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El objetivo final de los espías rusos que vivieron en la Argentina durante más de una década no era hacerse pasar por argentinos y desarrollar sus tareas de inteligencia ilegal bajo esa fachada o “leyenda”, tanto en el país como en Europa. Era que sus dos hijos, nacidos en Buenos Aires, algún día siguieran sus pasos y se convirtieran en espías a las órdenes del Kremlin, según revelaron los propios agentes del Servicio de Espionaje Ruso en el Extranjero (SVR) en una entrevista que brindaron al principal diario oficialista de ese país.



