Los patios militantes, el ritual de apoyo a Cristina
La organización de los actos en la Casa Rosada deja traslucir los roles y el poder de las agrupaciones y de los funcionarios
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Ya es un ritual. Cada vez que hay un acto, cientos de jóvenes se amontonan en las puertas de la Casa Rosada. Como si se tratara del ingreso a un recital, las colas se extienden hasta la Plaza de Mayo. Llevan banderas en la mano, sin cañas. Los primeros en llegar se quedan con los mejores lugares. El cupo es limitado. El referente de cada agrupación los ordena, cada una va con el suyo. Las tres puertas de la Casa Rosada habitualmente cerradas, desde Rivadavia hasta Hipólito Yrigoyen, se abren. En peregrinación se ubican en el lugar que les corresponde. Cualquier funcionario con algún tipo de rango pasa inadvertido pujando por entrar. La militancia es la que tiene prioridad. La habitual escenografía del palacio vacío se transforma. Ya adentro, el bullicio revive los actos de los estadios de fútbol. Arrancan los patios militantes.
Nacieron como apoyo moral y se constituyeron hoy en un ícono que acompaña los discursos de Cristina Kirchner como una imagen de la nueva liturgia que creó el Gobierno para demostrar su fuerza, una suerte de escenificación del aguante.
Entonces aparece la Presidenta. Siempre está en lo alto del primer piso, una distancia que obliga a los pibes, desde abajo, a estirar el cuello y la cabeza hacia atrás para mirarla. Le cantan, despliegan sus banderas y le tiran cartas que caen sin llegar a sus manos. Ella se acoda en la baranda. "Cuando hablo con ustedes me cambia la cara porque en verdad me cambia el corazón", les dedica. "Es la apropiación de los pibes de la Casa Rosada, una reivindicación de que éste es un proyecto para la militancia", lo describió uno de los líderes de las habituales agrupaciones participantes. Son unos 1500 por cada acto que afianzan el rito del contacto directo de la jefa con sus soldados.
La historia comenzó el 20 de noviembre de 2013, el mismo día que Cristina retomó su actividad después del mes y medio de ausencia por la operación del hematoma craneal. La idea, adjudicada dentro del Gobierno al ex secretario general de la Presidencia Oscar Parrilli, hoy en Inteligencia, nació como una muestra de cariño para quien había estado ausente durante la derrota electoral. Se venía la crisis de las reservas de enero y la posterior devaluación. Ese día asumía el gabinete renovado con Jorge Capitanich y Axel Kicillof. "No saben cuánto los extrañé", abrió el juego Cristina en aquel estreno. Ella les habla directamente, en otro registro lingüístico, distinto al que usa en la cadena nacional en un ámbito más formal como el Salón de las Mujeres. Eso hizo el jueves pasado, en la última misa militante que la tuvo como protagonista. Desde abajo, los pibes se mueven como en un recital: hacen pogo, despliegan banderas y ensayan algún nuevo canto, que Cristina celebra.
Los tres patios que se usan dentro de la Casa Rosada para la fiesta kirchnerista dejan ver una radiografía de la distribución del poder. La Cámpora se lleva el rol central. No sólo ocupa la Galería de los Patriotas, la más grande de todo el palacio, sino que es a la primera organización a la que Cristina le habla. A veces, como la semana pasada, es la única a la que le habla. Se identifican con las pecheras azules. Si al principio la distribución era un caos, hoy cada uno tiene su lugar. El Patio Malvinas está reservado para el rojo y negro del Movimiento Evita. Eventualmente comparte espacio con algunas agrupaciones más chicas, y es la segunda escala del paseo militante presidencial. El Palmeras, el más pintoresco, quedó para Kolina, la agrupación de Alicia Kirchner. Y eventualmente ingresa algún gremio, aunque no abundan. Alguna vez recibió a la Uocra, los únicos que lograron ingresar con bombos. La restricción está relacionada con cuestiones de seguridad. Están habilitadas las banderas, pero no los palos para sostenerlas. Cada agrupación renueva el elenco y se distribuyen según los pedidos que les llegan a las unidades básicas.
Arriba, sobre los balcones, otra fotografía corre el velo sobre el poder que nació con la influencia de los líderes de La Cámpora en el Gobierno. Cristina se para en el medio rodeada siempre por el mismo y selecto equipo. Es su círculo, que con el paso del tiempo fue cambiando. Al principio la secundaban Parrilli, Carlos Zannini y Héctor Icazuraiga, eyectado ahora de la jefatura de Inteligencia. Ya no van más. Sintomático. Después de varios cambios de gabinete, el grupo irreemplazable lo forman la línea de conducción camporista: Andrés "Cuervo" Larroque, Eduardo "Wado" De Pedro, Mariano Recalde, Juan Cabandié y José Ottavis. La estrella pasó a ser Kicillof, que desde que asumió el mando de Economía no faltó a ningún patio. El orden y la ubicación en ese espacio están a cargo de Carlos López, hombre de Parrilli que logró meterse como secretario privado de la Presidenta. Los forma en filas a un costado de Cristina y bloquea el paso a cualquiera que intente pertenecer. Esta semana recién se sumó Aníbal Fernández. Y apareció, para sorpresa, Martín Sabbatella. Para el resto de los ministros no hay lugar.
Apenas Cristina se va, ese patio se desconcentra. Ella sigue camino hacia el siguiente. Un dispositivo de seguridad riguroso valla todos los pasillos y los funcionarios e invitados que van al acto central quedan encerrados o salen por puertas laterales. También los periodistas. Ninguno puede cruzarse con Cristina. Como en una corte, el mismo grupo que la acompaña desde los balcones la sigue en su paso de un lado a otro de la casa. Transformado en épica, como todo lo que emprende el kirchnerismo, el ritual militante de la Casa Rosada llegó para quedarse.
Tres espacios para vivar a la Presidenta
Galería de los Patriotas

La Cámpora ocupa principalmente este espacio, al que se asoma con frecuencia la Presidenta para dar mensajes a la militancia. Accede a la galería, en general, luego de los actos que encabeza en el Salón de las Mujeres Argentinas. Es un patio cerrado y es el más grande de toda la Casa Rosada
Patio Malvinas

Es la segunda escala del paseo militante presidencial, y predominan las banderas rojas y negras del Movimiento Evita, que conducen Emilio Pérsico y Fernando "Chino" Navarro. En algunas ocasiones, comparte el espacio con otras agrupaciones más chicas
Patio de las Palmeras

Con el color verde de sus banderas y pecheras, domina este espacio el movimiento Kolina (Corriente de Liberación Nacional), que responde a la ministra Alicia Kirchner. Eventualmente, lo ocupan militantes de gremios, como la Uocra. Es considerado el patio más pintoresco del palacio presidencial
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