
Piriápolis antes del verano
El balneario uruguayo ofrece una estada económica, facilidades para llegar y la tranquilidad que la pretemporada les da a las playas
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PIRIAPOLIS, Uruguay.- Si el teleobjetivo enfoca a la pareja desde la playa y se la retrata en su paseo por lo altos del malecón de estilo belle époque, con el Hotel Argentino como fondo, la fotografía podría suponerse de los años treinta. Por entonces aquí, y no en Punta del Este, se volcaban las preferencias del verano.
Ahora hay porteños y bonaerenses que aprovechan la disponibilidad hotelera que precede a las fiestas de fin de año y el estallido del verano: toman por 30 dólares -o menos- habitaciones dobles con desayuno, y hacen playa en algunas de las bahías que los cerros encierran y delimitan con sus romas y rocosas penínsulas asomadas a las aguas entre el alborotado revoloteo de gaviotas. Esas puntas o penínsulas son conocidas como Punta Rasa, Negra, Colorada, Fría, Imán y De los Burros.
Los paseantes almuerzan en alguno de los restaurantes de la Rambla de los Argentinos (La Goleta, por ejemplo, que no cierra en todo el año, en la esquina con la calle Trapani, con un bife de costilla completo por 7 dólares) y dan cuenta de menús básicos que van de los 8 a los 14 pesos.
En bus y a la carrera
Hay quienes llegan con alguno de los tres servicios diarios del Bus de la Carrera, un trayecto carretero cubierto sin transbordos desde Buenos Aires y hasta Montevideo por el camino de los puentes.
En la moderna y bien atendida terminal montevideana de Tres Cruces, conectan con el servicio rápido hasta este destino a razón de 4,10 dólares y 4,90 el rápido.
El Bus de la Carrera cuesta 26 pesos (reservas en Buenos Aires por el 313-1700) y su dormibús de asientos-cama, 29. Los pasajeros no necesitan abandonar sus asientos en la frontera para los trámites de rigor. El total, ida y vuelta, ronda los 62 dólares e insume para el primer tramo ocho horas de viaje.
Otros optan por usar el servicio de transbordadores que acortan el viaje por agua. Lo logran a razón de 135 dólares el pasaje de ida y vuelta directo (Buquebús, con reservas por el 316-6500), desde el puerto de Buenos Aires los viernes y regreso los domingos, programación que se extenderá a servicios diarios en plena temporada.
El viaje reconoce antecedentes con el servicio del buque de la carrera, una lenta pero pionera travesía que comenzó a traer a Piriápolis -desde 1913- turistas argentinos.
Junto a las olas
Gabriel Piria atiende el parador de la playa San Francisco -la preferida de los surfistas- lugar de abastecimiento de quienes evitan el regreso del mediodía a fuerza de chivitos, emparedados y otros tentempiés.
Se trata no sólo uno de los dos concesionarios con paradores de Piriápolis (el otro está en Playa Hermosa), sino que resulta, nada menos, que ser bisnieto del progresista fundador del balneario, don Francisco Piria.
En Rambla y Sierra se estaciona todos los veranos Julio Garategui, que alquila carpas montables y sombrillas (atiende por el 2-2328) a razón de 8 y 5 dólares diarios, respectivamente; o las carpas, 120 dólares por enero. Y si sigue camino hacia la Rambla de los Ingleses, frente al puerto se encontrará la aerosilla, que por 5 dólares trepa hasta lo alto del cerro del Inglés, con gran vista panorámica.
Quienes hicieron el viaje en automóvil, ya sea por el transbordador a Montevideo y recorrieron casi un centenar de kilómetros costeros o los que llegaron por los puentes, están en condiciones de hacer muchos paseos, luego de recorrer todo el sinuoso acceso ribereño.
La ruta 37, que arranca en la costanera como bulevar Artigas, tiene, a la vera del kilómetro 4, a Quebradas del Castillo, un restaurante y hospedaje (reserva por el 00598-43-22254) que funciona en la posta colonial y caballeriza militar donde se domaban los planteles. El pionero Piria reconstruyó la posta para basar en la zona las actividades que puso en marcha a fines de siglo pasado.
Por ejemplo, las vides de los alrededores, que terminaron en la bodega que existió frente al palacio -del kilómetro 5 de la ruta 37- que ahora funciona como museo y vale la pena visitar, no lejos de la reserva de fauna en semilibertad.
Acampar significa oblar cuatro dólares diarios por persona, y los incalculables para el presupuesto, está claro, en la pasada por el casino. Suerte.
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