
Cristina reclamó a los candidatos definiciones en derechos humanos
Le contestó a Macri, que había hablado de "curros", y envió un mensaje elíptico a Scioli
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Justo un año antes dejar el poder, la presidenta Cristina Kirchner exigió ayer a los candidatos que aspiran a sucederla definiciones claras sobre la política de derechos humanos que aplicarán en un futuro gobierno, un mensaje más bien destinado a propios que a ajenos.
"No me importan tanto las palabras necias como los silencios cómplices", lanzó al inaugurar un polideportivo en Morón, en el mismo terreno donde años atrás se escenificó el horror de la dictadura, en lo que fue el centro clandestino conocido como Mansión Seré.
"Tenemos que pedirles a quienes quieran conducir la Argentina que también se pronuncien", insistió la Presidenta, tomando como punto de partida para sus críticas las palabras de Mauricio Macri, quien en una entrevista con LA NACION dijo que si llegara a la Casa Rosada terminaría con "los curros en derechos humanos".
Cristina Kirchner aprovechó aquella frase del jefe de gobierno porteño para reivindicar la política del kirchnerismo. "Esto es un logro de la sociedad y no es ningún curro", remarcó.
Pero más allá de ser una respuesta a Macri, a quien no nombró, quienes acompañaron ayer a la Presidenta en su regreso al conurbano apuntaron a Daniel Scioli como el destinatario del reclamo presidencial. "Fue para los de nuestro propio partido", interpretó el diputado Carlos Kunkel, quien participó del acto, cuando ya todo había terminado y el helicóptero presidencial levantaba vuelo rumbo a la Casa Rosada.
Toda la militancia de Nuevo Encuentro, el partido de Martín Sabbatella, que había llenado el estadio techado, se puso de pie para respaldar el mensaje presidencial.
Sentado en la mesa principal, el gobernador bonaerense se mantenía serio después de que el periodista Horacio Verbitsky recordara una vieja entrevista que Scioli había dado a la revista Playboy en 1990 con una mirada por demás contemplativa sobre el accionar represivo.
"Es una obligación moral, política e institucional decir cuál va a ser la política de derechos humanos del próximo gobierno porque esto no es patrimonio de Néstor Kirchner o mío, sino de los 40 millones de argentinos que lo tienen que defender", planteó Cristina. En su pedido, la Presidenta incluyó a todos los candidatos y aclaró que no le interesaba Macri en sí. "Hay que tener pena por los que tratan peyorativamente la política de derechos humanos", resaltó, y apuntó contra aquellos civiles que "se beneficiaron con la dictadura y hoy están al frente de empresas vivitos y coleando".
Después de dos postergaciones, el destino quiso que el acto en lo que fue la Mansión Seré cayera un 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, y el inicio del último año de la gestión de Cristina.
La interna del kirchnerismo volvió ayer a colarse como en cada presentación de la jefa del Estado con la presencia del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, ambos precandidatos y contrapesos a los que apela Cristina para marcarle a Scioli que su heredero no está definido.
Cristina reivindicó a Arturo Jauretche al presentar, por teleconferencia, el mural del intelectual ubicado sobre la avenida 9 de Julio. Y tuvo una solapada crítica a la UCR. "Cambie la cara, pongamos buena onda, [Leandro] Despouy", le dijo al presidente de la Auditoría General de la Nación, que la miraba serio tras la pantalla en otro de sus contactos, para la apertura del edificio remodelado del organismo que debe controlar a los funcionarios.



