Espectacular golpe de la guerrilla chilena
Resurgimiento: los principales jefes del Frente Popular Manuel Rodríguez -que se suponía desmembrado- escaparon en helicóptero de una cárcel de máxima seguridad; cierran las fronteras.
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SANTIAGO, Chile, 30 (AP).- Los máximos líderes del principal gruopo terrorista que actuó durante el pasado régimen militar - el Frente Popular Manuekl Rodríguez- protagonizaron hoy una cinematoggráfica fuga en helicóptero desde una cárcel de alta seguridad, situada en el interior de otro recinto penal.
El ministro del Interior, Carlos Figueroa, calificó el hecho como "muy grave desde el punto de vista de la seguridad carcelaria".
Para encontrar a los cuatro prófugos, el gobierno ordenó la movilización de los máximos recursos humanos y materiales.
También dispuso el cierre de los aeropuertos, pasos fronterizos con los vecinos Argentiona,m Perú y Bolivia, así como el refuerzo de la vigilancia en embajadas, dijo esta noche el secretario del Interior, Belisario Velasco.
Agregó que se solicitó a la justicia que emita una orden amplia para activar un proceso de investigación, de manera que la policía pueda realizar allanamientos domiciliarios sin orden previa, entre otras medidas.
Idas y venidas de los familiares en Perú
LIMA, 30 (De una enviada especial).- Frente a la puerta principal de la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) de esta ciudad, una marea de periodistas se encontraba esta mañana al acecho, a la caza de algún tipo de declaración de parte de los familiares de los 83 rehenes que, como sucede cada tres días, se acercan a retirar la correspondencia de sus seres queridos y esperan la usual conferencia de prensa de las 11 de la mañana, que hoy, por segundo día consecutivo, fue cancelada.
La mayoría, que trae en sus manos bolsas de plástico con ropa, logra escapar de los camarógrafos sedientos de imágenes y sólo algunos se prestan a contarle algo a la prensa.
Eduardo Martel, de 19 años, hijo del embajador de Honduras que sigue prisionero en la residencia del embajador japonés, cedió a la presión mediática y dijo que su padre estaba bien, que no entendía por qué no lo soltaban, y que esperaba estar con él mañana, 31 de diciembre.
Pegado al paredón que rodea la sede, salta a la vista un comunicado del CICR a los familiares de los rehenes con la lista de ropa que pueden recibir y los pasos a seguir de hoy en más, que indica lo siguiente: "3 calzoncillos, 1 pantalón, 1 short o bermuda, 1 polo o camisa, 1 par de medias, 1 par de zapatillas de playa o alpargatas.
La ropa sucia puede ser recogida regularmente por los familiares. El martes 31, el CICR llevará los mensajes de los familiares a los rehenes y normalmente estos mensajes serán contestados el jueves 2 de enero".
Consuelo Ibáñez confía
LIMA, 30.- Es el momento más difícil de su vida pero tiene fe en Dios. Sobre la mesa del comedor de su casa mantiene una vela encendida. En la heladera de la cocina tiene cuatro botellas de champagne argentino. Está lista para festejar el día más esperado: cuando liberen a su marido, Juan Antonio Ibáñez, el único argentino que sigue en manos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), en la tomada residencia del embajador japonés en Lima.
En un amplio departamento en el cuarto piso de un moderno edificio con vista al Pacífico del exclusivo barrio de Miraflores, Consuelo Ibáñez, la mujer del cónsul general argentino en Lima, recibió a La Nación para una entrevista exclusiva,interrumpida de a momentos por el teléfono que no dejaba de sonar.
"Era el embajador suizo que me pasa información y además es amigo. Recibo llamados de todo el mundo, gente que me apoya, inclusive compañeros de estudio que me acompañan y alientan en este momento terrible", se excusa.
Consuelo tiene 47 años y está casada con Juan Antonio Ibáñez, de su misma edad, desde hace 24. Con él tuvo dos hijos, María Soledad, de 22, que vive en Italia pero que vino a Lima para unas malogradas Fiestas, y Gonzalo, de 18, que acaba de aprobar todas sus materias en la facultad. "Esta noticia todavía no se la di a Juan Antonio por carta", dice resignada.
El 17 de diciembre, el día del asalto del MRTA, Consuelo había ido junto a su marido a la recepción del embajador japonés y fue rehén por tres horas. "Salí de la residencia a las once y cuarto de la noche. Tuve miedo de morir", recuerda, con ojos vidriosos.
Nació en Lima, donde por el trabajo de su marido vive hace ocho años y, con acento porteño, se define "una argentina nacida en Perú". Desde que empezó la pesadilla cambió y dice que hay una Consuelo de antes y otra de después del 17 de diciembre. El siguiente fue el diálogo que mantuvo con esta enviada.
-¿Cómo está su marido? Sabemos que usted tiene contacto con él a través de la Cruz Roja.
-Sí, gracias a la Cruz Roja me ha enviado cuatro cartas -cada tres días nos podemos comunicar- y por la letra me doy cuenta que está en buen estado de ánimo, lo que confirman todos los rehenes que han salido y se han hecho muy amigos de él. Me llamó por ejemplo el embajador de la República Dominicana (que salió el sábado 28) y me dijo que eran los "compañeros de colchón" (ríe)... Con su acento centroamericano me dijo (imita la tonada) "Mira Consuelo que ya te tengo celos porque he compartido el colchón con tu marido que tiene toda la polenta del mundo". (Seria) Yo creo que es como que uno se va recargando porque si Dios te pone la posibilidad de ayudarte y ayudar... él lo ha tomado como algo que le manda Dios.
-¿Cómo son las cartas?
-Muy tranquilas, llenas de amor, a sus hijos, a nosotros, cuenta que está bien, que come puntualmente, que se baña.
-¿Usted pudo contestarlas?
-Sí, la Cruz Roja llama a los familiares y entrega las cartas (las muestra, son hojas no muy grandes con membretes de esa organización internacional), las leemos y enseguida nos ponemos a escribir para mandarle una contestación. El papel tiene poco espacio pero yo escribo con letra muy chiquitita. Además pude mandarle ropa, calzoncillos y me pidieron también sus gafas, seguramente para que pueda leer y escribir mejor.
-¿Qué más dicen las cartas de su esposo?
-Bueno, por ejemplo el 20 de diciembre fue mi cumpleaños, y los Ibáñez nunca le dieron importancia a las fechas, y yo sí. Y en una carta, Juan Antonio me pone que de ahora en más las Navidades y los Años Nuevos serán el día que los liberen a todos... Es un hombre fuerte, admirable... Lo quiero muchísimo y espero que esto acabe pronto.
-¿Cómo está usted?
-Y...uno se cansa. Yo también. Tengo fuerzas, pero de a ratos quiero estar sola...porque incluso me siento sola con mucha gente y estoy con mi pena. Pero estoy mucho más tranquila. La Navidad fue triste pero él dice que para él fue una noche inolvidable porque han tenido una misa increíble, que hasta los emerretistas se han conmovido.
-Entre los que están levantando el ánimo de los rehenes está su marido, que parece que hace shows y malabares...
-Eso para mí ha sido un descubrimiento (ríe)... Es un hombre lleno de vida y sé que cuenta chistes, es gracioso y muy querido. Yo me he dado cuenta ahora cómo lo quiere la gente.
-¿Pero no sabía que hacía malabares y juegos?
-No, es una novedad, seguro lo hace para divertir a la gente.
-Por ahí es una reminiscencia de su hermano, Pancho Ibáñez...
-(Ríe) Pancho ha hecho teatro y Juan Antonio era el que iba y hacía de acomodador, cuando era muy chico. Pancho llama a diario, hablamos horas con toda la familia política; son siete hermanos.
-¿No le da miedo saber que en cierta forma su marido está "ayudando" a los emerretistas porque con su buen humor está tranquilizando a sus compañeros de cautiverio y que por esa actitud lo sigan reteniendo?
-No, yo tengo mucha fe en Dios y en que Juan Antonio esté pronto en casa y que esto acabe de una forma pacífica.
-¿Cómo fue cambiando su estado de ánimo desde el primer día hasta hoy, que todo parecería estar encaminándose a una salida negociada?
-Al principio fue miedo a no saber qué es lo que va a pasar, como fue el miedo a morir que tuve incluso cuando me estaban soltando. Pero como han ido pasando los días y he visto como están sucediendo las cosas, me voy tranquilizando. Aparte porque tengo una fe en Dios enorme. Si uno no tiene fe, no sé, me sentiría perdida. Por eso tengo una vela prendida, rezo muchísimo y le pido a Dios que me de fuerzas, sobre todo por mis hijos, porque ellos me necesitan así y si me desmorono yo ¿qué pasa?
-Si temió por su vida supongo que también habrá temido por la de su marido...
-Sí, y además pensaba "me voy a morir y no estoy con él", porque cuando pasó todo en el cocktail no estábamos juntos, nos íbamos a quedar solamente una hora en la recepción porque después teníamos un asado en lo de otro diplomático argentino amigo. Pero lo primero fue pensar en mis hijos.
-Imagino que tiene esperanzas...
-Seguro, no las pierdo, tengo mucha fe, mucha esperanza.
-Y está informada, en contacto permanente con el embajador argentino Arturo Ossorio Arana?
-Por supuesto, yo ahora digo que tengo dos familias: la mía, sanguínea y política, y la de la embajada. Todos se han portado de una manera fantástica, con una solidaridad increíble. Nunca me siento sola, recibí mucho cariño.
-¿Sintió desilusión cuando el sábado último liberaron a 20 rehenes?
-Sí, pero no fue tan grande como la del día 24, cuando liberaron al embajador uruguayo, o la del domingo 22, cuando soltaron a 225 personas. Por ser Navidad tenía la esperanza que saliera más gente. Ese día para mí fue el más triste, fue la primera Navidad que pasé sin él.
-Muchos esperan que haya buenas noticias mañana 31 o el primero de enero...
-Ojalá, no veo la hora que llegue el gran día.
El antes y el después
Durante el diálogo con La Nación, Consuelo Ibáñez demostró no tener resentimientos con los guerrilleros que aún mantienen como rehén a su esposo, Juan Antonio.
-A 13 días de no ver a su marido, ¿qué opinión tiene del comando del MRTA?
-De ellos no puedo opinar nada. Ellos a nosotras, las mujeres, nos trataron bien y a los hombres también. Todos los rehenes que salen confirman eso. Por supuesto que no es un baile, es estar privado de la libertad, pero tienen un buen trato, no hay tortura ni física ni psíquica, comen bien, se están bañando, se comunican con sus familias a través de la Cruz Roja, que juega un papel importantísimo, o sea que es como estar en un hotel, no tan cómodo, pero sin malos tratos. Por eso yo me siento más tranquila.
Yo he aprendido de todo esto que no juzgo a nadie y que había una Consuelo antes y que ahora hay una nueva Consuelo, y que cuando acabe todo esto yo tengo que hacer algo más por la Humanidad. Juan Antonio por ejemplo en este momento, por lo que me dicen sus amigos, está haciendo una labor súper humanitaria.
-¿Qué haría usted?
-Por ejemplo, me encantaría hacer algo con la Cruz Roja y ayudar.
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