
Nuevos indicios contradicen la versión oficial
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NEUQUEN.- Nuevos indicios refuerzan la hipótesis de que el soldado Omar Carrasco no murió en el acto en el cuartel de Zapala a raíz de un golpe en el pecho, en marzo de 1994, sino que fue asistido en forma clandestina y errónea por médicos del hospital de la unidad, quienes, en este caso, serían los responsables de su muerte.
Los elementos surgieron en la causa de los encubrimientos del crimen que investiga el juez federal de Neuquén, Guillermo Labate.
El homicidio ya fue juzgado y resultaron condenados el subteniente Ignacio Canevaro y los ex soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar.
A los tres, que aseguraron no haber golpeado a Carrasco, el Ejército los presentó como culpables tras una investigación de dos tenientes coroneles, hoy procesados por encubrimiento.
Pero, y esto explicaría las nuevas trabas que afronta el juez, la posible asistencia clandestina desplaza la autoría del homicidio hacia las enfermeras y médicos militares del cuartel, que habrían atendido en secreto al conscripto y, mediante un diagnóstico equivocado, lo condujeron a una muerte dolorosa y evitable.
En esta línea, es forzoso que un oficial ordenara ese operativo descabellado que requirió, primero, secuestrar al soldado en vez de trasladarlo 15 cuadras, hasta el hospital de Zapala, donde se habría salvado.
Con la investigación de Labate en este rumbo tan delicado, resurgieron las trabas.
La Facultad de Medicina de la UBA se negó a realizar un informe académico ordenado por el juez sobre el estudio de su perito oficial, el médico legista Alberto Brailovsky, quien fundamentó en un extenso trabajo que Carrasco no murió el 6 de marzo de 1994, como sostiene la historia oficial, sino 48 o 60 horas después, e involucró al capitán médico Jorge Corvalán, al teniente primero neurólogo Daniel Temi, a un cardiólogo civil y a tres subtenientes enfermeras.
Mentira
"No tengo explicación", le dijo a Labate el sargento ayudante enfermero Rodolfo Anselmo Moyano semanas atrás, en Zapala, al quedar al descubierto que había mentido.
Moyano anotó en la ficha médica de Carrasco que el 8 de marzo de 1994 -dos días después de su muerte oficial- el soldado recibió la vacuna militar tabdite, que incluye la antitetánica.
Moyano aclaró que efectuó la anotación a instancias de sus superiores luego del 6 de abril de 1994, fecha en que apareció el cuerpo que los militares ocultaron en la unidad durante un mes.
Pero la primera copia de la ficha médica del soldado llegó al juzgado de Zapala el 24 de marzo de 1994 y ya tenía la inscripción de la vacuna de puño y letra de Moyano.
El enfermero aseguró que él vacunó a los soldados el 8 de marzo. Sin embargo, varios testimonios y documentos confirman que la vacunación masiva tuvo lugar el 12 de marzo.
La vacuna que habría recibido Carrasco salió de la farmacia del hospital del cuartel el 8 de marzo. Como dijo Brailovsky, a menos que en el cuartel vacunaran cadáveres, Carrasco la recibió en vida, porque lo asistían en un sitio sin asepsia médica y temían una infección.
El enfermero Moyano tenía las llaves de un sótano del hospital donde un año después se hallaron dos frascos de esa vacuna.
El tema de la vacuna también afecta a la jefa de la farmacia, la capitán bioquímica Adriana D´Andrea Coll, ascendida a mayor luego del caso Carrasco.
"La investigación del juez determinó que el número de vacunas salidas de la farmacia varía en los diferentes registros. A esta mujer habría que indagarla, no tomarle una testimonial", confió una fuente judicial.
Labate no puede indagarla sin la acusación de Luis María Viaut, fiscal federal de Zapala. Viaut ya se negó a acusar de encubrimiento al jefe de Inteligencia del Estado Mayor, general Jorge Pedro Miná.
Y también se opuso a que la Facultad de Medicina analizara el informe de Brailovsky, pese a que el propio Viaut solicitó el estudio del perito. Ocurre que su contenido difiere por completo de la historia oficial del crimen que Viaut defiende desde los comienzos, pues también actuó como fiscal en aquella causa.
La sentencia del homicidio ordenó investigar en el sumario del encubrimiento la posible atención médica o paramédica del soldado.
Desobediencia
Si el informe de Brailovsky estuviera equivocado, la Facultad de Medicina no habría perdido la oportunidad de refutarlo, pues Brailovsky cuestionó seriamente la reautopsia del cadáver de Carrasco sobre la que se basa la historia oficial.
La reautopsia estuvo a cargo de tres miembros del Cuerpo Médico Forense (CMF) de la Corte Suprema. Uno de ellos, Julio Ravioli, es profesor de Medicina Legal de la facultad, la cátedra que debería haber analizado el informe.
De todos modos, en una entrevista con La Nación , Ravioli había admitido que, a la luz de los nuevos elementos que analizó, Brailovsky podía estar en lo cierto.
La facultad adujo sobrecarga de trabajo. Es la tercera vez que desobedece una orden judicial para actuar en casos donde hay forenses del CMF imputados o cuestionados.
Luis Ferreira, el ex decano de la facultad y actual director de la Oficina Nacional de Etica Pública, aún conserva poder en la casa de estudios y mantiene excelentes lazos con Armando Maccagno, titular del CMF y presidente de la Academia Nacional de Medicina.
Los forenses de la reautopsia informaron que el grupo sanguíneo de Carrasco "se comporta como si perteneciera al grupo B".
Brailovsky también cuestionó este punto, inclinándose por el grupo cero positivo que consta en la ficha médica del cuartel.
La diferencia importa: la historia oficial asegura que los tres condenados escondieron el cadáver durante un mes en un baño abandonado de la unidad, donde aparecieron manchas de sangre del grupo B.
Para salir de dudas, el juez Labate ordenó secuestrar la historia clínica de Carrasco en el Hospital Municipal de Cutral-Có, su ciudad natal.
El hospital respondió que la historia clínica, que lleva el número 3254, "no ha sido hallada".




