Odebrecht: hubo por lo menos 64 receptores de pagos ilegales

Esa es la cifra conocida hasta hoy de intermediarios en el país
Esa es la cifra conocida hasta hoy de intermediarios en el país Fuente: Archivo
Hugo Alconada Mon
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27 de junio de 2019  

La División Sobornos de Odebrecht registra al menos 64 receptores o intermediarios en transacciones ilegales vinculadas a sus negocios en la Argentina, según surge del análisis de 13.000 documentos del área de Operaciones Estructuradas a los que accedió el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), que integran los diarios LA NACION y Perfil.

Esos 64 receptores o intermediarios figuran, sin embargo, con apodos -"codinomes"-, y sus verdaderas identidades son un misterio que solo un puñado de ejecutivos de Odebrecht pueden responder. Entre ellos, su exnúmero uno en la Argentina durante varios años, Flavio Bento e Faria, y algunos de los responsables de cada uno de los proyectos argentinos en los que circuló dinero ilícito.

La obsesión por ocultar las identidades llegó a tal punto que ni siquiera Flavio Faria -quien hoy integra el directorio de la constructora de Odebrecht en su casa matriz de Brasil- aparece por su nombre en las planillas más sensibles de la División Sobornos. Figura como "DS FF", las siglas que corresponden a "director superintendente Flavio Faria". Algunos apodos pueden vincularse a algunos argentinos, como reveló ayer LA NACION. Como Rolha -que en portugués significa "corcho", en alusión al lobista Jorge Rodríguez-, o "Cuca", por "cucaracha", que en portugués se escribe "barata", que podría asociarse a Roberto Baratta, el detenido exnúmero dos de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación.

En la misma senda, el apodo Brancos -"blancos", en portugués-aparece anotado en todas las transferencias que desde Odebrecht se enviaron a Armando Loson, dueño del Grupo Albanesi, palabra con la que acaso quisieron jugar quienes así apodaron al empresario argentino. Otros apodos son, en cambio, un enigma. Entre ellos, Adiantamientos -"aprestos", en portugués-, Bonito, Pato, Síndico, Seguros o Cisne, o incluso otros dos que aluden a artistas: De Niro, por el actor estadounidense, y Raúl Seixas, que remite a un cantante brasileño que murió en 1989.

Cuatro datos relevantes

De todos modos, las "delaciones" de algunos exejecutivos de Odebrecht ante la Justicia brasileña, combinadas con los 13.000 documentos analizados por los periodistas convocados por ICIJ, permiten reconstruir cuatro datos relevantes.

El primero, que no todos aquellos que recibieron dinero de la División Sobornos por los negocios de Odebrecht en un país eran nacionales de ese país. Así, algunos brasileños cobraron coimas por obras en la Argentina y al menos un argentino, a su vez, recibió fondos negros por un proyecto de infraestructura en Perú. Ese argentino es Daniel Díaz, un exejecutivo de Odebrecht que en 2013 se convirtió en consultor externo de la compañía y recibió millones de dólares a través de la firma Fortune Active LLC. ¿Su apodo? Novatos. Consultado para esta nota, Díaz afirmó desconocer por qué.

El segundo dato relevante es que un mismo receptor de dinero ilícito pudo recibir dos o más "apodos". ¿Por qué? Porque el flujo de información sobre las operaciones ilegales fue verticalista y redujo al mínimo la comunicación horizontal sobre delitos dentro de la compañía. Así, algunos ejecutivos pudieron interactuar con un coimero argentino, pero ignorar que otros ejecutivos de la compañía tenían otro acuerdo con ese mismo coimero, al que habían identificado con otro apodo.

El tercer dato que surge de los documentos de la División Sobornos es que los pagos por debajo de los US$50.000 se abonaron, en su mayoría, en efectivo. Por encima de esa suma se optó por transferencias desde un puñado de sociedades offshore que giraron fortunas a cuentas bancarias en paraísos fiscales en el Caribe, Suiza o Andorra.

El cuarto dato relevante es que no todo el dinero que pasó por el área de Operaciones Estructuradas se destinó al pago de sobornos, aunque en todos los casos sí fueron para fines ilícitos, según admitió la compañía Odebrecht ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos. También se destinó a financiar campañas, pagar bonos y sobresueldos de sus ejecutivos en negro -como el caso del argentino Díaz- y girarles fondos a socios y clientes fuera de sus países, para que sortearan los controles de divisas y evadieran impuestos, como ocurrió también con Loson.

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