Anécdotas y arte en el Hall de Honor
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Más allá de su valor histórico, los bustos presidenciales han sido una buena excusa para abrir las puertas de la Casa Rosada a algunos de los mayores exponentes del arte escultórico argentino y extranjero. Y, también, a algunas sabrosas anécdotas.
Así, la famosa escultora tucumana Lola Mora (autora de la fuente de Las Nereidas, en la Costanera Sur) fue la encargada de esculpir el busto de Luis Sáenz Peña. Mora es la única artista mujer que tuvo a su cargo esa tarea.
Otros artistas fueron Francisco Cafferata, que esculpió a Cornelio Saavedra y Bartolomé Mitre, y Lucio Correa Morales, que representó en mármol de Carrara a Bernardino Rivadavia, Justo José de Urquiza y Santiago Derqui.
La imagen de Julio A. Roca fue esculpida por un letón, Leopoldo Bernstamm. Y la de Nicolás Avellaneda, por un belga, Emilio Cantillón.
El alumno de Rodin, Pedro Zonza Briano, esculpió la imagen de Hipólito Yrigoyen. Un italiano, Ettore Ximenes, tuvo a su cargo el busto de Domingo F. Sarmiento, mientras que Miguel Juárez Celman brotó de la inspiración del filipino Félix Pardo de Tavera.
Muy poco le habría gustado al francés Dionisio Puech enterarse de que uno de los soberbios bigotes de Manuel Quintana, que con tanto esmero representó, sucumbió en circunstancias no aclaradas. También con poco agrado habrá recibido Raimundo Rivoire, coterráneo de Puech, la noticia de que representó a Roque Sáenz Peña con la banda presidencial colocada al revés. Rivoire hizo el busto basándose en una foto del presidente, y copió la banda como la vio, naciendo desde el hombro izquierdo.
Arturo Illia fue recreado por Carlos de la Cárcova, el mismo que esculpió el busto de José María Guido, mientras que José Fioravanti representó a Juan Domingo Perón y Marcelo T. de Alvear.
Este último es el único presidente que aparece desnudo, al estilo de los emperadores romanos. Para que no se repita, Lanusse decretó que todos los bustos irán vestidos, de uniforme o de gala.



