Pese al regreso de la Presidenta, se acentúan los problemas del Gobierno

Esta semana volvió a la actividad, pero con un ritmo diferente al habitual; hay desconcierto entre los ministros por la nueva dinámica; admiten la preocupación por los problemas económicos
Mariana Verón
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12 de enero de 2014  

Los pocos que conocen sus pasos sostienen que hay que acostumbrarse a la nueva Cristina Kirchner . Sin el protagonismo público de los últimos años , la Presidenta decidió correrse de la escena política y dejará verse poco, sólo una vez por semana, para resguardar su imagen en momentos en los que lo que faltan son buenas noticias.

La dinámica oficial dio un giro completo. Los ministros se enteran de la agenda en el mismo día en el que son convocados por Cristina, aunque la mayoría reconoce que ya está en plenas funciones con llamadas telefónicas diarias. "Yo hablé con ella hoy tres a cuatro veces", respondió Julio De Vido el lunes pasado cuando LA NACION lo encontró en la Casa Rosada, en medio del hermetismo sobre la actividad presidencial.

Esta semana Cristina estuvo dos días en la Casa de Gobierno , el martes y el jueves, y el miércoles canceló el acto que tenía previsto encabezar por una cuestión estética. Tuvo una exacerbación cutánea de su rosácea crónica, por la que debieron medicarla. Sin poder maquillarse, los dos días que pasó por Balcarce 50 se la vio a cara lavada.

"Está preocupada por el rumbo de la economía." Esa es la unánime observación que hacen los hombres que hablan con ella y sostienen que cada decisión que fue tomando la Casa Rosada desde el alta médica lleva el sello y la firma de Cristina. Desde el cambio de Gabinete, pensado para unificar los criterios económicos a pesar de las últimas desinteligencias de esta semana, hasta el lanzamiento del acuerdo de precios, las fuentes consultadas coinciden en que son decisiones de la Presidenta. De hecho, un ministro contó que hay medidas retrasadas por el descanso presidencial de dos semanas en Santa Cruz. "Claro que fue la Presidenta la que ideó Precios Cuidados. La escuché muchas veces decir que eran los mismos consumidores los que tenían que hacer el control", recordaba un dirigente kirchnerista sobre sus charlas con la jefa del Estado.

Tres ejes mueven hoy las preocupaciones presidenciales. Cómo moderar el gasto público sin ajuste, la contención de la inflación y la disparada del dólar. Entre las grandes medidas que aspira a concretar la Casa Rosada este año, un ministro confió a LA NACION que el plan Procrear y la política de transporte ferroviario serán los dos objetivos prioritarios que impulsará para intentar retomar la iniciativa. Con las arcas ajustadas, ambos proyectos ya fueron lanzados y lo que se espera es que se concreten con la llegada de los trenes a partir de febrero, y el relanzamiento de mayores líneas de crédito para vivienda, que se hará a fin de mes.

No hay un solo funcionario que sostenga que la Presidenta mantenga aún algún tipo de problema en su salud y sólo repiten que lo que sucedió y motivó su aislamiento fue que se asustó. Hay una frase que suele usar la jefa del Estado ante sus allegados: "Néstor se murió por no cuidarse". Por eso quienes están a su lado en la función pública sostienen que decidió cumplir con las indicaciones médicas de evitar el estrés.

Aquel reposo de 45 días tras la operación del hematoma craneal fue tal que un funcionario recordaba que Cristina se enteró por un descuido de su chofer, que tenía la radio prendida, sobre el accidente que había sufrido el gobernador de San Juan, José Luis Gioja. Sus secretarios y custodios debían tener cualquier medio de comunicación fuera de su alcance. Pero en uno de los traslados desde la quinta de Olivos a la Fundación Favaloro, alguien olvidó una FM prendida y la Presidenta se enteró. Recién a partir de las elecciones del 27 de octubre retomó el control. Aquella noche, en el búnker oficialista ordenó que se convocara a los gobernadores que habían ganado para vestir de triunfo la derrota bonaerense, ya consciente del resultado que la esperaba.

Médicos, funcionarios y aquellos allegados que la ven a diario sostienen que la retirada presidencial es una decisión personal y no de salud, con la que busca instalar una nueva dinámica de comunicación, en la que ya no es ella quien todos los días instala la agenda oficial.

"Cristina reconoció que no se puede estar hablando todos los días, que tiene que resguardarse", explicó un colaborador presidencial sobre el nuevo esquema. Por eso optó por Jorge Capitanich para la Jefatura de Gabinete, a pesar de los constantes traspiés a los que quedó expuesto el ex gobernador de Chaco. Con pocas noticias alentadoras, y con un gobierno centralizado aun en la Presidenta, Capitanich carece de la información suficiente para dar respuestas a todo.

Esta semana, obligada por las internas, Cristina terminó terciando a favor del ministro de Economía, Axel Kicillof, que le ganó la pulseada a Ricardo Echegaray y se consolidó por primera vez en su cargo como la única voz oficial en materia económica. Dejó incluso al jefe de Gabinete en una situación por demás incómoda, sin poder opinar más sobre el proyecto oficial para modificar el pago del Impuesto a los Bienes Personales. Cerró la semana con otro desliz, como responsable de comunicar la importación de tomates por la que después se dio nuevamente una marcha atrás.

Tampoco el resto del gabinete conoce cada decisión que tomará la Presidenta. El propio Carlos Zannini, quien más cerca está de Cristina, llegó a pasar diez días sin verla ni hablar con ella, dato que confiaron dos ministros. Toda una curiosidad.

Del editor: cómo sigue.

Después de una semana agitada, con la economía presionando, el Gobierno necesita dar una señal de recomposición. El rol de Cristina es determinante

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