradas con trajes de luces y plumas, a la vez que se venden prendas especiales con la etiqueta Lido y se exponen fotografías de los escenarios y los entretelones del teatro. Y eso no es todo: durante agosto, dos auténticas Bluebell Girls reciben a los clientes en la terraza panorámica del octavo piso, con París a sus pies.
La creadora de las Bluebell Girls, las célebres bailarinas del Lido, fue la irlandesa Margaret Kelly, apodada Miss Bluebell cuando era niña por el brillante azul de sus ojos. Kelly empezó a bailar durante la infancia para fortalecer sus piernas, por consejo médico, y luego se convirtió en bailarina profesional de los Hot Jocks, un cabaret escocés.
Su carrera la llevó a Europa continental, donde integró la revista del Folies Bergères en París: allí fundaría la compañía de baile que hizo famoso al Lido. Sus criterios eran estrictos: las Bluebell Girls deben medir como mínimo 1,75 metros, y sus parteinares masculinos no menos de 1,80. Muchas de ellas eran chicas demasiado altas para seguir su carrera como bailarinas clásicas, que encontraban en el cabaret una segunda vida. La mayoría la consideraba como una segunda madre, protectora y exigente, pero siempre atenta a las necesidades y al crecimiento de su troupe.
A partir de 1948, casi desde la fundación del Lido, se mudó al teatro de los Champs-Elysées. Y las reglas que ella impuso -altura, belleza, un pecho natural apto para ser exhibido desnudo durante el show y una respetable distancia frente al público- siguen tan vigentes hoy como antes.
Es cierto que el Lido no pasa hoy por su mejor momento, y la conducción familiar de los herederos de Joseph y Louis Clerico -dos constructores de origen italiano que compraron el Lido en 1946 y el Moulin Rouge en 1955- dio paso a un gran grupo del sector de los restaurantes y la gastronomía.
Y mientras el Lido se reestructura para sobrevivir, el Moulin Rouge, todavía en manos de la familia Clerico, gira más rápidamente que nunca (después de haber vivido su propia crisis en los años 90). No es ajeno al fenómeno, dicen, el éxito de Moulin Rouge , película con Nicole Kidman. Pero también contribuye un espectáculo más anclado en la imagen internacional del french cancan , con su revuelo de faldas azules, rojas y blancas, menos exclusivo y más popular, como el público que prefiere Montmartre a los Champs-Elysées.
Bonheur
Entretanto, el Lido llega a su cumpleaños sesenta con un espectáculo impresionante de baile, coreografía, vestuario y escenografía. La revista Bonheur ( Felicidad ) hace honor a su nombre, frente a una sala con capacidad para 1150 personas, que funciona los 365 días, en dos espectáculos nocturnos.
Poco a poco, las rígidas reglas de vestuario se fueron aflojando -turismo obliga- pese a que el precio de la entrada (de 80 a 100 euros, que suben de 140 a 210 cuando es con cena incluida) todavía hace del Lido una salida de lujo. Y lo es también por el costo de producción del espectáculo: sólo el tapado en plumas de avestruz que una de las 42 bailarinas lleva en el final, durante apenas 40 segundos, vale unos 18.000 euros.
Veinticuatro asistentes ayudan a las 42 Bluebell Girls a cambiarse entre bastidores durante los 90 minutos de vertiginosa presentación. En total, 10 millones de euros para una serie de cuadros, con 23 escenografías, basados en La femme , Paris je t aime , L Inde légendaire y Rêves d étoiles . Un abanico de música, color y lujo que está a la altura de la mítica París de los años locos, burbujeante y luminosa como una copa de champagne derramada al pie del Sena, esa legendaria copa que muestra la vida color de rosa .
Moulin Rouge y otros cabarets clásicos del circuito parisiense
El Lido no está solo en la noche de París, donde se suman a sus lentejuelas las de otros tradicionales cabarets, como el Moulin Rouge, el Folies Bergère o Crazy Horse.
Moulin Rouge. El más reconocible por el emblemático molino rojo que ilumina la noche de Montmartre, fue fundado en 1889 en un barrio que era entonces tierra de artistas, saltimbanquis y marginales. El mismo año en que una curiosa torre triangular de hierro se recortaba contra el cielo de París, para la Exposición Universal de 1889. Dos años después se inauguró la basílica del Sacre-Coeur, otro emblema del barrio.
El Moulin Rouge era un cabaret popular, lleno de prostitutas, marginales y artistas, como retrató con maestría Toulouse-Lautrec, y todavía hoy su aureola de transgresión y divertimiento prohibido atrae a los turistas en busca de aquella tierra de perdición que eran los barrios bajos de París -aunque Montmartre sea una colina- en los primeros años del siglo XX. El Moulin Rouge, uno de los más frecuentados cabarets de París, presenta en estos días la revista Féerie , con una troupe de 100 artistas, entre ellas 60 Doriss Girls, su versión de las Bluebell, con más de 1000 trajes de plumas y lentejuelas, brillantes sobre el no menos deslumbrante decorado. www.moulinrouge.fr
Folies Bergère. Es el reino del french cancan , el mítico cabaret donde nació en el siglo XIX, hace casi 150 años, la primera revista de music-hall. La historia del Folies Bergère roza la leyenda, con blasones literario-artísticos incluidos: Guy de Maupassant lo describió en Bel Ami , Manet lo retrató en Le Bar des Folies Bergère , la Bella Otero se subió a su escenario, Leo Mallet ambientó aquí su novela Enigme aux Folies Bergère, y Claude Lelouch su película Los unos y los otros . Su nombre está unido al de Mistinguett, Maurice Chevalier, Josephine Baker y otros artistas, como Charles Trenet, Fernandel o Jean Gabin, que también supieron pisar su escenario.
Antiguamente, Folies era el nombre de las casas de placer creadas en el siglo XVIII para la nobleza, con toda su panoplia de fiestas nocturnas, espectáculos y gastos locos. En el siglo siguiente, diversos teatros empezaron a llamarse Folies, seguido del nombre del barrio o de la calle: en este caso, la calle era Bergère, y así nació el nombre del cabaret que fue en sus comienzos una fórmula mixta entre el café concert y el teatro, y que este año presentará a partir del 27 de octubre el musical de Broadway Cabaret , con puesta en escena de Sam Mendes, totalmente en francés y con artistas locales. www.foliesbergere.com .
Crazy Horse. En el cielo de los cabarets parisienses también brilla alto la estrella del Crazy Horse, abierto en mayo de 1951 cerca de la place de l Alma como sala de variedades. Su creador, Alain Bernardin, estaba fascinado por el mito del Lejano Oeste, y buscaba sumar el mundo del saloon a la Rive Gauche. Una apuesta arriesgada, combinada con el striptease a la americana. Los primeros espectáculos, individuales, fueron reemplazados luego por cuadros vivos con varias bailarinas, en forma de minirrepresentaciones con su propia coreografía, luces y decorados. Con el tiempo, los efectos visuales y la plasticidad de las presentaciones se fueron refinando, acompañados de sutiles juegos de luces y una atmósfera de sueño que todavía hoy lo distingue y le da fama internacional. Desde hace dos años, presenta el espectáculo Taboo , que ha conocido versiones exportadas por el Crazy Horse a otros escenarios del mundo. www.crazyhorse.fr
Datos útiles
Cómo llegar
Está en 116 bis, avenue des Champs-Elysées. Se llega al Lido en metro hasta la estación George V (línea 1), y también en el RER A estación Charles de Gaulle Etoile.
Tarifas y Horario
Abierto todos los días, de 9 a 20, el Lido ofrece una cena con champagne y orquesta en vivo, seguida de la revista Bonheur , a partir de 140 euros.
Más información
Comunicarse por el 0033 140 76 56 10






