
Hace 25 años, la muerte de Perón cerró un ciclo
Había regresado para ser presidente a pesar de que su salud aconsejaba lo contrario; alcanzó a gobernar menos de 9 meses.
1 minuto de lectura'
María Estela Martínez de Perón confirmó el presagio más difundido de la época a las 14.5 del 1º de julio de 1974. La historia oficial registra que 45 minutos antes había muerto el presidente Juan Domingo Perón. De aquello pasaron largos y vibrantes 25 años.
Movilizado por su propia ambición y presionado por todas las corrientes internas de su movimiento, Perón había regresado definitivamente a la Argentina apenas un año antes, el 20 de junio de 1973. El enfrentamiento en Ezeiza, que agudizó el choque entre la derecha y la izquierda peronistas, frustró la bienvenida más multitudinaria de la historia.
Su salud y su edad, 78 años, importaron poco. La consigna (Héctor) "Cámpora al gobierno, Perón al poder" se diluyó apenas el viejo caudillo se radicó en Vicente López. La renuncia de Cámpora, la proclamación de la fórmula Perón-Perón y la masiva tercera elección del general fueron partes de un todo vertiginoso.
Como había prometido en su primer regreso del exilio, el 17 de noviembre de 1972, estaba "casi descarnado. Nada puede perturbar mi espíritu porque retorno sin rencores ni pasiones". Ricardo Balbín había comprendido aquel mensaje y desde el radicalismo era su mejor contraparte.
La salud de Perón no soportaría las presiones del intenso trabajo presidencial. Y no las soportó.
En su corta administración, desde el 12 de octubre de 1973, trataría de desarrollar una concertación social, volvería a apoyarse en los sindicatos en desmedro de los cuadros juveniles hegemonizados por los Montoneros y consolidaría sus buenas relaciones con el resto del arco político.
El 4 de febrero de 1974 habló para resumir lo que presentó como los logros económicos y sociales de su gestión y la de Cámpora: "Participación de los ingresos por los trabajadores: del 33 por ciento en mayo de 1973 se ha pasado al 42,5 por ciento en diciembre. La desocupación, del 6,5 por ciento en el mes de abril, pasó al 4,5 por ciento. La inflación, del 80 por ciento a 0 por ciento". En el mismo discurso presagiaba su definitivo rompimiento con la juventud. Entonces les recordó: "Las desviaciones abiertas u ocultas como los engaños preconcebidos ni tienen razón de ser ni pueden ser tolerados en la hora histórica que nos toca vivir".
Las plazas del adiós
Dos meses después, el 1º de mayo, los Montoneros dejaban un espacio vacío en la Plaza de Mayo y en el peronismo luego de que Perón interrumpiera su defensa del "movimiento obrero organizado" para quejarse de "estos imberbes que gritan".
Perón se despediría de la gente que lo idolatraba, el 12 de junio, con el mensaje que profetizó su propio final, desde el balcón la Casa Rosada. "Mi único heredero es el pueblo", llegó a decir, sin desconocer que 40 minutos después de morir prestaría juramento su esposa, tutelada por José López Rega, el omnipresente ministro de Bienestar Social y jefe de la banda armada de ultraderecha Triple A.
"Sin duda, el recuerdo del dramático episodio del 1º de mayo consagró la ruptura entre el fundador y el séquito juvenil, sobrevive mejor en la memoria colectiva que el del encuentro que en el mismo lugar reunió al mes siguiente a un jefe lo bastante desalentado para reiterar su ya rutinaria amenaza de dejar de serlo", escribió Tulio Halperín Donghi respecto de aquellas dos plazas de la despedida.
La broncopatía infecciosa que se le diagnosticó el 17 de junio precipitó el final.
Balbín fue el primer dirigente no peronista que llegó a Olivos para saludar a la viuda. "Este viejo adversario despide a un amigo", dijo ante los restos de Perón en el Congreso. "Hay que llegar (a las elecciones) aunque sea con muletas", diría cuando el golpe militar era inminente. Era el país sin Perón, el mismo país con incógnitas más inquietantes.



