
Un Carnaval en Limoux
Estuve en... Francia Jorge Osvaldo Ferreño
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Limoux, ciudad milenaria del sur de Francia, en la región del Languedoc-Roussillon, cercana a Carcassonne, tiene como tradición festejar un Carnaval propio y muy particular, desde el siglo XIV. Visitarla es una propuesta turística diferente, con atractivos agregados como el Blanquette, primer vino espumoso; una cocina regional y local interesante, y tres museos, dedicados al piano, la pintura y los autómatas.
La curiosidad por algo distinto nos llevó hasta allí, un lugar que nos resultó sorprendente. Grupos de hasta quince personas, todas con máscaras, realizan los sábados y domingos, desde enero y hasta fines de marzo, tres salidas en el día alrededor de la plaza central.
A las 11 fue el turno de los goudils, con disfraces a su antojo, en general satíricos sobre la actualidad política, local o internacional. A las 15, los fecós aparecieron con trajes satinados y máscaras, mientras que a las 22, la más solemne, con movimientos lentos y acompañados de antorchas, se hizo presente.
Este último grupo precede a un conjunto musical, sosteniendo una carabena (vara flexible que llevan para provocar a los espectadores). Van danzando con los brazos en alto, con cadencias lentas, desfilando por las arcadas de los edificios y parando en cada uno de los cinco cafés, donde reponen fuerzas con unos buenos tragos de blanquette, según la historia del primer vino espumoso, descubierto en 1531, por los monjes de la abadía benedictina de la vecina Saint Hilaire. Sólo fabrica su burbujeo si se embotella cuando la luna está en cuarto creciente.
Uno puede beberlo en cualquiera de sus versiones: método ancestral, ligero y dulce; el brut, para acompañar cualquier plato, y el cremant, como aperitivo y también con aves y pescados, se convierte en un placer permanente.
Además tiene una gastronomía regional amplia con conocidísimas preparaciones, como el cassoulet, el confit de canard y el foie gras.
Y local: el turrón de Limoux, delicada mezcla de glucosa, miel y huevo, del color de la leche, relleno de almendras tostadas con piel.
El turrón de Limoux se consume durante todo el año, y sobre todo en Carnaval. Otras delicias: el fricasé de Limoux a base de cerdo con porotos; la ensalada de alcauciles con foie; el pato a la limouxine, con azafrán y ajo, y los quesos de cabra con miel de la zona, toda una tentación para el paladar, imposible de rechazar.
Por todo esto y mucho más somos reincidentes a través de los años.
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