
En el caso Carrasco se encubrió por una obediencia debida
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ZAPALA.- El concepto de la obediencia debida podría explicar por qué el juez federal Guillermo Labate indagará hoy a un general, el ex jefe de la Brigada de Neuquén, Carlos Díaz (retirado), acusado de encubrir el crimen del soldado Omar Carrasco, ocurrido en marzo de 1994.
"El fin no justifica los medios...Nunca se ordenará hacer algo inmoral. Si alguien cumple u obedece una orden inmoral...entramos en el campo de la inconducta viciosa...También debemos tener presente que somos responsables de los actos que se originen en nuestras órdenes", El comandante del Ejército, general Martín Balza, pronunció esta definición en la ceremonia de egreso de los subtenientes, en diciembre de 1993, tres meses antes del caso Carrasco. La repitió ante Bernardo Neustad en abril de 1995, procurando enterrar el concepto de la obediencia debida, pilar de la represión del Proceso.
Militares del cuartel mantuvieron oculto el cuerpo de Carrasco mientras difundian la primera historia oficial: Carrasco desertó. En la mañana del 6 de abril de 1994 arribó a esta ciudad el teniente coronel Victor Jordán, jefe de inteligencia de Neuquén, y poco antes de las 16 colocaban el cadáver y acompañaban su hallazgo con la segunda historia oficial: murió de frio o se suicidó.
Blanqueo
Jordán dependía orgánicamente del general Díaz. Según la periodista Eugenia Chorny, al mediodía del 6 de abril Díaz le confió que "apareció" el cuerpo. Por lo tanto, a la mañana hubo un operativo para blanquear el cadáver, pero se canceló sin que nadie le avisara al general. Si es así, alguien arriba suyo comandaba la operación. Su superior era el general Jorge Halperín, jele del V Cuerpo de Bahía Blanca.
Pero el teniente coronel Jordán dependía funcionalmente del jefe de Inteligencia del Estado Mayor, Jorge Miná, un coronel que tras el caso Carrasco ascendió a general. (El año pasado fue retirado a poco de entrar en el Senado el pliego de Jordán para su ascenso a coronel).
Miná dependía del general David Ubaldo Comini, director del Estado Mayor, quien expresó a La Nación que al estallar el caso Balza le quitó a Miná y lo puso bajo su órbita.
Con la autopsia que confirmó que a Carrasco lo mataron con un golpe en el pecho, surgió la tercera historia oficial: "Se escapó, lo asesinaronafuera y entraron el cuerpo al cuartel".
El comandante
Por encima de Balza sólo está el Comandante de las Fuerzas Armadas: el Presidente. El 15 de abril de 1994 Ambito Financiero publicó que el día anterior Carlos Menem urgió aBalza esclarecer el homicidio. El 17 Miná llegó a Neuquén. El 20 de abril el Ejército trajo en secreto a dos comisarios de Homicidios de la Policía Federal. Hablaron con Miná y Jordán y se pronunciaron por el homicidio dentro de la unidad.
"(Los militares) no podían determinar si lo mataron adentro o afuera. Mi impresión es que Jordán y (el juez casternse teniente coronel Raúl) José no nos dijeron todo lo que sabían", declaró el comisario Edgardo Duarte, según una fuente. Al día siguiente de la visita policial nació la cuarta historia oficial, con el teniente ignacio Canevaro y dos ex soldados como los asesinos. Los 3 fueron condenados por la Justicia.
Lo grave es que los entregaron sin ninguna certidumbre, a juzgar por las palabras del teniente coronel (R) Rodolfo Terrado, ex jefe de vecina unidad de Covunco. Este oficial brindó en Zapala un testimonio que recién ahora se conoce: "En una cena, Jordán y José me dijeron que no sabían quién era el autor del homicidio".
Todo esto ocurrió con la anuencia del juez federal Rubén Caro, sobre el que pesa un juicio político y quien permitió que se perdieran pruebas y testimonios importantes del encubrimiento.
"De pornto -confió a La Nación un diputado opositor- llegó una orden y todo se paralizó". La obediencia debida no es patrimonio exclusivo del Ejército.
El silencio como estrategia
La indagatoria de hoy al general (R) Carlos Díaz será una bisagra. De sus palabras dependerá la estrategia de los tenientes coroneles Víctor Jordán (jefe de inteligencia de Neuquén) y Raúl José cuando pasado mañana les toque su turno.
Sin embargo, como el abogado de Díaz hace mucho que no ve el expediente, algunos suponen que el general seguirá el ejemplo del suboficial René Lopez y callará.






