La fraternidad, uno de los rasgos más genuinos del país
Sostener que la Argentina es un país racista es desconocer absolutamente nuestra historia e idiosincrasia
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En los últimos días se han difundido, en distintos ámbitos internacionales, expresiones y caracterizaciones que presentan a la Argentina como un país racista, xenófobo, intolerante o discriminatorio.
En el Instituto del Diálogo Interreligioso (IDI) sentimos la responsabilidad de ofrecer nuestro testimonio. Sin desconocer que toda comunidad humana enfrenta episodios de discriminación, prejuicio o discursos de odio, que deben ser prevenidos y condenados con firmeza, entendemos que esas generalizaciones no reflejan la realidad que vivimos cotidianamente quienes, desde hace más de 25 años, trabajamos en la construcción del diálogo entre las diversas comunidades de fe.
Esta declaración no responde a posiciones políticas, partidarias, ni a las controversias propias de la coyuntura. Surge de una experiencia concreta de encuentro, cooperación y amistad entre personas pertenecientes a distintas tradiciones religiosas que han hecho del diálogo un compromiso permanente al servicio del bien común. Es desde esa experiencia, y no desde la lógica de la confrontación, que creemos necesario hacer oír nuestra voz.
Desde su creación, el IDI ha congregado a miembros de las comunidades judía, cristiana y musulmana, convencidos de que el respeto mutuo, la escucha y la cooperación constituyen pilares indispensables para la construcción de una sociedad democrática. A lo largo de estos años hemos comprobado que nuestro país posee una profunda tradición de convivencia interreligiosa, sostenida por comunidades que, desde sus diferencias, han sabido construir vínculos de confianza y solidaridad.
El papa Francisco, figura inspiradora en la creación de nuestro Instituto, nos enseñó que «la fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad» (Fratelli tutti, 103). Su permanente llamado a la cultura del encuentro, al diálogo y a la amistad social ha sido una fuente de inspiración para nuestro trabajo desde los comienzos y continúa alentando nuestro compromiso con una Argentina donde las diferencias son una oportunidad para el enriquecimiento mutuo y la construcción del bien común.
La Argentina ha sido históricamente una tierra de acogida para personas provenientes de múltiples orígenes, culturas y credos. Esa diversidad no ha debilitado nuestra identidad común; por el contrario, la ha enriquecido. La convivencia cotidiana entre comunidades religiosas, instituciones educativas, organizaciones sociales y ciudadanos de distintas tradiciones constituye uno de los patrimonios más valiosos de nuestra vida colectiva.
Sostener que la Argentina es un país racista es desconocer absolutamente nuestra historia e idiosincrasia. Millones de personas han venido y se han afincado en nuestra nación, han formado familias, se han educado de manera gratuita, se han curado en nuestros hospitales y han transitado y transitan nuestro país con el único requisito de respetar nuestra Constitución.
Ello no significa desconocer que existen manifestaciones de intolerancia, discriminación o violencia. Esos hechos deben ser rechazados sin ambigüedades y enfrentados mediante la educación, la justicia y el compromiso ético de todos. Sin embargo, no representan el espíritu mayoritario de nuestro pueblo ni la cultura de convivencia que se ha ido construyendo a lo largo de generaciones.
Desde el Instituto del Diálogo Interreligioso queremos dar testimonio de que es posible vivir juntos desde las diferencias, respetando la dignidad de cada persona y la libertad religiosa como pilares fundamentales de la vida democrática. Nuestra experiencia demuestra que el diálogo es una realidad concreta que se expresa en el trabajo conjunto entre comunidades de fe, en la cooperación frente a las necesidades sociales, en la defensa compartida de los Derechos Humanos y en la construcción cotidiana de una cultura del encuentro.
Por ello rechazamos toda forma de judeofobia, islamofobia, cristianofobia, racismo, xenofobia o cualquier otra expresión de discriminación. Del mismo modo, creemos que también deben evitarse las descalificaciones y estigmatizaciones dirigidas contra religiones pueblos o naciones enteras, porque las generalizaciones no contribuyen a la convivencia ni favorecen la comprensión entre los pueblos.
En tiempos en que las simplificaciones y los prejuicios parecen imponerse sobre el conocimiento mutuo, reafirmamos que el camino para comprender un país nunca es la estigmatización, sino el encuentro. La fraternidad, el respeto por la diversidad, la solidaridad y la voluntad de convivir en paz constituyen valores profundamente arraigados entre nosotros. Son esos valores los que hemos visto crecer a lo largo de años de trabajo compartido y los que deseamos seguir promoviendo como un aporte al presente y al futuro.
Nuestra voz nace del diálogo. Y es precisamente el diálogo, vivido durante más de dos décadas entre las comunidades judía, cristiana y musulmana, el que nos permite afirmar que la fraternidad constituye uno de los rasgos más genuinos y esperanzadores de nuestro país. Ese es el país que conocemos, el que vivimos cotidianamente y el que, con humildad y convicción, queremos seguir construyendo junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Guillermo Marcó es presidente de la Fundación Pastoral Universitaria San Lucas y copresidente del Instituto del Diálogo Interreligioso
Omar Abboud fue secretario general del Centro Islámico de Argentina y es copresidente del Instituto del Diálogo Interreligioso
Daniel Goldman es rabino y copresidente del Instituto del Diálogo Interreligioso
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