
Paseos para darse dique
Un puerto para salir a visitar el Paraná de las Palmas a través de los canales recorridos por Benito Villanueva, que pretendía la urbanización de barrios náuticos
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Dique Luján es un barrio semirrural a 40 kilómetros de Buenos Aires, flanqueado por el río homónimo y surcado por algunos canales. No alcanzó el sueño de urbanización que quería darle Benito Villanueva, un pionero que se anticipó por muchas décadas a los barrios náuticos. Tampoco el ferrocarril coronó su futuro isleño y abandonó sus aspiraciones de cruzar a Entre Ríos. Sin embargo, junto al río plantó la estación Dique Luján, pero el dique sobre el cual cruzarían los trenes de pasajeros y de carga, para seguir hasta el Paraná de las Palmas y a lo largo del canal Arias, nunca se construyó. Y no sólo eso. Un día, el tren dejó de llegar a esa estación.
Hoy, donde estuvieron las vías queda un sendero silvestre con árboles en túnel -recto y ocre- que cobija a presurosos ciclistas y a vigorosos amantes del trekking. La nueva Venecia no llegó a existir con el coqueto perfil imaginado, pero quedaron algunos canales, como el Villanueva, sobre el que se apostaron varias guarderías náuticas.
Es bueno saciar la curiosidad con una visita a esta zona arbolada, pero la única manera de pasar el día allí es hacer una jornada de camping o almorzar en La Palmera, un reino de pastas caseras. Planificar un asado en las parrillas del camping Tigre Norte, con entrada (3 pesos), o pescar desde su muelle, también son una alternativa para captar el paisaje y el movimiento de lanchas desde donde hace esquina el río Luján y el canal Villanueva, el cual nace hacia tierra adentro.
El camping tiene modestas habitaciones con baño privado a 25 pesos, pero sólo recomendables para pescadores. El canal Villanueva se cruza por un puente peatonal, para dar con la ribera de parrillas y una feria orillera. Es la zona conocida como La Ñata, cruzada por el canal Carolina y limitada por los similares García y Rioja. A La Ñata sólo se accede en automóvil desde Benavídez y la ruta provincial 27.
Safaris y pato a la naranja
La otra posibilidad en Dique Luján es hacer un safari fotográfico e incursiones por los canales más estrechos, paralelos al Luján. De abandonar su avenida principal, 12 de Octubre (acceso desde la ruta provincial 26), se toma por la asfaltada y estrecha calle Prefectura, medio kilómetro hasta el río Luján. El puesto de la policía marítima aparece junto a una suerte de puerto donde amarran brevemente las lanchas colectivo de Delta Argentino (4749-0537). Con ellas se puede llegar a los históricos recreos del Paraná de las Palmas, como El Tropezón, de onda caribeña; Puerto Axé, de gran parrilla; Laura, y Cruz Alta, con el viejo e inconfundible estilo isleño.
El lugar, a un centenar de metros del nacimiento del canal Arias, está caracterizado por una altísima palmera que se yergue frente a la guardería Dique Luján y al restaurante especializado en pastas que tomó ese nombre, La Palmera (reservas por el 03488-440807).
Se llega por el Acceso Norte, ramal a Zárate hasta el kilómetro 43 (peaje, $ 1,50), cuyo último tramo se encuentra transitoriamente más estrecho debido a trabajos viales. Las señales viales anuncian Maschwitz y ruta provincial 26, desvío que se toma hacia la colectora. Luego hay que tomar la diagonal Villanueva que cruza Maschwitz, y a la derecha del ex ferrocarril Mitre continuar por la ruta 26 que lleva a Dique Luján.
Para comer en Maschwitz, sobran ofertas parrilleras junto a la colectora (doble mano sobre el lateral NE). La estrechez de La Estancia -de colectora y Mendoza- compensa por los platos económicos, caseros y de abundante parrilla que se sirven con la experiencia de Ursulina Stefani.
Para saborear una comida inolvidable no hay más que ir al restaurante Hans, del cocinero y también propietario Hans Schar. El pequeño pero casi primoroso salón suizo, de la calle Balcazar y colectora, está allí desde hace 23 años. En sus mesas aún se mantienen las recetas originales y la buena atención (reservas por el 03488-441710). Este festín comienza en la panera (librillos de hojaldre calientes a la manteca) y con los canapés, que pueden ser servidos con ingredientes para untar.
Un plato imperdible es el pollo con salsa cremosa de azafrán, langostinos y arroz (18 pesos). Los lomitos de cerdo a la ciruela (13 pesos), los carré o el cordero fileteado con salsa de hierbas (13 pesos), ofrecen platos internacionales que no se ciñen a una simple papa a la suiza o a conocidas recetas centroeuropeas. Hans cuida todo detalle (incluido el decorado de sus manjares) y gesta la aparición de platos no muy comunes, si es que el pato a la naranja sigue sin convertirse en una vulgaridad.
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