Casanello apela a la “ignorancia deliberada” y vuelve a procesar a dos “facilitadores profesionales” de la corrupción
La Cámara Federal evaluará si convalida los procesamientos de dos financistas que habrían actuado con “ceguera voluntaria”
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El juez federal Sebastián Casanello procesó a dos “facilitadores profesionales” uruguayos acusados de intermediar en el lavado de sobornos en una trama de corrupción vial. Luego de tres intentos fallidos revocados por la Cámara Federal, el magistrado adoptó otro camino: reconfiguró el elemento subjetivo del delito y aplicó la doctrina de la “ignorancia deliberada”, que permite inferir el dolo aun sin prueba directa de conocimiento.
Los procesados son los uruguayos Daniel Pérez Montero y Mario Alberto Ribeiro Ricci, que por cuarta vez fueron procesados, acusados de actuar como engranajes técnicos que permitieron que un soborno de un millón de dólares que habría cobrado el titular del Órgano de Control de las Concesiones Viales (Occovi) durante el kirchnerismo, Gustavo Gentili, adquirieran apariencia de legalidad.

Tanto Pérez Montero como Ribeiro Ricci permanecerán en libertad, pero deberán afrontar embargos por $900 millones cada uno, a la espera de que la Cámara Federal porteña defina si revoca, por cuarta vez, los procesamientos que dictó Casanello, quien se apoyó en un dictamen del fiscal federal Carlos Rívolo.
Al frente del Occovi, Gentili controló −o debió controlar− los peajes en rutas nacionales durante años. Es decir, un circuito que movía miles de millones de pesos. Y desde allí, según reconstruyó la investigación judicial, habría cobrado retornos en licitaciones de los concesionarios de corredores viales, motivo por el que convocó intermediarios especializados en mover dinero negro.
Con procesamientos confirmados, tanto Gentili como otros acusados deberán sentarse en el banquillo de los acusados en un juicio oral, a diferencia de Pérez Montero y Ribeiro Ricci. ¿Por qué? Porque la Cámara Federal consideró, repetidas veces, que no había evidencia directa suficiente para sostener que ambos conocieran el origen ilícito de los fondos.
Para sortear ese escollo, el juez Casanello sostuvo que no es necesario probar que los “facilitadores profesionales” conocían de modo directo el origen espurio del dinero que ayudaron a mover para Gentili cuando existen indicios contundentes de que ambos eligieron no saberlo. Es decir, que actuaron bajo una “ignorancia deliberada”, bajo una suerte de ceguera voluntaria.
Para la defensa de los acusados, el juez no aportó ningún argumento novedoso que justifique que la Cámara Federal cambie de parecer, además de calificar el planteo de la “ignorancia deliberada” como una categoría “experimental e incompatible” con el Derecho Penal y Constitucional argentino, “cuya aplicación al caso requeriría en todo caso de una base fáctica que, simplemente, no existe”.
El antecedente narco
El juez y el fiscal Carlos Rívolo disintieron con esa postura, para lo cual invocaron al antecedente de “Carbón Blanco”. Es decir, una investigación sobre narcotráfico donde la Justicia impuso condenas por lavado de activos con base en el dolo eventual y conocimiento inferido a partir de indicios objetivos.
Aplicado a la operatoria que tuvo a Gentili como protagonista central, Casanello remarcó, por ejemplo, que en julio de 2013, tres días antes de que se acreditaran un millón de dólares, la firma Aspen Trading Corp, que controlaban Pérez Montero y Rebeiro Ricci, firmó un recibo donde reconocía que a otra sociedad vehículo, Febaro SA, que no le adeudaba nada. Es decir, que se reconoció el pago antes de que el dinero existiera, lo que el juez interpretó como la evidencia misma de una simulación dirigida a facilitar el movimiento y blanqueo de fondos delictivos.
Los correos electrónicos secuestrados durante la investigación judicial revelan, además, la mecánica interna del esquema. En ellos, los involucrados hablaban de “la tarasca” y “los alfajores” para referirse al dinero. Y en uno de esos emails, Ricardo López Naón, otro de los acusados que colaboró con las maniobras bajo sospecha, alertó al resto: “Técnicamente es una donación del padre, pero no lo podemos decir porque si se escarba, ¡explota todo!”.
Las inspecciones que el Banco Central del Uruguay desarrolló sobre la sociedad de Pérez Montero y Ribeiro Ricci reforzaron, para el juez Casanello, la hipótesis de la “ignorancia deliberada”. ¿Por qué? Porque Pérez Montero −que trató a Gentili durante más de quince años− se negó en 2023 a entregar sus correos personales a los inspectores del BCU.
Ese no fue un hecho aislado. Años antes, en 2016, la sociedad de los facilitadores profesionales, Aspen Trading Corp, ya había sido sancionada por dificultar tareas de supervisión y carecer de controles antilavado adecuados. Y para Casanello, esa reiteración demuestra un patrón: se abocaron a borrar rastros supervisables como condición de funcionamiento del esquema.
Ahora, la Cámara Federal -con la integración de Eduardo Farah, Martín Irurzun y Roberto Boico- deberá definir si acepta el planteo de Casanello, con derivaciones que podrían ser sistémicas para abogados, contadores, financistas, escribanos, entre otros, sospechados de actuar como “sherpas” de la corrupción. La sofisticación técnica ya no protegería a los intermediarios; los expondría.
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