
Casi se estrella el avión de Menem
Zozobra: una fuerte turbulencia desestabilizó el Tango 01 y le hizo perder sustentación cuando estaba por aterrizar en la capital de Nueva Zelanda; "Estuvimos al borde del desastre", dijo el Presidente.
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AUCKLAND.- Durante algunos segundos, el presidente Carlos Menem creyó que se iba a estrellar a bordo del Tango 01. "Ya nos caíamos... Estuvimos al borde del desastre y sólo nos pudo salvar la pericia de los pilotos y la potencia de los motores", relató Menem.
Cuando faltaban dos minutos para que el avión se posara sobre la pista de aterrizaje en Wellington, la capital de Nueva Zelanda, lo zamarreó una fuerte turbulencia (un viento de corte), perdió sustentación y se prendieron las luces de emergencia para advertir que estaba a punto de perder el control. En el instante crítico, el piloto logró recuperar altura y desvió la nave hacia otro destino.
"La vi muy fea. Me di cuenta de la gravedad de la situación por mis conocimientos en la materia, y les pedí a Zulemita y a su amiga que se ajustaran al máximo los cinturones de seguridad", contó el Presidente, que en ese momento estaba en su cabina, con su hija y la de Armando Gostanián, Mónica.
El peor incidente
Menem admitió que fue el peor incidente aéreo que le tocó protagonizar en su vida. El avión, que estaba a cien metros de la pista, aproximadamente, llegó a tener la trompa apuntando hacia abajo.
"Fue muy grave. Habíamos entrado en pérdida. Hace poco se cayó un avión que atravesó por la misma situación en Perú", dijo el Presidente cuando estuvo a salvo. El accidente que tuvo con un helicóptero en Las Lomitas, Formosa, donde se precipitó sobre un rancho, hace algunos años, "fue menor comparado con lo que pasamos ayer", siguió.
"¡Mentime al menos!", imploraba el ministro de Justicia, Raúl Granillo Ocampo, al jefe de la casa militar, brigadier Vázquez, al tiempo que le pedía información. El secretario de Deportes, Hugo Porta, estaba pálido en su asiento. Cuando pasó el momento del pánico, el Presidente se acercó a la cabina de la comitiva y pronunció la frase que utilizó toda vez que estuvo en peligro: "Nadie se muere en la víspera".
Menem también apeló a una frase de Julio César para tranquilizar a los 35 pasajeros del Tango 01: "No temáis, tranquilos que vais con César y su estrella", les dijo citando al emperador romano.
Luego se trasladó hasta la cabina de los pilotos, para felicitarlos porque le habían salvado la vida. Resolvieron un problema que hasta ese momento sólo habían enfrentado en vuelos de simulación, en los cursos de capacitación que toman en los Estados Unidos.
El Presidente debía aterrizar en Wellington, un aeropuerto que tiene fama de ser tramposo, ya que la pista es corta (tiene 200 metros menos que la de Aeroparque) y la ciudad, muy ventosa.
Cuando el avión se aproximó a la capital de este país, el viento soplaba a 140 kilómetros por hora, y el agua del canal, que separa la isla norte de la isla sur, estaba muy picada.
"Miren las olas", dijo el secretario de la Presidencia, Alberto Kohan, al tiempo que se sacudía en el asiento. Eran las 14.30 del miércoles en este país, y se acercaba la medianoche del martes en Buenos Aires (hay 15 horas de diferencia).
Testigos oficiales
La primera ministra neozelandesa, Jenny Shipley, el gobernador general, Michael Hardie Boys y el alcalde de la capital de este país, Mark Blumsky, entre otros, observaron atónitos la maniobra del avión presidencial. Estaban aguardando a Menem en el aeropuerto, para la recepción oficial. "Vamos a desviarnos hacia Auckland" fue toda la información que en ese momento recibieron los pasajeros del Tango por parte del piloto. Casi en forma simultánea, el avión comercial de Qantas, en el que se trasladaba la comitiva empresarial y los periodistas que acompañan a Menem en esta gira, decidió desafiar a los vientos. Fue, por cierto, una experiencia inolvidable.
Fracasó en el primer intento: tuvo que recuperar altura en forma abrupta cuando volaba a pocos metros del agua, con poca estabilidad y asomaba amenazante una colina, en el horizonte cercano.
En el segundo intento, la nave dejó de moverse al ritmo de una batidora, pero sobre los asientos cayeron las máscaras de oxígeno y se descompusieron algunos pasajeros.
Cuando por fin tocó tierra, se escucharon algunos tímidos aplausos mientras que la tripulación pedía una silla de ruedas al personal de tierra para trasladar a uno de los empresarios argentinos que había sufrido una descompensación por el susto. "Sé que ustedes también la pasaron muy mal", dijo Menem cuando se encontró con los periodistas.
Cambio de planes
Una vez en Auckland, donde la comitiva de Menem no tenía siquiera hotel reservado, porque los dos días de su visita oficial a Nueva Zelanda se iban a desarrollar en Wellington, los funcionarios argentinos empezaron a evaluar las alternativas.
Descartaron la posibilidad de regresar a Wellington; aunque los vientos se calmaran y permitieran el aterrizaje, el Tango no iba a poder despegar, por el peso que significa el tanque lleno de nafta necesario para el regreso a Buenos Aires.
Finalmente, la primera ministra, el gobernador general y el canciller se ofrecieron a viajar a Auckland al día siguiente y cumplir aquí con los encuentros que estaban previstos en el marco de la visita oficial de Menem, que iba a durar dos días y se comprimió en cuatro horas.
Por el cambio de planes, se canceló un desayuno de Menem con empresarios locales que tienen inversiones en la Argentina y un seminario de negocios que iba a moderar Ruth Richardson, la ex ministra de Economía de Nueva Zelanda que en 1996 fue contratada por el entonces jefe de Gabinete, Eduardo Bauzá, para colaborar en el diseño de la segunda reforma del Estado.
En busca de inversores
Era uno de los puntos fuertes de la visita. Como lo hizo en Australia, la primera etapa de esta gira, Menem pretendía seducir aquí a potenciales inversores. Hasta ahora, las pocas empresas neozelandesas que exportaron capitales hacia la Argentina lo hicieron como socias menores de las australianas que ya llevan más de 1200 millones de dólares invertidos, sobre todo en el sector minero.
El intercambio comercial entre la Argentina y Nueva Zelanda es todavía más modesto que el que existe con Australia, no supera los 40 millones de dólares anuales. Por los estrechos vínculos entre los dos países, que conforman una zona de libre comercio, el Closer Economic Relations Trade Agreement (CER), Menem no podía visitar uno y dejar de lado al otro.
"Les pido disculpas, pero el tiempo nos jugó una mala pasada", dijo el Presidente a las autoridades de Nueva Zelanda. "Yo me quedaría, pero tengo que partir porque el viernes (por mañana) por la mañana tenemos reunión de gabinete en Buenos Aires", se despidió.
A la comitiva de Menem, la perspectiva de subir otra vez al Tango, para volar durante más de treinta horas, con una escala técnica en Tahití y otra en Mendoza, no les resultaba muy alentadora.
Facilidades
El secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, reconoció que los empresarios mineros australianos plantearon sus quejas al verse afectados por la política minera de Catamarca, como lo adelantó ayer La Nación .
"Hay una ley nacional respecto de la minería, pero hay una discusión sobre la interpretación de esa ley por parte de la provincia de Catamarca -explicó Kohan-. Menem ha sido claro en el sentido de que no hay ley provincial que esté por arriba de la legislación nacional, pero la buena voluntad del gobierno de Catamarca va a hacer que esto se solucione."
El funcionario agregó que "hay que tratar de facilitarle las cosas a quienes en definitiva también colaboran con el progreso del país".






