Los envíos a Croacia habrían tenido el visto bueno de EE.UU.

Lo afirmaron fuentes militares y así lo dejó entrever el general Martín Balza
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21 de septiembre de 1998  

Las ventas clandestinas de armas de la Argentina a Croacia entre 1991 y 1995 habrían contado con el visto bueno de los Estados Unidos, interesados en equilibrar el poder de fuego de los serbios, revelaron a La Nación altas fuentes militares.

El propio jefe del Ejército, teniente general Martín Balza, dejó entrever este aspecto del escándalo durante su presentación en la Cámara de Diputados, hace dos semanas. Un alto oficial de la fuerza incluso habría sugerido al Gobierno _según las fuentes_ la posibilidad de plantear que la venta de armas era una "cuestión de Estado".

Sin embargo, voceros de la Cancillería negaron que hubiese un acuerdo con los Estados Unidos y resaltaron que Serbia jamás denunció la existencia de armas argentinas en el conflicto yugoslavo.

Herencia de un Estado que ya no existe, la frágil industria argentina de armamento ha intentado, durante los últimos 15 años de democracia, sobrevivir con desesperadas ventas de armamento al exterior que intentaron paliar la falta de una política para el sector, que se arrastra desde hace décadas.

A falta de decisión política, las exportaciones de armas respondieron a la azarosa oportunidad del mercado, casi siempre dictada por la aparición de un conflicto bélico en algún lugar del planeta.

Si durante el gobierno radical el destino más importante de las armas nacionales fue la República Islámica de Irán, entonces en guerra con Irak, durante la administración menemista ese papel correspondió, según las evidencias acumuladas por la investigación judicial, a la Croacia sumergida en el conflicto que enfrententó a las diferentes regiones de la ex Yugoslavia.

Las ventas a Irán fueron legales y declaradas y se realizaron después de consultas políticas con países europeos y con los Estados Unidos, explicó un ex funcionario de la administración de Raúl Alfonsín.

Los envíos a Croacia fueron clandestinos, pero también habrían gozado del consentimiento norteamericano, según fuentes militares.

La existencia de este canal clandestino, que gozaría de amparo político internacional, sumada a la virtual cesación de pagos de la Dirección General de Fabricaciones Militares y a la presumible codicia de una red de intermediarios cuyos alcances aún se investigan llevaron a que el mecanismo utilizado para vender armas a Croacia se "desviara" hacia Ecuador, entonces en guerra con Perú, coincidieron expertos, oficiales del Ejército y ex funcionarios del área de Defensa.

La conexión americana

Un significativo episodio de la reciente exposición de Balza en Diputados pasó prácticamente inadvertido.

El ex canciller radical y actual diputado del Frepaso Dante Caputo pidió la palabra y dedicó unos 15 minutos a exponer la política norteamericana respecto del conflicto yugoslavo.

En su punto culminante, Caputo relató cómo la administración de Bill Clinton presionó a las Naciones Unidas, en 1994, para que se levantara el embargo de armas contra Croacia e incluso amenazó con hacerlo en forma unilateral.

Y cómo, en una reunión reservada con dos representantes de Clinton, el presidente croata, Franjo Tudjman, anunció que su país abriría una "pipeline" (tubería) conIrán para proveerse de armas para lo que requirió la opinión norteamericana.

Cuarenta y ocho horas más tarde _relató Caputo_, los enviados de Clinton informaron a Tudjman que la posición de los Estados Unidos era "no comments" (sin comentarios). En otras palabras, Washington dejaría hacer.

Al concluir su exposición, Caputo preguntó a Balza si tenía algo para informar al respecto.

Sonriendo, Balza respondió: "Sin comentarios, como dijo el representante norteamericano".

"Lo tomo como lo tomó el presidente Tudjman", replicó, rápido, Caputo, en medio de risas generales.

La interpretación de Caputo de que habría un visto bueno norteamericano para la venta de armas a Croacia fue confirmada a La Nación por un alto jefe del Ejército y respaldada por ex funcionarios del actual Gobierno y expertos en Defensa, que coincidieron en que es imposible enviar embarques de armas a través del Mediterráneo sin que el sistema de inteligencia norteamericano lo detecte.

Voceros de la Cancillería, por su parte, negaron la existencia de un acuerdo con los Estados Unidos, aunque en verdad lo hacen porque también niegan todo conocimiento del gobierno argentino respecto de que las armas fueran desviadas hacia Croacia.

Enarbolan en su favor que la República Federativa de Yugoslavia (Serbia y Montenegro) ha denunciado la venta de armas a Croacia por parte de otros países, pero nunca de la Argentina.

¿Cuestión de Estado?

"El problema _explicó el oficial consultado_ es que, por sus dimensiones, este caso involucra a casi todo el Ejército." Los desplazamientos de armas de una unidad a otra, con movimiento de decenas de camiones y estacionamiento en dependencias militares, no pasaron inadvertidos para nadie.

Uno de los casos más flagrantes ocurrió en el verano 93/94, cuando Luis Sarlenga, entonces director general de Fabricaciones Militares, pidió a Mario Rossi, en la época titular de la planta de la empresa en Pilar, que recibiera contenedores repletos de armas que habían sido detenidos en Campana, en el contexto de las presuntas ventas a Panamá.

Poco después, Rossi recibió una segunda llamada de la Dirección, que le arrancó una carcajada. Le pedían, por favor, que se ocupara de enmendar un equívoco: algún torpe había escrito con grandes letras la palabra "Croacia" en varios de los contenedores teóricamente destinados a Panamá.

Estos desplazamientos fueron tan notorios que incluso llegaron a la prensa y luego hasta la oficina del entonces diputado radical, hoy senador, Antonio Berhongaray, que presentó dos pedidos de informes en marzo de 1994.

La evidente participación de porciones importantes del aparato de Defensa en una operación que hoy se investiga como delito llevó a la plana mayor del Ejército a sugerir en forma reservada al Poder Ejecutivo que se debía enmarcar el caso dentro de la figura de "cuestión de Estado", como ocurrió en otros países, como Chile, y no insistir en el argumento de que se habían vendido armas a intermediarios que no se conocía ni controlaba.

La ausencia

El problema de fondo _aceptaron expertos, funcionarios, opositores y militares_ es justamente la ausencia del Estado en materia tan delicada. La fabricación de armas en la Argentina respondió a una concepción de medio siglo atrás, según la cual el Estado debía producir en forma autónoma una cantidad de recursos considerados clave.

Desde 1983, el presupuesto militar se redujo y el sector, ya sin política, comenzó a recurrir a las ventas externas como fuente alternativa de financiamiento .Frente a ello, el gobierno radical creó un comité integrado por Cancillería, Economía y Defensa para controlar esas exportaciones.

En el aspecto político, las ventas eran precedidas por consultas a gobiernos de Europa y de los Estados Unidos. El problema específico de la Argentina es que, como vendedor prácticamente marginal de armas _en una relación de 150 a 1 respecto del Brasil, por ejemplo_, sólo conseguía buenas ofertas de aquellos que tenían necesidades acuciantes, esto es, de quienes estaban sumergidos en algún tipo de conflicto armado o sometidos a algún embargo y, por ello, dispuestos a comprar donde fuera.

En ese período, las mayores ventas tuvieron por destino a Irán, entonces en guerra con Irak. El aspecto decisivo: Irán era el segundo comprador de trigo de la Argentina y presionaba con represalias comerciales si no se le suministraba armamento. (Por el mismo criterio, pero en sentido inverso, la Argentina no aceptó la oferta de Taiwan de comprar submarinos del astillero Domecq-García: le habría costado el incipiente mercado asiático y, sobre todo, la ira de China).

Aun así, la consulta con Europa y Estados Unidos pesaba más, y cuando se presentó la oportunidad de vender dos fragatas misilísticas, que la Armada no podía mantener porque Gran Bretaña no le suministraba repuestos, a Irán o Irak _ambos hacían ofertas de compra_, la opinión exterior de que se podía desequilibrar el conflicto bastó para que la operación no se realizara.

No faltaron escándalos. Por ejemplo, la venta de armas a Ghana, en 1986. El cargamento partió en un barco petrolero rumbo al Africa, pero a la altura del Brasil se produjo un motín a bordo. Aparentemente, el capitán del barco había descubierto que los mercenarios norteamericanos que llevaban las armas al ministro de Defensa de Ghana _que pretendía utilizarlas contra su propio presidente_ planeaban asesinarlos cuando llegaran a destino.

Durante la administración menemista, el interés por la venta de armas pareció aumentar. El hoy ex ministro de Defensa Humerto Romero dictó, el 29 de junio de 1990, una resolución por la cual toda contratación con el exterior en representación de las empresas dependientes de esa cartera debían contar con su aprobación expresa: una forma de intervenir directamente en la designación de los intermediarios.

Igual interés por intervenir en forma directa mostró su sucesor, Antonio Erman González, que creó el sistema de los decretos marco (como se informa en la página 5). A partir de su gestión, en 1991, comenzaron las ventas a Croacia, a fines de la presidencia de George Bush en los Estados Unidos, con la forma de ventas a Panamá.

González ha argumentado que se buscaba dinero para sostener la industria militar local. Tal vez, ello explique el último episodio: la falsa venta de armas a Venezuela, en febrero de 1995, que escondía en verdad un embarque hacia Croacia y, sobre el mismo final, el envío, dentro del mismo decreto, de municiones y fusiles a Ecuador, en pleno conflicto con el Perú.

En enero de 1995, Fabricaciones Militares carecía de dinero para pagar los sueldos y había perdido un préstamo prometido por el Banco de Córdoba, que se retiró a raíz del efecto tequila.

Las operaciones se habían realizado hasta entonces sin contratiempos, pese a las denuncias. Tarde, se comprobaría que Ecuador no era Croacia.

La tesis oficial, en duda

La tesis oficial respecto de la venta de armas ha sido que los intermediarios desviaron el cargamento. Sin embargo, testimonios existentes en la causa indican que aquéllos actuaban en contacto directo con autoridades:

  • En representación de los compradores ecuatorianos, el abogado Miguel Bootello aseguró que la venta de 8000 fusiles FAL nuevos y de 10 millones de tiros se había concertado directamente con Luis Sarlenga, entonces titular de la Dirección de Fabricaciones Militares, y con el coronel retirado Diego Palleros, cabeza de la intermediaria Hayton Trade, que, dijo, "es una empresa que utiliza Fabricaciones Militares para efectuar "operaciones especiales". El contrato _agregó_ era verbal, porque Fabricaciones Militares no podía firmar un contrato con mis mandantes por razones internacionales y diplomáticas". La comisión de Hayton Trade era de 800.000 dólares. De ellos, 400.000 serían luego girados a la famosa cuenta de la empresa uruguaya Daforel en el MTB Bank de Nueva York. Daforel entregó el dinero al juez federal Jorge Urso.
  • El prefecto retirado Albino Macchi contó cómo, en representación de la compañía Mazzarini, fue a probar las armas que se querían vender a Ecuador _finalmente a Venezuela_ a la Fábrica Militar de Armas Portátiles Domingo Matheu con el traficante Jean Bernard Lasnaud, de Hayton Trade.
  • Paso a paso

  • El papel norteamericano: según fuentes militares argentinas, los Estados Unidos habrían consentido de hecho el envío clandestino de armas a Croacia para equilibrar el poder militar serbio.
  • Cuestión de Estado: un alto oficial del Ejército habría sugerido al Gobierno que se planteara públicamente el caso de la venta de armas como una "cuestión de Estado".
  • El Ejército, involucrado: los desplazamientos de contenedores de armamento de una unidad militar a otra, forzosamente, involucraron a buena parte del Ejército, según indicó una alta fuente militar.
  • Consulta al exterior: ya durante el gobierno de Raúl Alfonsín era norma consultar a los Estados Unidos y a países de Europa antes de realizar una exportación de armas a destinos que pudieran resultar conflictivos. En algunos casos, se frenaron ventas por vetos del exterior.
  • Falta de fondos: la ausencia de política hacia el sector y la reducción del presupuesto militar llevaron a una crisis a la industria nacional de armas, que buscó fondos mediante exportaciones, aunque fueran marginales.
  • Ecuador: la venta de armas a Ecuador fue un desvío de un envío a Croacia, en momentos en que Fabricaciones Militar no tenía dinero para pagar sueldos.
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