EE.UU. siempre supo poco de las Malvinas
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WASHINGTON.- Probablemente ningún argentino se sorprendió al leer que el sempiterno tema de las Malvinas se convirtió en la piedra de toque de las conversaciones que el presidente Carlos Menem mantuvo con su par norteamericano, Bill Clinton, durante la visita de esta semana.
Pero para que Clinton prometiera usar sus buenos oficios con su "amigo cercano" Tony Blair, el primer ministro británico, para ayudar a otro de sus amigos cercanos, Menem, tuvieron que pasar 17 años y unos cambios radicales en la configuración política argentina y las relaciones entre Buenos Aires y Washington.
A fines de diciembre de 1981, a poco más de tres meses del desembarco militar en las Malvinas nadie en la cúpula del gobierno del entonces presidente Ronald Reagan parecía tener la menor noción de lo que significaban esas islas para la política argentina, ni tampoco de su impacto en la mente colectiva de su pueblo.
Esto lo revela Allan Gerson, quien actuó como asesor legal de la embajadora Jeane Kirkpatrick, la entonces representante permanente de los Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Según Gerson, en la última semana de diciembre de 1981 el canciller argentino Nicanor Costa Méndez, sentado junto a Kirkpatrick en un almuerzo oficial, aparentemente trató de dar la voz de alerta al gobierno de los Estados Unidos de que los militares estaban tramando una acción en el Atlántico Sur.
"Al salir del almuerzo -recuerda el asesor jurídico- Kirkpatrick preguntó si yo podía aclararle qué significaban las palabras ÔMalvinas, Malvinas´ que el canciller argentino insistentemente le susurraba en el oído, sin dar mayores explicaciones.
"Sin conocer el contexto en que fueron pronunciadas esas palabras, y debido a mis escasos conocimientos geográficos, sacudí la cabeza y no pensé más en el asunto hasta la sorpresiva invasión argentina a las islas Falklands (Malvinas) el 2 de abril de 1982".
Este episodio es recordado por Gerson en una amena biografía de la diplomática y asesora de política internacional del partido Republicano, "The Kirkpatrick Mission: Diplomacy Apology". El libro, publicado en Nueva York, en 1991, nunca fue traducido al español, a pesar de la popularidad de la que Kirkpatrick gozaba en los círculos oficiales y diplomáticos por su conocido interés en asuntos del hemisferio.
Gerson repitió la anécdota en una conferencia ante el Consejo Argentino de Relaciones Exteriores (CARI), durante una reciente y primera visita a Buenos Aires, el mes último. En una conversación sobre la estada, el jurista afirmó que la anécdota del encuentro Costa Méndez-Kirkpatrick dejó sorprendido a algunos de los asistentes.
Entre ellos estaban veteranos diplomáticos con conocimiento de primera mano de los pormenores del caso, como el ex canciller y presidente del CARI, Carlos Muñiz; los embajadores Lucio García del Solar, Roberto Guyer y Eduardo A. Roca, todos con una profunda experiencia en la ONU.
En sus reflexiones posteriores a la conferencia en el CARI, Gerson se pregunta ahora qué hubiera ocurrido si Kirkpatrick o él mismo hubieran captado el mensaje de Costa Méndez como una advertencia de que la invasión estaba casi en marcha.
Por lo menos teóricamente, la intervención militar, con sus lastimosas consecuencias, pudo haber sido frenada mediante una fuerte presión por parte de los Estados Unidos, país que los militares argentinos equivocadamente pensaron que sería un aliado por el Tratado de Río (TIAR), o que, en el peor de los casos, se mantendría neutral.
"Pero según me entero ahora", me dijo Gerson con una expresión de candoroso estupor, "si hubiéramos frenado la invasión, la Argentina posiblemente aún tendría una dictadura militar que continuaría reprimiendo al pueblo y cometiendo atrocidades que ninguno de nosotros sabíamos que estaban ocurriendo."
Gerson pertenecía al grupo de "neoconservadores", ex demócratas, como Kirkpatrick, que apoyaron la candidatura de Reagan y generalmente favorecían, al igual que en la década de los cincuenta, a los gobiernos militares con tal de que estos adoptaran una política francamente anticomunista y antisubversiva. Pero el académico Gerson, que un reciente jueves presenció la marcha de las Madres de Plaza de Mayo, alega que es "imposible" que el gobierno de Reagan estuviese enterado del grado de violencia y de represión en que incurrió la dictadura.
Gerson es actualmente un senior fellow del prestigioso Council on Foreign Relations de Nueva York, donde prepara un libro sobre las acciones de pacificación de la ONU, otro tema que estaba en el tapete de las conversaciones que Menem mantuvo con Clinton y con el vicepresidente Al Gore.
Por otra parte, el ex asesor de Kirkpatrick, un veterano funcionario del Departamento de Justicia y profesor de derecho internacional de George Mason University, ofrece un ejemplo clásico del desconocimiento que afecta a América latina entre los grupos más entendidos en política exterior, que por lo general se especializan en asuntos europeos, asiáticos o del Medio Oriente.
Asimismo ilustra una vez más respecto de la fragilidad de información con que se maneja en una de las grandes potencias un tema que no les es ajeno a académicos como William Sullivan, catedrático de Columbia University y ex embajador de los Estados Unidos, o a los profesores John D. Montgomery y Raymond Vernon, del John F Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard.
En su libro "Posdata", Montgomery ironiza sobre lo imprevisible que son las conductas de los gobiernos norteamericanos ante eventos inesperados de la política internacional.
"Frecuentemente cosechamos algo completamente distinto de lo que hemos sembrado. En ningún área esto es más cierto que en la práctica de la política pública. Grandes empresas sociales, especialmente realizadas a una escala internacional, tienen la fascinante costumbre de tomar rutas nunca imaginadas. Por otro lado, iniciativas geopolíticas, frecuentemente en una escala trágica, a veces producen resultados sorprendentes", afirma Montgomery.
Para muchos, inclusive para Gerson, el sorprendente desembarco de las fuerzas de la dictadura en las Malvinas fue su suicidio y el regreso de la Argentina a un afianzamiento democrático que llevó al elogio del presidente Clinton cuando le dijo a Menem: "Ustedes encabezan el movimiento democrático de América latina."
"Y quizás todo esto porque Jean y yo fuimos tan ignorantes que no sabíamos lo que significaba ÔMalvinas, Malvinas´", ironiza Gerson.





