
El empresario español que se animó a enfrentar a Kirchner
Es titular de la confederación de empresarios españoles; es considerado un duro y hombre crucial entre inversionistas
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MADRID.- Una de las diferencias entre el presidente Kirchner y los grandes inversores españoles en el país es que ellos no se desgastan diciendo cosas desagradables, sino que tienen quien lo diga en su lugar, mientras observan desde la grandeza de la serenidad.
Atentos a las formas, en la Argentina delegaron la tarea nada menos que en un ex presidente, el socialista Felipe González, reconocido defensor de las empresas privatizadas y de servicios.
Pero aquí, en España, se sienten -naturalmente- más en casa, y desde hace dos décadas confían tal misión a José María Cuevas, el vocero empresarial que le soltó a Kirchner aquello de "usted nos ha puesto a parir", con lo que firmó el primer exabrupto en plena cara que el denominado "estilo K" le vale al presidente argentino en el exterior.
Nacido en la dureza de la meseta castellana, donde los hombres suelen ser de pocas pero precisas palabras, Cuevas es el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), el símil de lo que en nuestro país sería la Unión Industrial Argentina (UIA).
Y tanto es así que -al igual que ocurrió muchas veces con ella- Cuevas la preside desde hace casi veinte años sin ser empresario. Hijo de un tendero de Palencia, trabajó siempre para entidades empresariales: primero para el gremio papelero, luego fue secretario ejecutivo de una de las entidades de segundo grado que conformaron la CEOE, más tarde fue secretario de su primer presidente y finalmente llegó a esa posición.
Y tan astuto fue que una de las primeras cosas que hizo en el poder fue modificar los estatutos, de modo que pudiera ser reelegido, lo que viene sucediendo sin sorpresas.
Quienes lo conocen recuerdan que en su juventud pasó por la Falange y que en la Guerra Civil estuvo con los nacionales de Franco.
Posteriormente, puso ese sustrato franquista al servicio de la mentada y conciliadora Transición Española, donde el ex jefe del gobierno español Felipe González supo tener muy buen diálogo con él en la construcción de la "paz obrero-empresarial" que signó buena parte del proceso.
"Pero todo desde la sombra", dijo a LA NACION el periodista Mariano Guindal, que es coautor de su biografía.
Tuvo también el mérito de reconvertir el perfil de la entidad que perdía poder ante el avance de las privatizaciones y la globalización. Incorporó una variada oferta en capacitación profesional, mantiene el cobro de las cuotas al día y se consolidó como un excelente vocero empresarial ante figuras del país y del exterior.
Aunque luego lo que haya que negociar no pase por su escritorio, es casi impensable que el presidente de un país en el que haya intereses españoles no cuente con un desayuno en el que Cuevas oficie de anfitrión y los empresarios que manejan millones, de asistentes.
Religioso e historiador
Muy religioso, fue criado en una familia de igual condición, entre cuyos miembros cuenta una hermana monja. Está casado y tiene tres hijos ya mayores. No se le conocen aficiones más allá de la historia -es un buen conocedor de libros antiguos- y caminar en silencio por el monte.
"Es el tipo de persona que jamás verías en un campo de golf ni en un partido de tenis", dicen quienes lo conocen. Y se nota que llegaron a apreciarlo. "Es un hombre duro, pero buen negociador y con el que, al final, uno puede entenderse", dijeron.
Eso, a pesar de que se le conocen varios exabruptos. El mejor fue en una conferencia de prensa en un día muy difícil. Creyó que su micrófono estaba apagado y así se escuchó en todos los altavoces el "los periodistas son unos h... de p..." que murmuró a un colaborador. Y que es bastante más grave que decir "nos puso a parir".
Decenas de colegas lo miraron estupefactos y -dicen- él se puso más colorado que un pimiento. Pasaron los años y hoy unos y otros se saludan con respeto, lo que dice mucho.
Tal vez, después de todo, Kirchner podría considerar el contratarlo antes de ir a Washington... Aunque, pensándolo bien, es difícil que Cuevas acepte. La meseta española le tira mucho.






