
Norberto Marucco: "Los argentinos no hemos elaborado las crisis"
Defiende la validez del psicoanálisis y refuta las ideas de sus detractores
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“Lo que no se elabora se repite”, dice Norberto Carlos Marucco, médico psicoanalista y presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), en la cual se desempeña también como profesor en el Instituto de Psicoanálisis.
Según sostiene, la cultura da muestras de esta necesidad cuando busca recordar, una y otra vez, fenómenos de violencia social que la conmovieron, como las distintas guerras, el genocidio nazi, el terrorismo de Estado que azotó a nuestro país y tantos otros ejemplos. Pero, advierte, una evidente tendencia de los argentinos a negar su responsabilidad personal en las sucesivas crisis de las últimas décadas nos pone ante la peligrosa perspectiva de repetir los errores.
Marucco, ex profesor asociado de la Facultad de Psicología de la UBA, es autor de “Cura analítica y transferencia. De la represión a la desmentida”, y de seis libros publicados en colaboración. En el próximo Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional –en Berlín–, donde la Argentina cumple un papel destacado, será relator por América latina.
Los polémicos dichos de un filósofo dinamarqués en una entrevista publicada en esta serie de LA NACION días atrás, en la que fustigó duramente las teorías freudianas, agitaron los ambientes psicoanalíticos locales.
-¿Es cierto, como sostiene el filósofo Mikkel Borch-Jacobsen, que el psicoanálisis tiene los días contados?
-Esa nota motivó una situación polémica en el psicoanálisis argentino, y como presidente de la APA me veo en la necesidad, no de debatir, sino de hacer algunos comentarios sobre lo que considero impreciso. Allí se le reprocha, por ejemplo, la imposibilidad de verificar los resultados de la práctica psicoanalítica debido a la confidencialidad inherente al tratamiento, y aquí sí creo que los psicoanalistas tenemos un desafío a futuro: encontrar un método para realizar estas verificaciones sin traicionar el mandato de la confidencialidad. Comprendemos la necesidad de dar pruebas, pero también sabemos que toda ciencia avanza con hipótesis que pueden ser superadas por otras hasta encontrar comprobaciones. Más allá de esta aclaración, le respondo que el psicoanálisis no tiene los días contados. Mientras haya personas con dolor psíquico que necesiten ayuda, mientras la gravedad de la enfermedad psicosomática nos interrogue, mientras el cotidiano lapsus o acto fallido nos desoriente y al mismo tiempo nos revele cosas, y mientras hechos irracionales socioculturales se sigan repitiendo, el psicoanálisis no sólo tiene asegurada su existencia, sino también la exigencia de continuar con su desarrollo científico.
-Jacobsen dice que las teorías de Freud son construcciones hipotéticas, sin base empírica o científica.
-El psicoanálisis tiene una epistemología propia que le permite dar una prueba de la estructuración del psiquismo. El sueño de las neurosis traumáticas, donde se repite una y otra vez el trauma o el sufrimiento, o el lapsus como expresión consciente de lo inconsciente, son datos empíricos.
-También sostiene que los psicoanalistas pueden leer en el inconsciente de sus pacientes cualquier cosa: todo y lo contrario, de modo que se adaptan al medio social y cultural en que viven. ¿Es así?
-Decir "todo y todo lo contrario" no es una crítica al psicoanálisis, es el descubrimiento del psicoanálisis de que el hombre tiene dentro de sí el bien y el mal, la alegría y la tristeza. El hombre es complejo, no es sólo envidia o sólo amor: es las dos cosas. El psicoanálisis lucha por no caer en la tentación de adular al individuo ni de alimentar ciertos ideales de la cultura relacionados con el poder, con la tiranía de la imagen, con el consumismo. Esa frase "todo y todo lo contrario" es estrictamente psicoanalítica, dicha en el buen sentido. Intenta describir la complejidad del ser humano y la riqueza que tiene esa complejidad. Reconocer lo bueno y lo malo nos permite salir del mundo maniqueo, donde los malos son los otros y los buenos somos nosotros, esta oscilación pendular por la cual a veces creíamos que un golpe de Estado nos iba a salvar y otras que nos iba a salvar la democracia .
-¿Existe el inconsciente colectivo y, en ese caso, sería posible describir un inconsciente colectivo de los argentinos?
-Uno se sentiría tentado a decir que sí, que existe un inconsciente colectivo argentino, que oscila entre la euforia y la depresión. Pero, en sentido estricto, el inconsciente es singular. Ahora bien, estos inconscientes singulares e individuales, dentro de situaciones culturales donde aparecen determinados liderazgos, tienen una sorprendente tendencia a la masificación . Recordemos aquella Plaza de Mayo que se llenó el 30 de marzo para criticar al régimen militar, y el 2 de abril para aplaudirlo por una reivindicación auténtica pero motivada por algo espurio que, como todos sabemos, era mantenerse en el poder. Son manifestaciones colectivas de inconscientes singulares que, ante determinadas situaciones, estallan. Con Malvinas nosotros tenemos una deuda. Cientos de ex combatientes se han suicidado. A los veteranos, de alguna manera, los hemos abandonado. Aquella explosión y aquella derrota llevan a ese tipo de actitudes que son inherentes a la condición humana. Conocerlas permite prevenir sobre esta situación.
-De la misma manera, ¿podríamos hablar de traumas colectivos? Pensemos en diciembre de 2001, por ejemplo.
-Desde el punto de vista psíquico, 2001 fue de una intensidad traumática inusitada. El dinero -que es una representación simbólica del propio yo, en la medida en que yo soy también en mi dinero- fue incautado. El país quedó sumido en la anarquía, la gente se sentía desprotegida. Entonces surgió el clamor de "que se vayan todos", y la necesidad de echarles siempre la culpa a los otros, que son los que hacen las cosas mal. Pero de estas crisis no se sale si no se reconoce la responsabilidad personal. Para el psicoanálisis, el concepto de responsabilidad personal es clave, porque uno no es sólo un agente pasivo de lo que le pasa, sino también un agente activo por las propias pulsiones. Y en este reconocimiento de mi propia participación está la posibilidad de elaborar lo traumático y de quebrar la compulsión a repetir.
-¿Lo que no se elabora se repite?
-Exacto. Nosotros no hemos elaborado las crisis porque no hemos reconocido nuestra participación personal en el hecho crítico. Por eso es tan importante registrar el trauma e historiarlo. La cultura da muestras de esta necesidad cuando, por medio de sus distintas manifestaciones, busca recordar una y otra vez fenómenos de violencia social que la conmovieron -las distintas guerras, el genocidio nazi, el terrorismo de Estado que azotó nuestro país- a la vez que nos muestran los efectos nefastos de negarlo cuando aparecen nuevos fenómenos sociales que tienden a repetir aquella historia.
-¿De dónde viene la fascinación argentina por el psicoanálisis?
-En una época plagada de interrupciones democráticas, el psicoanálisis significó una posibilidad de resolver síntomas, de entender conflictos y, sobre todo, fue una invitación a pensar en libertad.
-En las dictaduras, más que imposibilidad de pensar, ¿lo que había no era censura para expresarlo públicamente?
-De acuerdo. Pero ese prohibido decir lo que se piensa en público, progresivamente se convierte en una autocensura donde uno ya no piensa. Entonces cuando el psicoanálisis oferta como condición del tratamiento obligarse a pensar permite superar un nivel de autocensura.
-¿Puede haber una comprensión psicoanalítica de los fenómenos sociales?
-Los psicoanalistas debemos pronunciarnos, desde nuestra perspectiva, acerca de temas como la violencia social, las vicisitudes de la función paterna en la sociedad actual y la desocupación, los efectos psíquicos de la desnutrición, la drogadicción y tantos otros. Este desafío es una deuda del psicoanálisis con la sociedad y su futuro depende, en gran medida, de que lo podamos asumir.
-¿Se puede pensar en el destino de nuestro país como en la prospectiva de un paciente?
-No es una comparación válida desde el punto de vista científico. Sin embargo, así como el pronóstico de un paciente depende de que el analista lo ayude a despertar la pulsión transformadora de su psiquismo, para despertar su potencial dormido la Argentina necesita una dirigencia política y empresarial que aliente una distribución más solidaria de todas sus riquezas y de un consenso que le permita crear políticas de Estado y que les dé a las nuevas generaciones un proyecto de vida que nosotros como generación no le hemos dado por culpa de estos ciclos de dictadura y democracia donde fuimos de la ilusión a la decepción. Así como en un proceso psicoanalítico se necesita tiempo, nosotros necesitamos mucha más democracia -de la buena, de la regular, de la mala- hasta que se instalen leyes, normas, encuadres, en donde nos podamos sentir cómodos y podamos transmitirles a nuestros hijos la libertad de pensar y de crear.
-¿Cuáles serían las razones de nuestra dificultad para vivir y convivir en sociedad?
-Me parece que tiene que ver con esas oscilaciones entre los grandes éxitos y la brutal caída en una situación casi de anomia. Todo eso ha hecho que cada uno sienta al otro más como un enemigo que como un amigo. Para reconocer al otro y para convivir hay que consensuar y ésa es una dificultad de los argentinos. Este es un déficit de nuestra cultura, producto de que nos falta más democracia, más procesos democráticos en el tiempo para acostumbrarnos a pensar que el otro no es siempre el culpable ni que yo tengo toda la razón. Aquí vuelvo al psicoanálisis, porque si hay algo que éste tiene muy presente es que el trabajo analítico es un consenso entre dos personas que trabajan al unísono por un objetivo: el de develar las estructuras inconscientes que a un individuo lo llevan a sufrir y a padecer.






