Con su discurso más enfático, Macri dijo que la Argentina está mejor que en 2015

Macri inauguró las sesiones ordinarias del Congreso
Macri inauguró las sesiones ordinarias del Congreso Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Laura Serra
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1 de marzo de 2019  • 15:13

Con la campaña electoral como telón de fondo y la reelección como objetivo prioritario, Mauricio Macri mostró su tono más enfático, por momentos enardecido, a la hora de defender su gestión de gobierno. "Hoy podemos decir que la Argentina está mejor parada que en 2015. Mejor no significa que ya estamos donde queremos estar, sino que hemos salido del pantano donde estábamos", sostuvo exaltado el Presidente en el Congreso al dejar inaugurado el 137º período de sesiones ordinarias.

Fue uno de los discursos más enérgicos que se le escucharon al Presidente en el Congreso desde que asumió en 2015. También, uno de los más difíciles que le tocó pronunciar: las burlas y los abucheos que arreciaban desde las bancas opositoras fueron incesantes a lo largo de los 59 minutos que duró su alocución.

"¡Los insultos hablan más de ustedes que de mí, señores, yo estoy acá por el voto de la gente!", les retrucó, enojado. Fue el pasaje más tenso de la sesión; sucedió cuando el Presidente se refirió a la marcha de la economía y a la política del gradualismo que se aplicó durante los dos primeros años de gestión. "Fue exitoso durante dos años y medio: creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión y las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700.000 puestos de trabajo", relató.

La oposición lo tomó como una provocación. Al principio reaccionó con burlas y expresiones irónicas; después, comenzaron a ponerse de pie: primero, Graciela Camaño y Marco Lavagna, del Frente Renovador, y después el resto del peronismo y del kirchnerismo. Aplaudían a rabiar, entre risas.

Pocas veces, la "grieta" entre el oficialismo y el kirchnerismo quedó tan en evidencia en el recinto como hoy. La expresidenta y actual senadora Cristina Kirchner no estuvo presente, como tampoco su hijo, el diputado Máximo Kirchner. Solo un gobernador de la oposición asistió a la ceremonia, el peronista Gustavo Bordet. Las críticas al discurso, al finalizar la sesión, fueron impiadosas: con calificativos que iban desde mentiroso hasta cipayo, todos coincidieron en que el Presidente planteó un país irreal y que es incapaz de resolver los problemas de la gente. No fue un discurso de anuncios; el único que mencionó fue un aumento del 46% para la Asignación Universal por Hijo, que hoy tiene 4 millones de beneficiarios. Tampoco prometió el envío de nuevas leyes, salvo el Código Penal. Es que el objetivo del Presidente frente a la Asamblea Legislativa era otro: apuntar contra el kirchnerismo en la campaña electoral que se inicia.

A diferencia de sus anteriores discursos ante el Congreso, esta vez el Presidente arremetió duro contra la corrupción del gobierno kirchnerista. Uno de los pasajes más fuertes fue cuando se refirió al decreto sobre extinción de dominio que dictó en enero pasado y que la oposición pretende ahora derogar por medio de una ley.

"Queremos recuperar los bienes de las mafias, el narcotráfico y la corrupción, y que cada quien que se oponga diga dónde está parado y a quién quiere proteger. Porque se acabó el tiempo en que los delincuentes se salgan con la suya mientras la enorme mayoría trabajamos para sacar este país adelante", exclamó. Su socia en Cambiemos, la diputada Elisa Carrió, se puso de pie para aplaudir y el oficialismo estalló en una ovación.

"Este es un Estado que combate las mafias y previene la corrupción. La ley del arrepentido se convirtió en una pieza clave para el avance de las causas judiciales", insistió Macri ante la algarabía oficialista y el silencio opositor. No fue el único golpe al kirchnerismo: le reprochó además que la anterior gestión haya condecorado al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hoy acusado de no respetar las libertades ni los derechos humanos de los venezolanos. "En 2015, los ejes de la política exterior de nuestro país eran la alianza con Venezuela y el pacto con Irán. ¿Cómo puede ser?", acicateó el Presidente, que acto seguido marcó el contraste con la política exterior actual. "En estos tres años tuve 130 reuniones con jefes de Estado de 48 países. Construimos confianza y recibimos un nivel de respaldo internacional inédito", enfatizó. Y agregó: "Este apoyo del mundo quedó claro en la Cumbre del G-20 ".

Sorprendió, por otra parte, al admitir que no alcanzó algunas de las metas prometidas. "Lamentablemente la pobreza ha vuelto a los niveles de antes", dijo, y reconoció que no faltarán quienes le recuerden que el año pasado había señalado erróneamente que "lo peor ya pasó". "Y tienen razón -admitió-. Pero también les quiero decir que lo que estamos logrando es enorme, enorme; porque estamos haciendo crujir estructuras viejas y oxidadas, muy arraigadas, que seguían beneficiando a los de siempre".

Ese fue el tono con el que recorrió su discurso: sobrevoló fugazmente algunos déficits de su gestión, como la economía, pero sobreabundó en los logros obtenidos en los primeros tres años de mandato con la mirada puesta en el futuro, como si estuviera parado recién en la mitad de su gestión y diera por descontada su reelección. "Los cambios profundos requieren paciencia", síntesis de su planteo de respuestas a largo plazo. En este sentido enumeró los avances en la lucha contra el narcotráfico, la modernización del Estado, el impulso al turismo y a las obras públicas tanto en materia vial como de transporte "a un costo promedio 40 por ciento más barato que en 2015".

Habló como un Presidente en campaña y remarcó que la senda trazada "no tiene vuelta atrás"

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